07 octubre, 2016

El principio inédito de En busca del tiempo perdido que cambia toda la obra

Según Gérard Genette, que lo cita en Nuevo discurso del relato, el original de este principio inédito de En busca del tiempo perdido pertenece a un coleccionista de Olivet (Loiret) que deseó permanecer anónimo.
      En un salón parisino, tres hombres conversaban delante de la chimenea. Uno de ellos dijo de pronto:
      —Querido Marcel, usted ha debido de tener una vida apasionante. ¿No querría contárnosla?
      —Con gusto —respondió Marcel—, pero les aconsejo que se sienten, porque es posible que lleve tiempo.
      Mientras sus oyentes se instalaban en cómodos sillones, Marcel se aclaró la voz y prosiguió:
      —Durante mucho tiempo, me acostaba muy temprano. A veces, nada más apagar la vela...
      Esta introducción, que Genette califica de «mediocre pastiche de Maupassant», no es que cambie el sentido de la obra —mi título ha sido un poco tramposo—; pero convierte los siete volúmenes de la novela que conocemos en un enorme relato secundario dentro de este marco primario.
      Si no es un pasaje apócrifo. Genette es a veces un autor informal y chistoso; pero, ¿podría ser bromista? La verdad es que nunca lo he visto ir tan lejos.

Etiquetas:

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


0 comentario/s (feed de esta discusión):

Publicar un comentario

<< Portada

~~~~~~~~~~~~~oOo~~~~~~~~~~~~~

02 septiembre, 2016

Un monólogo interior de Galdós

Este es el principio de La desheredada de Benito Pérez Galdós, famoso por ser todo un monólogo interior:
... ¿Se han reunido todos los ministros?... ¿Puede empezar el Consejo?... ¡El coche, el coche, o no llegaré a tiempo al Senado!... Esta vida es intolerable... ¡Y el país, ese bendito monstruo con cabeza de barbarie y cola de ingratitud, no sabe apreciar nuestra abnegación, paga nuestros sacrificios con injurias, y se regocija de vernos humillados! Pero ya te arreglaré yo, país de las monas. ¿Cómo te llamas? Te llamas Envidiópolis, la ciudad sin alturas; y como eres puro suelo, simpatizas con todo lo que cae... ¿Cuánto va? Diez millones, veinticuatro millones, ciento sesenta y siete millones, doscientas treinta y tres mil cuatrocientas doce pesetas con setenta y cinco céntimos...; esa es la cantidad. Ya no te me olvidarás, pícara; ya te pillé, ya no te me escapas, ¡oh cantidad temblorosa, escurridiza, inaprehensible, como una gota de mercurio! Aquí te tengo dentro del puño, y para que no vuelvas a marcharte, jugando, al caos del olvido, te pongo en esta gaveta de mi cerebro, donde dice: Subvención personal... Permítame Su Señoría que me admire de la despreocupación con que Su Señoría y los amigos de Su Señoría confiesan haber infringido la Constitución... No me importan los murmullos. Mandaré despejar las tribunas... ¡A votar, a votar! ¿Votos a mí? ¿Queréis saber con qué poderes gobierno? Ahí los tenéis: se cargan por la culata. He aquí mis votos: me los ha fabricado Krupp... Pero ¿qué ruido es este?¿Quién corretea en mi cerebro? ¡Eh!, ¿quién anda arriba?... Ya, ya; es la gota de mercurio, que se ha salido de su gaveta...
      De este fragmento dijo Clarín en su crítica de la novela que plasmaba el «subterráneo hablar de la conciencia». La desheredada es de 1881; son seis años antes de que Dujardin publicase la primera novela escrita en flujo de conciencia o monólogo interior; pero la idea ya flotaba en el aire. Si tenemos en cuenta lo que diferencia al nuevo estilo del soliloquio o monólogo citado clásico (frases cortas, ideas espontáneas, discurso poco organizado), el fragmento puede considerarse perfectamente un monólogo interior.
      Creo que se ha sido injusto con Galdós, del que se llegó a decir que su obra «olía a cocido». El mismo Valle-Inclán lo nombra en Luces de bohemia con el famoso y cruel apodo de «Don Benito el garbancero». A Baroja también le he leído cosas poco generosas sobre él. Supongo que de aquellos polvos viene que, todavía hoy, haya quien lo considere un autor pedestre.
      Sin embargo, fue un escritor que prestó atención a un ambiente literario que ya presagiaba la búsqueda del siglo XX de una novela más objetiva que minimizase el narrador. Galdós evolucionó desde su narrador omnisciente realista y supo pasar al estilo indirecto libre, al modo dramático (dialogado) y hasta nos dejó experimentos como el que motiva esta entrada. No hay muchos artistas con esta flexibilidad. Ni siquiera muchos escritores actuales dominan los estilos en los que escribió Galdós (demasiados, ni saben que existen).
      Y para terminar, como juego y experimento, eliminemos la puntuación (y solo eso) de nuestro monólogo de Galdós, a imitación del famoso monólogo interior de Molly Bloom en el Ulises de Joyce. Ahora sí que sí.
Se han reunido todos los ministros puede empezar el consejo el coche el coche o no llegaré a tiempo al Senado esta vida es intolerable y el país ese bendito monstruo con cabeza de barbarie y cola de ingratitud no sabe apreciar nuestra abnegación paga nuestros sacrificios con injurias y se regocija de vernos humillados pero ya te arreglaré yo país de las monas cómo te llamas te llamas Envidiópolis la ciudad sin alturas y como eres puro suelo simpatizas con todo lo que cae cuánto va diez millones veinticuatro millones ciento sesenta y siete millones doscientas treinta y tres mil cuatrocientas doce pesetas con setenta y cinco céntimos esa es la cantidad ya no te me olvidarás pícara ya te pillé ya no te me escapas oh cantidad temblorosa escurridiza inaprehensible como una gota de mercurio aquí te tengo dentro del puño y para que no vuelvas a marcharte jugando al caos del olvido te pongo en esta gaveta de mi cerebro donde dice Subvención personal permítame Su Señoría que me admire de la despreocupación con que Su Señoría y los amigos de Su Señoría confiesan haber infringido la Constitución no me importan los murmullos mandaré despejar las tribunas a votar a votar votos a mí queréis saber con qué poderes gobierno ahí los tenéis se cargan por la culata he aquí mis votos me los ha fabricado Krupp pero qué ruido es este quién corretea en mi cerebro eh quién anda arriba ya ya es la gota de mercurio que se ha salido de su gaveta.

Etiquetas:

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


0 comentario/s (feed de esta discusión):

Publicar un comentario

<< Portada

~~~~~~~~~~~~~oOo~~~~~~~~~~~~~

20 agosto, 2016

Español correcto: estilo directo y estilo indirecto libre

Resucito la sección del blog delitos del lenguaje para publicar uno que lleva años perturbando a mi lado obsesivo-compulsivo.

      Se trata de una cita inexacta de La Regenta que se usa en los manuales de la Real Academia Española Ortografía de la lengua española y Diccionario Panhispánico de dudas. La citan, como ejemplo del uso de comillas, así:
*«¡Hasta en latín sabía maldecir el pillastre!», pensó el padre.
      Sin embargo, el texto de La Regenta es:
«¡Hasta en latín sabe maldecir el pillastre!», pensó el padre.
      ¿Por qué me he dado cuenta de este cambio mínimo? Por supuesto, no voy comprobando todas las citas de lo que leo ni me sé La Regenta de memoria (en el reparto para evitar un futuro a lo Fahrenheit 451 a mí me tocó aprenderme 100 cosas que no sabías sobre tu gato). Esto es una de tantas cosas en que se fija —o debería— un corrector de estilo.

      Lo que noté es que la cita es una mezcla extraña de estilo directo y estilo indirecto libre, probablemente porque, al copiarla, alguien hizo sin querer esta corrupción hacia el segundo, ya que La Regenta suele considerarse el paradigma de esta modalidad del discurso en español.

      Lo gracioso es que, tal como escriben la cita en la Real Academia, no debería llevar comillas. En realidad, el imperfecto «sabía» y el verba dicendi (formas de verbo como «pensó», «dijo», «contestó») deberían excluirse por pertenecer a estos dos diferentes estilos. Eso es lo raro que noté en la cita y por eso la comprobé pensando, en un principio, que podía ser un desliz curioso de Clarín. Tuve la suerte de estudiar, en Santiago, Narratología, la disciplina que trata este tipo de cosas (el profesor era Darío Villanueva, por cierto). Si te apasiona, nunca vuelves a leer igual.

      Creo que la diferencia entre los estilos será más fácil de entender con un ejemplo. Es un asunto que merece un artículo aparte (en ello estoy, ¡aunque no os va a gustar!); pero enseñaré al menos cómo podrían ser ambos fragmentos de la novela en estas dos modalidades del discurso.

      Primero, la original, en estilo directo, en el que se citan las palabras o pensamientos de los personajes de manera textual.
«¡Hasta en latín sabe maldecir el pillastre!», pensó el padre, más satisfecho cada vez de los sacrificios que le costaba aquel enemigo.
      Y aquí tienes una versión que me he atrevido a inventarme en estilo indirecto libre (exagerando para hacerlo más evidente). Fíjate en la ausencia de verba dicendi y comillas y en que no se cita directa o indirectamente lo que piensa el personaje, sino que este habla a través de un narrador en tercera persona impregnado de su punto de vista y discurso.
¡Hasta en latín sabía maldecir el pillastre! ¡Menos mal! Parecía que por fin iba aprovechando los estudios. ¡Y más le valía! Con los sacrificios que le costaba… Este hijo suyo era como tener el enemigo en casa.
      Informé a la Real Academia Española, a través de Twitter, de esta inofensiva errata; pero temo que la corrección se pierda al haberla transmitido por un medio tan informal. Por el momento, me han dado las gracias (¡de nada!) y me contestan que toman nota. La verdad es que me gustaría verla incorporada en siguientes ediciones, mi trastorno obsesivo-compulsivo mejoraría… un poco.

      A todo esto, no te preocupes demasiado por este asunto si no escribes textos literarios, esta es una corrección de estilo que solo se aplica a ellos. Bueno, y a los que incluyan citas.

Etiquetas: ,

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


5 comentario/s (feed de esta discusión):
Blogger robotkarel escribió:

Soy solo un diletante pero me encantaría que ampliaras esta discusión sobre el estilo directo e indirecto al uso que le da Saramago en todas sus novelas, mezclando su narración con la voz de los personajes, o por ejemplo García Márquez en El Otoño del Patriarca.

8/27/2016 05:55:00 a. m.  
Blogger Gerardo escribió:

¡Diletantes somos todos! Vaya petición más específica la tuya... ¡Pero vale!, echaré un vistazo a estos textos que me dices y a ver si puedo comentar algo. Tendrás que estar pendiente de los comentarios, no sé cuánto voy a tardar (estoy de exámenes). Un saludo.

8/27/2016 04:11:00 p. m.  
Blogger Gerardo escribió:

¡Y gracias por comentar! ¡Pero si me hace ilusión y todo después de tanto tiempo con el blog parado!

8/27/2016 04:35:00 p. m.  
Blogger Gerardo escribió:

Hola de nuevo. Pues vamos a intentar responderte. Con el libro de Márquez no creo que pueda responderte. No lo he leído y no se debería hacer un análisis superficial, menos aún en lo que parece un libro complejo. Por encima, he visto que tiene varios narradores, todos en primera persona.

En cuanto a Saramago sí puedo decir algo, ya que, al menos lo que he leído ha sido parecido en el aspecto narrativo. Al repasar algunos libros (Ensayo sobre la ceguera y El hombre duplicado) he visto lo que me parecía recordar: lo que caracteriza a Saramago es una puntuación no tradicional, que se nota especialmente en los diálogos, que no se señalan con rayas o comillas ni se puntúan siquiera con signos de exclamación o interrogación; la única marca que suele señalar una frase dialogada es una mayúscula inicial que no va tras un punto.
Su puntuación parece un préstamo a de cómo usan el monólogo interior interior algunos autores, pero, aparte de la disposición tipográfica, aunque la ausencia de puntuación cree esa impresión de «forma de escribir rara», no veo nada fuera de lo común en su forma de narrar, no es estilo indirecto libre ni flujo de conciencia (monólogo interior).
Narrativamente, no usa una técnica diferente de la omnisciencia autorial de Galdós o Tolstói, por ejemplo. La omnisciencia autorial es el narrador más tradicional: es básicamente un narrador externo a la historia, en tercera persona, que, como una especie de dios, tiene acceso a todo tipo de informaciones y detalles, como las mentes de sus personajes, sus sueños y motivaciones, etc. y con una voz propia que interviene a veces para dejar sus opiniones, observaciones sobre la historia, digresiones… y que hasta interpela al lector. Todas las novelas que he leído de Saramago (he leído pocas), si recuerdo bien, creo que tienen un narrador como este. Supongo que habrá hecho cosas diferentes.

9/09/2016 07:53:00 p. m.  
Blogger Gerardo escribió:

Un experimento con este fragmento de Ensayo sobre la ceguera:
Un coche se paró en la calle, Al fin, pensó, pero, de inmediato, le pareció raro el ruido del motor, Eso es diésel, es un taxi, dijo, y apretó una vez más el botón de la luz. La mujer acababa de entrar, nerviosa, Tu santo protector, esa alma de Dios, se ha llevado el coche, No puede ser, seguro que no miraste bien, Claro que miré bien, yo no estoy ciega, las últimas palabras le salieron sin querer, Me habías dicho que el coche estaba en la calle de al lado, corrigió, y no está, o quizá lo dejó en otra calle, No, no, fue en ésa, estoy seguro, Pues entonces, ha desaparecido, O sea que las llaves, Aprovechó tu desorientación, la aflicción en que estabas, y nos lo robó, Y yo que no lo dejé que entrara en casa, por miedo, si se hubiera quedado haciéndome compañía hasta que llegases tú, no nos habría robado el coche, Vamos, está esperando el taxi, te juro que daría un año de vida por ver ciego también a ese miserable, No grites tanto, Y que le robaran todo lo que tenga, A lo mejor aparece, Seguro, mañana llama a la puerta y nos dice que fue una distracción, nos pedirá disculpas, y preguntará si te encuentras mejor.

Vemos que se puede transcribir sin ningún conflicto de una manera tradicional:

Un coche se paró en la calle. «Al fin», pensó, pero, de inmediato, le pareció raro el ruido del motor. «Eso es diésel, es un taxi», dijo, y apretó una vez más el botón de la luz. La mujer acababa de entrar, nerviosa.
—Tu santo protector, esa alma de Dios, se ha llevado el coche.
—No puede ser, seguro que no miraste bien.
—Claro que miré bien, yo no estoy ciega —las últimas palabras le salieron sin querer.
—Me habías dicho que el coche estaba en la calle de al lado —corrigió— y no está, o quizá lo dejó en otra calle.
—No, no, fue en ésa, estoy seguro.
—Pues entonces, ha desaparecido.
—O sea que las llaves…
—Aprovechó tu desorientación, la aflicción en que estabas, y nos lo robó.
—Y yo que no lo dejé que entrara en casa, por miedo, si se hubiera quedado haciéndome compañía hasta que llegases tú, no nos habría robado el coche.
—Vamos, está esperando el taxi, ¡te juro que daría un año de vida por ver ciego también a ese miserable!
—No grites tanto.
—¡Y que le robaran todo lo que tenga!
—A lo mejor aparece.
—¡Seguro!, mañana llama a la puerta y nos dice que fue una distracción, nos pedirá disculpas, y preguntará si te encuentras mejor.


Y en este otro fragmento vemos esa voz autorial que decía, el narrador hablando por sí mismo:

Los escépticos sobre la naturaleza humana, que son muchos y obstinados, vienen sosteniendo que, si bien es cierto que la ocasión no siempre hace al ladrón, también es cierto que ayuda mucho. En cuanto a nosotros, nos permitiremos pensar que si el ciego hubiera aceptado el segundo ofrecimiento del, en definitiva, falso samaritano, en aquel último instante en que la bondad podría haber prevalecido aún, nos referimos al ofrecimiento de quedarse haciéndole compañía hasta que llegase la mujer, quién sabe si el efecto de la responsabilidad moral resultante de la confianza así otorgada no habría inhibido la tentación delictiva y hubiera facilitado que aflorase lo que de luminoso y noble podrá siempre encontrarse hasta en las almas endurecidas por la maldad. Concluyendo de manera plebeya, como no se cansa de enseñarnos el proverbio antiguo, el ciego, creyendo que se santiguaba, se rompió la nariz.

9/09/2016 07:54:00 p. m.  

Publicar un comentario

<< Portada

~~~~~~~~~~~~~oOo~~~~~~~~~~~~~

30 julio, 2016

La triste clandestinidad de la crítica literaria

Hoy en día no existe crítica literaria en los grandes medios. Se publican suplementos culturales, sí claro, pero lo mismo que se podría introducir entre las páginas propaganda de Mediamarkt o de El Corte Inglés. Los suplementos culturales de los grandes periódicos son encartes publicitarios donde cada periódico, que suele tener una editorial detrás, anuncia sus novedades, todas las cuales, huelga decir, son “imprescindibles” y “obras maestras”. Y los críticos literarios más prestigiosos, que colaboran en esos medios, en lugar de denunciar la baja calidad de algunos títulos y algunos autores, se ven obligados, en aras de los intereses comerciales de la editorial, a mirar para otra parte, subrayar que todo es una “obra maestra”, “imprescindible”, y poner los puntitos o las estrellitas que les digan.
[…]
Sin una crítica independiente, nunca se llegará a una cultura sana. Porque lo malo no es que los grandes medios ejerzan estos enjuague, que a lo mejor, fíjate lo que te digo, está en su naturaleza; lo malo es que los medios pequeños han empezado a copiarles, lo malo es que los críticos que reseñan un libro famoso y lo encuentran malo, se callan o lo disimular para no molestar al poderoso, no vaya a ser… Y encima, para más inri, y por demostrar que en el fondo son críticos de fuste, van y descargan todos los adjetivos descalificativos que se han coartado de poner en la obra del poderoso, van, como digo, y los descargan a tropel sobre la primera novelilla de un pobre hombre que pasaba por allí. Hay mucha cobardía. Críticos que han sido expulsados del periódico por no alabar como convenía un producto “de la casa”. Y a raíz de esto, todo se corrompe: los escritores instalados se endiosan, los escritores por venir se acomodan, los críticos que empiezan se vuelven insulsos y anecdóticos, por imitación de sus mayores…
[…]
[Los premios literarios] se usan no como un premio honrado y meditado, dado a una obra de calidad, sino como forma de contrato. Una editorial le roba un autor a otra y la forma de formalizar ese contrato es darle “el premio de la casa”. Súmale a esto todo el tropel de jurados figurantes que conocen estos enjuagues pero callan con la esperanza de que un día les caiga a ellos el premio, en recompensa a los servicios o a los silencios prestados. Realmente, de echarse a llorar. Y para colmo, en algunos casos, como en el Planeta, se nos vende como uno de los actos principales de la cultura española, y allá que van nuestros reyes y varios ministros a lustrar con su presencia un mondo y lirondo acto de marquetingue. Espeluznante. Yo lo siento por esos pobres que se gastan un dineral en fotocopias para enviar su obra a un premio que ya está dado desde hace años.
De una entrevista a Clandestino Menéndez, crítico de La fiera literaria. Fuente: LcL

Etiquetas: ,

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


0 comentario/s (feed de esta discusión):

Publicar un comentario

<< Portada

~~~~~~~~~~~~~oOo~~~~~~~~~~~~~

17 julio, 2016

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme...

Se ha especulado mucho sobre estas primeras palabras del Quijote. Se suele pensar que Cervantes quiso ocultar el pueblo donde nació su personaje. Hay incluso teorías muy elaboradas sobre esta suposición, como aquella que reinó durante el siglo XIX que postulaba que Cervantes, con ironía, se negaba a mencionar Argamasilla de Alba, el pueblo donde cumplió pena de cárcel. Sin embargo, muchos de estos análisis no tienen mucho sentido si se conocen el ambiente literario y la lengua de la época.

     En este caso, el verbo «querer» se interpreta equivocadamente con su significado actual, ya que en el siglo XVII podía tener un valor auxiliar. La frase significa en realidad «de cuyo nombre no llego a acordarme». De hecho, si seguimos leyendo ese mismo párrafo podemos encontrar un uso idéntico cuando se nos dan los nombres del hidalgo:
Quieren decir [o sea: «dicen»] que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada.
     Cuando nos ceñimos al texto y los datos, la conclusión es que la primera frase del Quijote es sencillamente un principio de cuento, una fórmula del relato oral con la que el narrador dice no recordar con exactitud el lugar donde comienza su historia. Cervantes utilizaba un tópico del género que permite situar la acción en el tiempo y el espacio de una manera sencilla. Podemos leer comienzos parecidos en El celoso extremeño:
No ha muchos años que de un lugar de Extremadura salió un hidalgo...
     Y en el episodio del capitán cautivo, intercalado en la primera parte del Quijote:
En un lugar de las montañas de León tuvo principio mi linaje...
     Don Juan Manuel, casi tres siglos antes, nos dejó una muestra muy parecida en el «Exemplo LI» de El conde Lucanor:
Señor conde –dixo Petronio–, en una tierra de que me non acuerdo el nombre, avía un rey...
      La fórmula dista mucho de estar muerta en la actualidad, a todos se nos viene a la memoria a la hora de comenzar un cuento:
Érase una vez en un reino muy lejano...
     Y hay una historia de total actualidad, heredera de la tradición del romance de los libros de caballerías que criticó Cervantes –y todavía con muchas de esas características contra las que escribió su parodia–, cuyas palabras iniciales, que todos reconocemos, dejan bien claro el género al que pertenece:

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana...

     Sobre el Quijote surgen de vez en cuando, normalmente ajenas a la filología y publicadas directamente en la prensa, investigaciones sin mucho sentido que suelen tener como error interpretar la obra con criterios actuales. Un ejemplo, debido a leerlo con expectativas realistas, es el intento de deducir el pueblo del hidalgo y el itinerario de sus aventuras, lo que es asumir que Cervantes tenía un mapa mental y que pretendió alcanzar este nivel de verosimilitud en una época en la que lo más realista que había, y muy reciente, eran la novela picaresca o La Celestina.

     Otro caso sería aquel análisis psiquiátrico que atribuye la locura de Alonso Quijano a enfermedades modernas como los trastornos del sueño. Esto es pasar por alto los tratados médicos de la época basados en la teoría de los humores, para los que nuestro hidalgo manchego sería un ejemplo de carácter colérico y de humor caliente y seco (un tipo que es enjuto de cuerpo, imaginativo e inteligente, colérico y melancólico y propenso a las manías). Cuando leemos «del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro, de manera que vino a perder el juicio», lo más lógico es pensar que Cervantes imagina que un humor se secó transformando al hidalgo en un «loco de melancolía» como describen los tratados, no que esté detallando síntomas auténticos hasta el punto de que podamos diagnosticarlos según los conocimientos médicos actuales.

     Por supuesto, estas divagaciones son interesantes, nunca se sabe dónde puede surgir un punto de vista nuevo; pero muchas de estas investigaciones no llegarían ni a empezar si los interesados se molestasen antes en consultar fuentes filológicas. De casi todos estos errores nos arranca cualquier buena edición anotada, accesible para cualquiera.

    Y aprovecho para señalar otra conexión entre la saga de Star Wars y Cervantes (no sé si a través de antepasados relacionados o influencia u homenaje directos): ¿a quién recuerdan, tanto en personalidad como en aspecto, los personajes cómicos de los robots R2D2 y C3PO? Dejaré para otro día hablar un poco sobre esto...

Etiquetas: , ,

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


0 comentario/s (feed de esta discusión):

Publicar un comentario

<< Portada

~~~~~~~~~~~~~oOo~~~~~~~~~~~~~

09 febrero, 2015

Esas partes de mi antiguo yo condenadas a muerte

Y ese miedo a un porvenir en que ya no nos sea dado ver y hablar a los seres queridos, cuyo trato constituye hoy nuestra más íntima alegría, aún se aumenta en vez de disiparse, cuando pensamos que al dolor de tal privación vendrá a añadirse otra cosa que actualmente nos parece más terrible todavía: y es que no la sentiremos como tal dolor, que nos dejará indiferentes; porque entonces nuestro yo habrá cambiado y echaremos de menos en nuestro contorno no sólo el encanto de nuestros padres, de nuestra amada, de nuestros amigos, sino también el afecto que les teníamos; y ese afecto, que hoy en día constituye parte importantísima de nuestro corazón, se desarraigará tan perfectamente que podremos recrearnos con una vida que ahora sólo al imaginarla nos horroriza; será, pues, una verdadera muerte de nosotros mismos, muerte tras la que vendrá una resurrección, pero ya de un ser diferente y que no puede inspirar cariño a esas partes de mi antiguo yo condenadas a muerte.

Marcel Proust, A la sombra de las muchachas en flor (traducción de Soledad y Jaime Salinas).
Y el temor a un futuro en el que se nos privará de ver a quienes amamos y con ellos conversar, cosa a la que debemos en el presente nuestro gozo más caro, en lugar de disiparse, aumenta, si pensamos que al dolor de semejante privación se sumará lo que actualmente nos parece más cruel aún: no sentirlo como un dolor, permanecer indiferente a él, pues entonces nuestro yo habría cambiado: ya no sería sólo el encanto de nuestros padres, nuestra amante, nuestros amigos, el que habría dejado de rodearnos; nuestro afecto por ellos habría resultado tan perfectamente arrancado de nuestro corazón, del que hoy es una parte notable, que podríamos sentir complacencia en esa vida separada de ellos, que sólo de pensarla nos horroriza en el presente; sería, pues, una verdadera muerte de nosotros mismos, seguida -cierto es- de resurrección, pero en un yo diferente y hasta cuyo amor no pueden elevarse las partes del antiguo yo condenadas a morir.

Marcel Proust, A la sombra de las muchachas en flor (traducción de Carlos Manzano).
No sé cuál es más fiel; pero, cada vez que comparo párrafos, me quedo con la traducción de los Salinas.

Etiquetas:

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


0 comentario/s (feed de esta discusión):

Publicar un comentario

<< Portada

~~~~~~~~~~~~~oOo~~~~~~~~~~~~~

31 enero, 2015

Don Víctor Quintanar, un friqui en «La Regenta»

En una conversación en Twitter surgió el tema de quién sería el primer personaje friqui en la literatura. Hubo varios candidatos: don Quijote, el capitán Nemo, Sherlock Holmes... Varios tienen facetas friquis. Yo propuse a don Víctor Quintanar, el ex-regente, marido de Anita en «La Regenta», porque recordé que, cuando leí el libro, reconocí en el entrañable personaje a un friqui perfecto. Recuerdo haber pensado en aquel momento en que siempre ha debido de haber friquis adaptados a su tiempo y que ahora solo los hemos definido.

Prometí que recopilaría algunos fragmentos en los que apoyar esta observación sobre el personaje. Aquí los aporto. Están sacados de una versión digital según algunas claves de búsqueda, es un trabajo muy superficial y ni siquiera los he dejado en orden. Creo que son suficiente, aunque al leer el libro, la dimensión psicológica de Víctor Quintanar, especialmente en su relación cotidiana con los demás, es todavía mucho más friqui de lo que se puede atisbar en estos textos.

* * *

Afición desmedida por el teatro de capa y espada. Incluso llega a entrenarse en las habilidades de los personajes de este tipo de comedias. El hombre casi no habla de otra cosa, es literalmente un rasgo de su personalidad y hasta decisivo en la historia:
Siempre había sido muy aficionado a representar comedias, y le deleitaba especialmente el teatro del siglo diecisiete. Deliraba por las costumbres de aquel tiempo en que se sabía lo que era honor y mantenerlo. Según él, nadie como Calderón entendía en achaques del puntillo de honor, ni daba nadie las estocadas que lavan reputaciones tan a tiempo, ni en el discreteo de lo que era amor y no lo era, le llegaba autor alguno a la suela de los zapatos. En lo de tomar justa y sabrosa venganza los maridos ultrajados, el divino don Pedro había discurrido como nadie y sin quitar a «El castigo sin venganza» y otros portentos de Lope el mérito que tenían, don Víctor nada encontraba como «El médico de su honra».
[…] Y lo pensaba como lo decía. Todas las noches antes de dormir se daba un atracón de honra a la antigua, como él decía; honra habladora, así con la espada como con la discreta lengua. Quintanar manejaba el florete, la espada española, la daga. Esta afición le había venido de su pasión por el teatro. Cuando trabajaba como aficionado, había comprendido en los numerosos duelos que tuvo en escena la necesidad de la esgrima, y con tal calor lo tomó, y tal disposición natural tenía, que llegó a ser poco menos que un maestro. Por supuesto, no entraba en sus planes matar a nadie; era un espadachín lírico. Pero su mayor habilidad estaba en el manejo de la pistola; encendía un fósforo con una bala a veinticinco pasos, mataba un mosquito a treinta y se lucía con otros ejercicios por el estilo. Pero no era jactancioso. Estimaba en poco su destreza; casi nadie sabía de ella. Lo principal era tener aquella sublime idea del honor, tan propia para redondillas y hasta sonetos. Él era pacífico; nunca había pegado a nadie. Las muertes que había firmado como juez, le habían causado siempre inapetencias, dolores de cabeza, a pesar de que se creía irresponsable.
Los demás, incluso sus sirvientes, y eso que es importante en la ciudad, no lo toman muy en serio, debido a su personalidad que raya lo excéntrico:
Quintanar había llegado a viejo sin saber «cuál era su destino en la tierra», como él decía, usando el lenguaje del tiempo romántico, del que le quedaban algunos resabios. Era el espíritu del ex-regente, de blanda cera; fácilmente tomaba todas las formas y fácilmente las cambiaba por otras nuevas. Creíase hombre de energía, porque a veces usaba en casa un lenguaje imperativo, de bando municipal; pero no era, en rigor, más que una pasta para que otros hiciesen de él lo que quisieran. Así se explicaba que, siendo valiente, jamás hubiese tenido ocasión de mostrar su valor luchando contra una voluntad contraria. Él sostenía que en su casa no se hacía más que lo que él quería, y no echaba de ver que siempre acababa por querer lo que determinaban los demás. Si Ana Ozores hubiera tenido un carácter dominante, don Víctor se hubiese visto en la triste condición de esclavo: por fortuna, la Regenta dejaba al buen esposo entregado a las veleidades de sus caprichos y se contentaba con negarle toda influencia sobre los propios gustos y aficiones. Aquel programa de diversiones, alegría, actividad bulliciosa, que había publicado a son de trompeta Quintanar, se cumplía sólo en las partes y por el tiempo que a su esposa le parecían bien; si ella prefería quedar en casa, volver a sus ensueños, don Víctor que había prometido y hasta jurado no ceder, poco a poco cedía; procuraba que la retirada fuese honrosa, fingía transigir y creía a salvo su honor de hombre enérgico y amo de su casa, permitiéndose la audacia de gruñir un poco, entre dientes, cuando ya nadie le oía. Los criados le imponían su voluntad, sin que él lo sospechara. Hasta en el comedor se le había derrotado. Amante, como buen aragonés, de los platos fuertes, del vino espeso, de la clásica abundancia, había ido cediendo poco a poco, sin conocerlo, y comía ya mucho menos, y pasaba por los manjares más fantásticos que suculentos, que agradaban a su mujer. No era que Anita se los impusiese, sino que las cocineras preferían agradar al ama, porque allí veían una voluntad seria, y en el señor sólo encontraban un predicador que les aburría con sermones que no entendían. Hasta en el estilo se notaba que Quintanar carecía de carácter. Hablaba como el periódico o el libro que acababa de leer, y algunos giros, inflexiones de voz y otras cualidades de su oratoria, que parecían señales de una manera original, no eran más que vestigios de aficiones y ocupaciones pasadas. Así hablaba a veces como una sentencia del Tribunal Supremo, usaba en la conversación familiar el tecnicismo jurídico, y esto era lo único que en él quedaba del antiguo magistrado. No poco había contribuido en Quintanar a privarle de originalidad y resolución, el contraste de su oficio y de sus aficiones. Si para algo había nacido, era, sin duda, para cómico de la legua, o mejor, para aficionado de teatro casero. Si la sociedad estuviera constituida de modo que fuese una carrera suficiente para ganarse la vida, la de cómico aficionado, Quintanar lo hubiera sido hasta la muerte y hubiera llegado a trabajar, frase suya, tan bien como cualquiera de esos otros primeros galanes que recorren las capitales de provincia, a guisa de buhoneros.
Pero don Víctor comprendió que el cómico en España no vive de su honrado trabajo si no se entrega a la vergüenza de servir al público el arte en las compañías de comediantes de oficio; comprendió además que él necesitaba con el tiempo crear una familia, y entró en la carrera judicial a regañadientes. Quiso la suerte, y quisieron las buenas relaciones de los suyos, que Quintanar fuera ascendiendo con rapidez, y se vio magistrado y se vio regente de la Audiencia de Granada, a una edad en que todavía se sentía capaz de representar el Alcalde de Zalamea con toda la energía que el papel exige. Pero la espina la llevaba en el corazón; reconocía que el cargo de magistrado es delicadísimo, grande su responsabilidad, pero él... «era ante todo un artista». ¡Aborrecía los pleitos, amaba las tablas y no podía pisarlas dignamente! Este era el torcedor de su espíritu. Si le hubiese sido lícito representar comedias, quizás no hubiera hecho otra cosa en la vida, pero como le estaba prohibido por el decoro y otra porción de serias consideraciones, procuraba buscar otros caminos a la comezón de ser algo más que una rueda del poder judicial, complicada máquina; y era cazador, botánico, inventor, ebanista, filósofo, todo lo que querían hacer de él su amigo Frígilis y los vientos del azar y del capricho.
Afición a los inventos mecánicos, colecciones y experimentos científicos. Todo de manera un poco excesiva para ser normal, eso es lo importante. Falta de interés en el arreglo personal que provoca un aspecto peculiar:
Don Víctor no paraba en casa. Si no estaba de caza, entraba y salía, pero sin detenerse; apenas se detenía en su despacho. Le había tomado cierto miedo. Varias máquinas de las que estaban inventando o perfeccionando se le habían sublevado, erizándose de inesperadas dificultades de mecánica racional. Allí estaban cubiertos de glorioso polvo sobre la mesa del despacho diabólicos artefactos de acero y madera, esperando en posturas interinas a que don Víctor emprendiese el estudio serio de las matemáticas, de todas las matemáticas, que tenía aplazado por culpa de la compañía dramática de Perales. En tanto Quintanar, un poco avergonzado en presencia de aquellos juguetes irónicos que se le reían en las barbas, esquivaba su despacho siempre que podía; y ni cartas escribía allí. Además; las colecciones botánicas, mineralógicas y entomológicas yacían en un desorden caótico, y la pereza de emprender la tarea penosa de volver a clasificar tantas yerbas y mosquitos también le alejaba de su casa. Iba al Casino a disputar y a jugar al ajedrez; hacía muchas visitas y buscaba modo de no aburrirse metido en casa. «Mejor», pensaba Ana sin querer. Su don Víctor, a quien en principio ella estimaba, respetaba y hasta quería todo lo que era menester, a su juicio, le iba pareciendo más insustancial cada día: y cada vez que se le ponía delante echaba a rodar los proyectos de vida piadosa que Ana poco a poco iba acumulando en su cerebro, dispuesta a ser, en cuanto mejorase el tiempo, una beata en el sentido en que el Magistral lo había solicitado. Mientras pensaba en el marido abstracto todo iba bien; sabía ella que su deber era amarle, cuidarle, obedecerle; pero se presentaba el señor Quintanar con el lazo de la corbata de seda negra torcido, junto a una oreja; vivaracho, inquieto, lleno de pensamientos insignificantes, ocupado en cualquier cosa baladí, tomando con todo el calor natural lo más mezquino y digno de olvido, y ella sin poder remediarlo, y con más fuerza por causa del disimulo, sentía un rencor sordo, irracional, pero invencible por el momento, y culpaba al universo entero del absurdo de estar unida para siempre con semejante hombre.
Otro vistazo a sus aficiones, en una escena en la que le da la tabarra a un invitado para mostrárselas, ajeno a que lo está aburriendo con sus pasiones. Por si fuera poco, este invitado está en su casa en realidad para intentar seducir a su esposa, de lo que Quintanar, absorto en lo suyo, ni se entera:
Una intuición singular le decía al ex-regente que pagaba bien al amigo su atención llevándoselo a casa. ¿Por qué don Álvaro había de tener gusto en seguirle? Si se lo hubieran preguntado a Quintanar, no hubiese podido responder. Pero se lo daba el corazón; lo había observado, sin fijarse en la observación: a Mesía le gustaba entrar en la casa de la Rinconada.
Solía llevarle al despacho, a su museo como él decía; allí le explicaba el mecanismo de aquellos intrincados maderos y resortes y, convencido de la ignorancia de su amigo, le engañaba sin conciencia. Lo que no consentía don Álvaro era que se pasase revista a las colecciones de yerbas y de insectos: le mareaba el fijar sucesiva y rápidamente la atención en tantas cosas inútiles.—El único bicho que le era simpático a don Álvaro era un pavo real disecado por Frígilis y su amigo.—Solía acariciarle la pechuga, mientras Quintanar disertaba:
—Bueno—decía don Víctor—pues pasaremos a mi gabinete, ya que usted desprecia mis colecciones.—Anselmo, la cerveza al gabinete.
El gabinete era otro museo: estaban allí las armas y la indumentaria. Una panoplia antigua completa, otras dos modernas muy brillantes y bordadas; escopetas, pistolas y trabucos de todas épocas y tamaños llenaban las paredes y los rincones. En arcas y armarios guardaba don Víctor con el cariño de un coleccionador los trajes de aficionado que había lucido en mejores tiempos. Si se entusiasmaba hablando de sus marchitos laureles, abría las arcas, abría los armarios, y seda, galones y plumas, abalorios y cintajos en mezcla de colores chillones saltaban a la alfombra, y en aquel mar de recuerdos de trapo perdía la cabeza Quintanar. En una caja de latón, entre yerba, guardaba como oro en paño, un objeto, que a primera vista se le antojó a Mesía una serpiente; en efecto, yacía enroscado y era verdinegro el bulto.... No había que temer... don Víctor domaba fieras; aquello era la cadena que él había arrastrado representando el Segismundo de La vida es sueño, en el primer acto.
—Mire usted, amigo mío, a usted puedo decírselo; no es inmodestia; reconozco, ¿cómo no? la superioridad de Perales en el teatro antiguo, su Segismundo es una revelación, concedo, revela mejor que el mío la filosofía del drama, pero... no me gustaba su modo de arrastrar la cadena; parecía un perro con maza; yo la manejaba con mucha mayor verosimilitud y naturalidad; arrastraba la cadena, créame usted, como si no hubiese arrastrado otra cosa en mi vida. Tanto, que una noche, en Calatayud, me arrojaron todo ese hierro al escenario, como símbolo de mi habilidad. Por poco se hunde el tablado. Guardo esa cadena como el mejor recuerdo de mi efímera vida artística.
Episodio cómico con uno de los inventos que está desarrollando. Su mujer sufre un accidente. En él vemos desde el punto de vista de Anita una lista de las aficiones de Quintanar y su amigo Frígilis. Tal para cual:
Era una máquina que, según Frígilis y Quintanar, sus inventores, serviría para coger zorros en los gallineros en cuanto acabasen ellos de vencer cierta dificultad de mecánica que retardaba la aplicación del artefacto.
Era necesario que el hocico del animal tocase en un punto determinado; si tocaba, inmediatamente caía sobre su cabeza una barra metálica y otra idéntica le sujetaba por debajo de la quijada inferior. La fuerza del resorte no era suficiente para matar al ladrón de corral, pero sí para detenerlo, merced a ciertos ganchos incruentos sabiamente preparados. Ni Frígilis ni Quintanar querían sangre; no pretendían más que tener bien sujeto al delincuente cogido in fraganti. Si estos inventores no hubieran sabido armonizar los intereses de la industria con los estatutos de la sociedad protectora de animales, lo hubiera pasado mal aquella noche la Regenta. Por fortuna, Quintanar era correccionalista; quería la enmienda del culpable, pero no su destrucción. Los zorros que él cazara sobrevivirían. No faltaba para que la máquina fuese perfecta, más que esto: que los ladrones de gallinas viniesen a tropezar con el botón del resorte endiablado, como había tropezado aquella señora.
Ni Petra ni su ama conocían el uso de aquel artefacto que tuvieron que destrozar—y buenos sudores les costó—para separarlo del brazo que magullaba. Petra contenía la risa a duras penas. Se contentó con decir:
—¡Qué estropicio!—apuntando a los pedazos de loza, cristal, y otras materias incalificables que yacían sobre el piso.
—Si hubiera sido yo, me despedía don Víctor.... ¡Ay, señora! si ha roto usted tres de esos tiestos nuevos... ¡y el cuadro de las mariposas se ha hecho pedacitos! ¡y se ha roto una vitrina de herbario! y...
[...] «Su marido era botánico, ornitólogo, floricultor, arboricultor, cazador, crítico de comedias, cómico, jurisconsulto; todo menos un marido. Quería más a Frígilis que a su mujer. ¿Y quién era Frígilis? Un loco; simpático años atrás, pero ahora completamente ido, intratable; un hombre que tenía la manía de la aclimatación, que todo lo quería armonizar, mezclar y confundir; que injertaba perales en manzanos y creía que todo era uno y lo mismo, y pretendía que el caso era «adaptarse al medio». Un hombre que había llegado en su orgía de disparates a injertar gallos ingleses en gallos españoles: ¡Lo había visto ella! Unos pobrecitos animales con la cresta despedazada, y encima, sujeto con trapos un muñón de carne cruda, sanguinolenta ¡qué asco! Aquel Herodes era el Pílades de su marido. Y hacía tres años que ella vivía entre aquel par de sonámbulos, sin más relaciones íntimas. Bastaba, bastaba, no podía más; aquello era la gota de agua que hace desbordar... ¡caer en una trampa que un marido coloca en su despacho como si fuera el monte! ¡no era esto el colmo de lo ridículo!».
¿No has disfrutado con estos textos? Toda la novela es así de buena, además de emocionante, adictiva, trágica y hermosa. «La Regenta» está escrita con una técnica y lengua totalmente modernas que no aburren al lector contemporáneo (de hecho actualmente muchos escritores no alcanzan su calidad técnica). Es además un texto libre que puedes encontrar fácilmente para descarga en sitios como Amazon o el proyecto Gutenberg. Si hace tiempo que no te pones con un clásico, este es uno que merece mucho la pena.

Etiquetas: ,

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


0 comentario/s (feed de esta discusión):

Publicar un comentario

<< Portada

~~~~~~~~~~~~~oOo~~~~~~~~~~~~~

31 marzo, 2009

El ortógrafo de la vía pública

Tenía olvidado este fragmento de Fortunata y Jacinta sobre las andanzas del pobre José Ido del Sagrario, corredor de publicaciones nacionales y extranjeras. En su honor hago desaparecer la categoría de mi blog español correcto, cambiándola por la más irónica de delitos del lenguaje. Que os guste.

Andando, andando, le entró de improviso un celo tan vehemente por la instrucción pública, que le faltó poco para caerse de espaldas ante los estólidos letreros que veía por todas partes. No se premite tender rropa, y ni clabar clabos, decía en una pared, y D. José exclamó: «¡Vaya una barbaridad!... ¡Ignorantes!... ¡emplear dos conjunciones copulativas! Pero pedazos de animales, ¿no veis que la primera, naturalmente, junta las voces o cláusulas en concepto afirmativo y la segunda en concepto negativo?... ¡Y que no tenga qué comer un hombre que podría enseñar la Gramática a todo Madrid y corregir estos delitos del lenguaje!... ¿Por qué no me había de dar el Gobierno, vamos a ver, por qué no me había de dar el encargo, mediante proporcionales emolumentos, de vigilar los rótulos?... ¡Zoquetes, qué multas os pondría!... Pues también tú estás bueno: Se alquilan qartos... muy bien, señor mío. ¿Le gustan a usted tanto las úes que se las come con arroz? ¡Ah!, si el Gobierno me nombrara ortógrafo de la vía pública, ya veríais... Vamos, otro que tal: se proive... Se prohíbe rebuznar, digo yo».

Etiquetas: , ,

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


2 comentario/s (feed de esta discusión):
Anonymous Victor escribió:

En España existe un Comando Filológico. Se pueden seguir sus aventuras y desventuras en la siguiente dirección:
http://polidori.lacoctelera.net/tags/comando-filologico

3/31/2009 11:41:00 p. m.  
Blogger Gerardo escribió:

Je, je, qué bueno.

4/01/2009 08:03:00 p. m.  

Publicar un comentario

<< Portada

~~~~~~~~~~~~~oOo~~~~~~~~~~~~~

07 julio, 2008

El error

No existe nada que se resigne a morir, y el error es quizás lo que con más bravura se defiende de la muerte. Cuando el error se ve amenazado de esa ridiculez a que el lenguaje corriente da el nombre de plancha, hace desesperados esfuerzos, azuzado por el amor propio, para prolongar su existencia.

Galdós, Fortunata y Jacinta: dos historias de casadas.

Etiquetas: ,

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


1 comentario/s (feed de esta discusión):
Anonymous Anónimo escribió:

Todos nacemos, crecemos y morimos ... nacemos para morir, es asi, asi que hay que aprovechar la vida lo mas que se pueda.

7/08/2008 11:32:00 p. m.  

Publicar un comentario

<< Portada

~~~~~~~~~~~~~oOo~~~~~~~~~~~~~

09 junio, 2008

"Ofendiendo" (hacía mucho que no citaba a Marías)

[...] Iba yo hace unos meses por la calle cuando, desde la otra acera, un trío de individuos de mediana edad me gritó: “¡Javier Marías! ¡Eres un futbolero!” Bueno, eso fue lo que entendí –la calzada abarrotada de coches estruendosos, como es lo habitual–, y sin duda entendí muy mal. Debieron de decirme más bien “¡Eres un mierdero!” o algo por el estilo, a tenor de lo que vino a continuación: “¡Yo soy de la Semana Santa”, añadió el que llevaba la voz cantante, “y todos los años me insultas!” Creo que sólo acerté a contestarle: “No, yo a usted no puedo insultarlo, porque ni siquiera lo conozco”. El sujeto insistió, sin embargo, con la mera repetición: “¡Sí, me insultas a mí y a todos los que son como yo!” La cosa no estaba como para entablar un diálogo a gritos, y tampoco nos encontrábamos a la altura de un semáforo, para cruzar ellos o yo. Así que seguí mi camino y supongo que ellos el suyo –furiosos como iban–, y no hubo más. [...]



[...] Tras más de treinta años de democracia lo normal sería que los españoles hubieran aprendido a distinguir con precisión a qué tienen de verdad derecho y a qué no, y por supuesto cuáles son sus deberes, pero, lejos de eso, cada vez cuesta más que lo distingan. La culpa no es sólo de la publicidad, claro está, sino en gran medida de los políticos, que además, en el reciente periodo preelectoral, se han dedicado a ofrecer toda clase de bicocas fantásticas a los votantes, haciéndoles creer aún más en su enloquecida y siempre creciente ampliación de “derechos”. Y otro tanto consigue la prensa, la cual, por ejemplo, ha convencido a los ciudadanos de que “hay que respetar todas las opiniones”, cuando lo único que hay que respetar es que todo el mundo pueda expresar la suya. Pero una vez expresadas, todas pueden ser objeto de crítica, irrisión, desprecio, denuesto, sátira o diatriba. Yo tengo derecho a decir que tal o cual opinión me parece una majadería, o racista, o machista. A lo que no lo tengo es a impedir que nadie suelte la suya. Son cosas muy distintas que se tienden a confundir, y por eso son frecuentes los lectores que me acusan de “insultar” si tildo de necedad tal o cual postura, y me recriminan que “falte al respeto” a quienes no piensan como yo. Todo el mundo puede decir lo que quiera, faltaría más, pero también todo el mundo puede opinar lo que quiera sobre lo que dicen los demás. Y todo el mundo puede opinar, desde luego, que las necedades enormes las estoy soltando yo. [...]

Etiquetas: , , ,

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


0 comentario/s (feed de esta discusión):

Publicar un comentario

<< Portada

~~~~~~~~~~~~~oOo~~~~~~~~~~~~~

30 abril, 2008

Galdós, profeta involuntario 2.0

Si todo lo que les pasa a las personas superiores mereciera una efeméride, es fácil que en una hoja de calendario americano, correspondiente a Diciembre del 73, se encontrara este parrafito: «Día tantos: fuerte catarro de Juanito Santa Cruz. La imposibilidad de salir de casa le pone de un humor de doscientos mil diablos».

Estoy seguro de que a don Benito ni siquiera se le pasó por la cabeza que sus ocurrencias más sarcásticas sobre la vanidad humana se podrían hacer realidad en el futuro con el nombre de twitter.

Etiquetas: , ,

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


7 comentario/s (feed de esta discusión):
Blogger tv_insomne escribió:

Saludos:
Soy un comentarista novato en tu bitácora y espero ser breve:

Lo que me parece aún más sorprendente de la cita de Galdós es que haya en el presente empresas gigantescas gastando tanta plata en semejantes inanidades.

Saludos, me agrada mucho tu sitio.

4/30/2008 07:32:00 p. m.  
Blogger Gerardo escribió:

Supongo que estas cosas dan dinero, lo que me parece también muy sorprendente.

4/30/2008 07:43:00 p. m.  
Blogger Leónidas Kowalski de Arimatea escribió:

"No tengo hambre. Voy a tomarme un café".

Juro por el Monstruo de Espagueti Volador que le vi a una twitera ese mensaje o como quiera que se llamen las anotaciones que hacen en Twitter. Puedo comprender, siendo generoso, que alguien esté lo bastante loco por la twitera como para interesarse a cada momento por si tiene hambre o deja de tenerla. Lo que me parece increíble es que la twitera se considere tan importante como para suponer que el resto del mundo desea saber si tiene hambre en determinado momento.

Me la imagino: "Oh, no tengo hambre. El mundo debe ser consciente de esta calamidad inmediatamente, antes de que sea demasiado tarde. ¡Lo pondré en mi twitter y habré salvado a la humanidad!"

Yo flipo. (Conste que soy consciente de mi propia egolatría, pero, coño, yo no la disimulo, y dicho sea de paso: los escépticos me tocáis las narices por vuestra contumaz negación de mi deidad. ¡Soy el único y genuino Dios!)

4/30/2008 11:22:00 p. m.  
Blogger Lola escribió:

No teneis ni idea. Voy a iluminaros con mi mejor "twitt" (jua):

"Tengo pis... http://twitter.com/edans/statuses/406568832"

Por supuesto, es necesario seguir el enlace para comprender mi perla de sabiduría X-)

Saludetes. Lola.

5/01/2008 12:15:00 a. m.  
Blogger Gerardo escribió:

12:25- Contesto comentarios de Lola y Leónidas en mi blog mientras me rasco una oreja que me pica.

(Leónidas, ahora me explico ese ligero avance del contador de mi God Detector. Es tu presencia.)

5/01/2008 12:25:00 p. m.  
Blogger Javi escribió:

Hola, por aquí ando.

La verdad es que esto del Twitter no lo acabo de entender. De hecho no veo en un Twitter otra cosa que un blog de entradas cortas.

Por otro lado no sé hasta que punto puedo sentirme aludido por el tema de la entrada. A fín de cuentas "MEO QUIDEM ANIMO" se acabó convirtiendo en un escaparate de mis miserias y no aporta nada a la humanidad que sea útil o que yo, al menos, consdere útil para los demás. Digamos que para mí solo sirve para contar cosas que necesito contar y no sé a quién. Asi que no veo diferencia alguna entre un twitero y el Inconformista.

En cualquier caso, Leonidas, serás todo lo dios que te venga en gana, pero seguiré rezando a Crom, te guste que no.

5/09/2008 11:31:00 a. m.  
Blogger Gerardo escribió:

Todo depende de qué sea el motor de la escritura, Inconformista. El tuyo no suele ser la vanidad.

5/09/2008 07:27:00 p. m.  

Publicar un comentario

<< Portada

~~~~~~~~~~~~~oOo~~~~~~~~~~~~~

03 abril, 2008

El Alcalde de Zalamea, si fuera sociata

CAPITÁN -. Tratad desde el respeto...
CRESPO -. Eso
está muy puesto en razón.
Desde el respeto le llevad
a las casas, en efeto,
del Concejo; y desde el respeto
un par de grillos le echad
y una cadena; y tened,
desde el respeto, gran cuidado
que no hable a ningún soldado;
y a esos dos también poned
en la cárcel; que es razón,
y aparte, porque después,
desde el respeto, a todos tres
les tomen la confesión.
Y aquí, para entre los dos,
si hallo harto paño en efeto,
desde el muchísimo respeto
os he de ahorcar, juro a Dios.
(Llévanle preso.)

Pedro Calderón de la Barca, El Alcalde de Zalamea, Cuadro II (versión corrupta).

Gracias a Pedro Gimeno por proporcionar este fragmento para traducir al "desdelrrespetinés".

Etiquetas: , ,

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


1 comentario/s (feed de esta discusión):
Anonymous Anónimo escribió:

Muy buena la traducción al "desdrrespetense". Me entristece pensar que en el futuro pueda verse la expresión "con respeto" tan arcaica como el "le llevad" que usa Calderón.

-- Pedro Gimeno

4/03/2008 06:06:00 p. m.  

Publicar un comentario

<< Portada

~~~~~~~~~~~~~oOo~~~~~~~~~~~~~

29 marzo, 2008

Un libro escéptico para niños

Como supongo que nos pasó a muchos, cuando era un niño me sedujeron los asuntos "misteriosos". La verdad es que incluso ahora opino que una persona con verdadera curiosidad por la existencia no puede dejar de interesarse por los fenómenos paranormales, dadas las importantísimas implicaciones que tendrían si fuesen reales.

      Yo tenía un libro (lo guardo entre otro tesoros de la infancia) que, durante un tiempo, fue para mí como el manual secreto de un hechicero. En realidad, eran los tres tomos de una trilogía que yo mismo encuaderné en un solo volumen cuando terminé la colección. Me los fueron regalando en mis cumpleaños, así que, cuando conseguí el último libro, los dos primeros tenían las cubiertas muy rotas y desgastadas de releerlos, por lo que decidí usar la cubierta del último para encuadernar los tres juntos, unificando la obra y el aspecto. El primer volumen estaba dedicado a los monstruos, el segundo a los fantasmas y el último a las fuerzas misteriosas. Eran una completísima introducción al folclore esotérico: platillos volantes, espíritus, percepción extrasensorial y demás supuestos fenómenos extraños.

      Paradójicamente, aunque aquel libro tenía un punto de vista acrítico que partía de la autenticidad de todos los misterios, acabó originando mi escepticismo sobre lo sobrenatural. Creo que la primera razón fue que, al superar el efecto de veracidad documental que me causó ver todo aquello impreso, empezó a pesar demasiado la sensación de que al buscar estos fenómenos inexplicables siempre se escurrían entre los dedos. Mi mente de niño empezó a reconocer en todos ellos un aplazamiento de las pruebas muy fastidioso que me fue conduciendo a la incredulidad. Me parecían cada vez más como tantas leyendas que solo existen mientras pasan de boca en boca.

      El libro tenía, además, un fallo importante como propaganda de misterios, y es que invitaba a la comprobación. Me ofrecía nada menos que ver con mis propios ojos algunas de aquellas cosas asombrosas, por lo que busqué vivir alguna. Dentro de mis inquietudes infantiles, así como jugué con tantos experimentos científicos accesibles a los niños, intenté comprobar un montón de estas cosas raras.

      Construí pirámides egipcias a escala, para ver si podían afilar cuchillas y conservar los alimentos frescos. Me hice distintos tipos de varillas de zahorí y péndulos, para ver si podía adivinar la ubicación de objetos y materiales. Mediante cartas Zener, intenté encontrar mis habilidades extrasensoriales y las de algunas personas conocidas que creían ser dotadas. Planté varias habichuelas, para ver si las que aterrorizaba con pensamientos malvados crecían menos que las que dejaba en paz u otras a las que mimaba con cariño. Cuando actuó en la televisión Uri Geller, el más famoso psíquico del mundo (del que había oído hablar incluso fuera del libro), esperé con un reloj y una cucharilla a que ocurriera algo asombroso, como aseguró que sucedería al público del programa. También probé, bastante asustado, a registrar voces de espíritus en un magnetófono y a hablar con ellos mediante la ouija. Incluso puse a prueba alguna leyenda urbana, como aquella en la que, a la luz de unas velas, se invoca a un demonio ante un espejo a medianoche. Nunca pasó nada. Aunque creía en ello y tenía verdaderas ganas de encontrarlo, no hubo siquiera un resultado dudoso que pudiera hacer pensar en algo raro.

      En cambio, con mi transformador de corriente siempre lograba realizar circuitos eléctricos o deshacer monedas mediante electrólisis; las limaduras de hierro mostraban obedientes el campo magnético de mis imanes; mi pequeño microscopio siempre me permitió ver todo tipo de cosas interesantes; los molinillos de papel que ponía en las estufas siempre giraron con el aire ascendente; para desgracia de las hormigas, mi lupa nunca falló al concentrar la luz del sol en un punto ardiente; mis bolígrafos atrajeron sin excepciones pequeños papeles al frotarlos; mis caleidoscopios y periscopios artesanales nunca se negaron a trabajar; y cada vez que quise construir un electroimán o un simple planeador de papel, funcionaron.

      Los juegos científicos ofrecían un contraste absoluto con todas aquellas materias esotéricas de las que, incluso en las que me aseguraban el éxito, solo obtenía fracasos. Aunque no tuve ninguna guía que me ayudase a organizar aquella información para sacar la conclusión evidente de mis experiencias, aquello empezó intuitivamente a olerme mal (especialmente, las pirámides).

      Recuerdo que el golpe de gracia para mi credulidad fue ver, nada menos que en un telediario de la primera cadena, la noticia del aterrizaje de un ovni y sus tripulantes, creo que en la U.R.S.S. Si aquello salía en el telediario, no podía ser falso. "¡Por fin la prueba de que nos visitan los extraterrestres!" Sin embargo, al poco, el mismo telediario aplazó con mucho menos entusiasmo la historia, que dejaron... a la espera de confirmación. Otra vez más, nunca llegaron más pruebas que cuentos de campamento y unos dibujos ridículos. "¡Bah, esto es todo igual!"

      Sin llegar a convertirme en un incrédulo, para lo que supongo que habría necesitado una autoridad crítica como la que imponía aquel libro esotérico, perdí el interés por aquellos temas. Pasaron los años y, cuando ya me afeitaba, llegué a través de una reseña de la revista Muy interesante a los Fraudes paranormales de James Randi, y las dudas y desinformación que me quedaban se convirtieron en seguridad escéptica.

      Creo que de niño hubiera agradecido muchísimo un libro crítico con todas aquellas cuestiones que acabaron decepcionándome tanto, algo que supongo una de las causas de mi interés adulto en el escepticismo. Esto es precisamente lo que ofrece Ediciones Oniro dentro de su colección "El juego de la ciencia", un libro escéptico para niños: Cómo indagar los misterios: ¿existen los fenómenos paranormales?

      El autor del libro es Silvano Fuso, doctor en investigación química y socio del grupo escéptico italiano CICAP. Está prologado por Piero Angela, un divulgador científico muy conocido en Italia y también socio de CICAP. Ambos datos dan de entrada una gran confianza en el contenido.

      Es un libro corto y de bolsillo, 96 paginas ilustradas que leí para esta reseña en poco más de una hora. Su brevedad es una buena cualidad, dada su intención didáctica para un público infantil. Sin embargo, puede ser a veces poco adecuado para la edad a la que se supone que va dirigido por la complejidad y los tecnicismos de algunos pasajes. No sé cuántos niños pueden entender por ejemplo, sin ningún tipo de explicación del concepto, qué significa el término falsable (por experiencia sé que hay adultos cultos que no llegan a entenderlo nunca). Precisamente en esta palabra notamos un fallo de traducción, ya que cuando aparece es como *falsificable. Si el mundo editorial fuera perfecto, las traducciones serían revisadas por un corrector profesional, y textos como este por correctores escépticos como el que escribe estas líneas (a la izquierda tienen mi correo, señores).

      El libro comienza con un cuestionario que, en mi opinión, requiere un nivel de información demasiado alto, como si el escritor no hubiese reparado en que la propia lectura no la ha aportado todavía. Aunque todos hayamos oído hablar de platillos volantes o del yeti, hay temas esotéricos poco conocidos, por lo que es un test complejo para no iniciados. Puede ser una evaluación estimulante del antes y el después de nuestra credulidad tras leer el libro; pero se podría rebajar el nivel o colocarlo al final. De todas maneras, basta con saltárselo, algo para lo que los niños no tienen complejos. También es una pena que en el apéndice, en el que se presentan asociaciones escépticas al lector que quiere seguir satisfaciendo su curiosidad, no se haya hecho una nota para mencionar las que existen en España (como Círculo Escéptico), ya que solo se mencionan la norteamericana CSI (antes CSICOP) y el CICAP italiano.

      A pesar de estos puntos que alejan al divulgador de su público, el libro es perfectamente accesible a los niños y el tema tan interesante que estoy seguro de que será una lectura muy amena y de la que aprenderán mucho, aunque tengan que hacer un par de preguntas a los padres si quieren asimilar hasta la última coma. Hay episodios magníficamente tratados y a los que no hay casi nada que añadir, como el dedicado al horóscopo. Es una lástima que no disponga de más páginas para extenderse en la explicación racional de todos los casos, que a veces resulta superficial o sabe a poco. Lo que es seguro es que, tras recorrer los episodios sobre el zodíaco, los espíritus, los platillos volantes, la percepción extrasensorial o los poderes humanos insólitos, la idea de que en estos asuntos no hay nada realmente extraordinario queda totalmente clara.

      Y hablando de platillos volantes, en la colección existe otro horrible volumen, dedicado a los ovnis, con el que conviene no confundirse, ya que es pseudocientífico, desinformado y nada recomendable: Cómo reconocer a los extraterrestres: ¿existe vida inteligente en otros planetas? Incluso si fuera bueno, ni siquiera haría mucha falta, el que estamos tratando tiene un capítulo de calidad suficiente sobre el tema.

      En resumen, Cómo indagar los misterios: ¿existen los fenómenos paranormales? es un libro correcto, muy necesario y bien planteado como divulgación, por dirigirse a unas edades en las que se despiertan estas curiosidades. Debería estar en colegios y bibliotecas, como una vacuna cultural contra esos charlatanes siempre boyantes y sus misterios artificiales. Yo se lo regalé a mis primos en las últimas fiesta navideñas. Ojalá también yo lo hubiera tenido de pequeño, aunque quizá no habría estado tan entretenido.

Etiquetas: , ,

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


3 comentario/s (feed de esta discusión):
Blogger Leónidas Kowalski de Arimatea escribió:

Pues sí que me parece un regalo excelente para chavales. Será cuestión de tenerlo en cuenta si me veo en el caso.

Ojalá cuando tenía diez o doce años me hubieran ragalado un libro como el que reseñas, ojalá se lo regalaran a todos los niños. Estoy seguro de que aunque la mayoría no lo aprovecharían por simple indolencia, otros encontrarían las respuestas que andan buscando. Y probablemente el mundo sería un pelín mejor.

Respecto a Fraudes Paranormales, yo descubrí el libro de Randi siendo ya mayorcete. Tenía veintitrés años, lo recuerdo porque acababa de llegar a Cádiz mientras lo estaba leyendo. Lo descubrí por azar en una de esas ferias del libro, y aunque para entonces ya era bastante escéptico, para mí fue una experiencia apasionante leerlo, porque me di cuenta de que no era un bicho raro y no estaba tan solo como creía.

Bueno, podría contar mucho más sobre lo que ha supuesto para mí el dar con el escepticismo, pero tampoco es plan contar mi vida. Sí me gustaría dejar claro que, en lugar de privarme de apoyos morales, el escepticismo me los ha brindado.

Qué pena que el sistema educativo no dé más importancia (si es que le da alguna) al pensamiento crítico.

Una vez más, Gerardo, ¡gracias!

4/01/2008 05:03:00 p. m.  
Blogger Gerardo escribió:

De nada, snif...

Podías contar tu vida, no pasaba nada y creo que sería interesante. Yo lo hice aquí con todo el morro. Como introducción a la reseña, está sobredimensionada un rato largo. Pero me apetecía.

4/01/2008 05:25:00 p. m.  
Blogger JCasado escribió:

Me apunto la sugerencia para cuando mi hija tenga dos o tres años más (está empezando a leer ahora). Tienes toda la razón en la primera frase de tu post: a mi también, de niño (y no tan niño) me seducían un montón estos asuntos "misteriosos". Ya menos niño, recuerdo haber leído bastantes artículos justamente en "Muy Interesante" (en sus primeros años) apoyando estos "misterios" (sí, sí, apoyando, en plan Iker Jiménez: "yo no digo que sí ni que no, pero mira, mira lo que pasa por ahí..."), que me hicieron tardar más de la cuenta en dar el salto al escepticismo (mi razón ya me inclinaba hacia él, pero todo a mi alrededor apoyaba más la credulidad que dicho escepticismo). Luego, con la edad y el conocimiento, el escepticismo se terminó implantando sólidamente en mi (huy, qué poético...). Pero creo que leer un libro como éste puede ahorrar bastante camino a mucha gente.

Estupendo blog, saludos.

4/08/2008 12:58:00 p. m.  

Publicar un comentario

<< Portada

~~~~~~~~~~~~~oOo~~~~~~~~~~~~~

19 marzo, 2008

Los pedantes (el humor en Galdós)

-No involucremos las cuestiones, señores -dijo Casa-Muñoz poniendo una cara muy parlamentaria-. Y si he de hablar ingenuamente, diré a ustedes que a mí no me asusta la República, lo que me asusta es el republicanismo.

Miró a todos para ver qué tal había caído esta frase. No podía dudarse de que el murmullo aquel con que fue acogida era laudatorio.

«Señor Marqués -declaró Aparisi picado de rivalidad-, el pueblo español es un pueblo digno... que en los momentos de peligro, sabe ponerse...».

-¿Y qué tiene que ver una cosa con otra?... -saltó el marqués incómodo, anonadando a su contrario con una mirada-. No involucre usted las cuestiones.

Aparisi, propietario y concejal de oficio, era un hombre que se preciaba de poner los puntos sobre las íes; pero con el marqués de Casa-Muñoz no le valía su suficiencia, porque este no toleraba imposiciones y era capaz de poner puntos sobre las haches. Había entre los dos una rivalidad tácita, que se manifestaba en la emulación para lanzar observaciones sintéticas sobre todas las cosas. Una mirada de profunda antipatía era lo único que a veces dejaba entrever el pugilato espiritual de aquellos dos atletas del pensamiento. Villalonga, que era observador muy picaresco, aseguraba haber descubierto entre Aparisi y Casa-Muñoz un antagonismo o competencia en la emisión de palabras escogidas. Se desafiaban a cuál hablaba más por lo fino, y si el marqués daba muchas vueltas al involucrar, al ad hoc, al sui generis y otros términos latinos, en seguida se veía al otro poniendo en prensa el cerebro para obtener frases tan selectas como la concatenación de las ideas. A veces parecía triunfante Aparisi, diciendo que tal o cual cosa era el bello ideal de los pueblos; pero Casa-Muñoz tomaba arranque y diciendo el desiderátum, hacía polvo a su contrario.

Cuenta Villalonga que hace años hablaba Casa-Muñoz disparatadamente, y sostiene y jura haberle oído decir, cuando aún no era marqués, que las puertas estaban herméticamente abiertas; pero esto no ha llegado a comprobarse. Dejando a un lado las bromas, conviene decir que era el marqués persona apreciabilísima, muy corriente, muy afable en su trato, excelente para su familia y amigos. Tenía la misma edad que D. Baldomero; mas no llevaba tan bien los años. Su dentadura era artificial y sus patillas teñidas tenían un viso carminoso, contrastando con la cabeza sin pintar. Aparisi era mucho más joven, hombre que presumía de pie pequeño y de manos bonitas, la cara arrebolada, el bigote castaño cayendo a lo chino, los ojos grandes, y en la cabeza una de esas calvas que son para sus poseedores un diploma de talento. Lo más característico en el concejal perpetuo era la expresión de su rostro, semejante a la de una persona que está oliendo algo muy desagradable, lo que provenía de cierta contracción de los músculos nasales y del labio superior. Por lo demás, buena persona, que no debía nada a nadie. Había tenido almacén de maderas, y se contaba que en cierta época les puso los puntos sobre las íes a los pinares de Balsain. Era hombre sin instrucción, y... lo que pasa... por lo mismo que no la tenía gustaba de aparentarla. Cuenta el tunante de Villalonga que hace años usaba Aparisi el e pur si muove de Galileo; pero el pobrecito no le daba la interpretación verdadera, y creía que aquel célebre dicho significaba por si acaso. Así, se le oyó decir más de una vez: «Parece que no lloverá; pero sacaré el paraguas e pur si muove».

B. Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta: (dos historias de casadas), capítulo VII.

Etiquetas: ,

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


3 comentario/s (feed de esta discusión):
Blogger Leónidas Kowalski de Arimatea escribió:

Estos personajes me recuerdan mucho a cierto compañero. En el fondo es un poco triste.

Añado que antes de leer esta novela pensé que sería un coñazo, pero lo cierto es que me gustó muchísimo.

Esto... ¿humór?

3/20/2008 10:27:00 a. m.  
Blogger Gerardo escribió:

A mí me parece un poco coñazo a veces, la verdad.

Corregido el error. Tenía la entrada como borrador, le cambié la fecha y la publiqué sin fijarme mucho. Por lo menos es una falta tan extraña que supongo que es evidente que es un error raro al teclear. Has perdido la oportunidad de restregármelo por las narices, je, je...

Aunque por qué admitirlo si puedo... ¡echarle le culpa a un jaquer! ¡Man jaqueao el blog!

3/20/2008 10:16:00 p. m.  
Anonymous Anónimo escribió:

No descartéis un trastorno de personalidad múltiple. Quizás una de tus múltiples identidades sea un hoygan.

3/20/2008 11:47:00 p. m.  

Publicar un comentario

<< Portada

~~~~~~~~~~~~~oOo~~~~~~~~~~~~~

18 enero, 2008

Ciencia y espiritualidad

Los humanos podemos desear la certeza absoluta, aspirar a ella, pretender como hacen los miembros de algunas religiones que la hemos logrado. Pero la historia de la ciencia —sin duda la afirmación de conocimiento accesible a los humanos de mayor éxito— nos enseña que lo máximo que podemos esperar es, a través de una mejora sucesiva de nuestra comprensión, aprendiendo de nuestros errores, tener un enfoque asintótico* del universo, pero con la seguridad de que la certeza absoluta siempre se nos escapará.

      Siempre estaremos sujetos al error. Lo máximo que puede esperar cada generación es reducir un poco el margen de error y aumentar el cuerpo de datos al que se aplica. El margen de error es una autovaloración penetrante, visible, de la fiabilidad de nuestro conocimiento. Se puede ver a menudo el margen de error en encuestas de opinión pública («una inseguridad de más o menos tres por ciento», por ejemplo). Imaginemos una sociedad en la que todo discurso en el Parlamento, todo anuncio de televisión, todo sermón fuera acompañado de un margen de error o su equivalente.

      Uno de los grandes mandamientos de la ciencia es: «Desconfía de los argumentos que proceden de la autoridad.» (Desde luego, los científicos, siendo primates y dados por tanto a las jerarquías de dominación, no siempre siguen este mandamiento.) Demasiados argumentos de este tipo han resultado ser dolorosamente erróneos. Las autoridades deben demostrar sus opiniones como todos los demás. Esta independencia de la ciencia, su reluctancia ocasional a aceptar la sabiduría convencional, la hace peligrosa para doctrinas menos autocríticas o con pretensiones de certidumbre.

      Como la ciencia nos conduce a la comprensión de cómo es el mundo y no de cómo desearíamos que fuese, sus descubrimientos pueden no ser inmediatamente comprensibles o satisfactorios en todos los casos. Puede costar un poco de trabajo reestructurar nuestra mente. Parte de la ciencia es muy simple. Cuando se complica suele ser porque el mundo es complicado, o porque nosotros somos complicados. Cuando nos alejamos de ella porque parece demasiado difícil (o porque nos la han enseñado mal) abandonamos la posibilidad de responsabilizarnos de nuestro, futuro. Se nos priva de un derecho. Se erosiona la confianza en nosotros mismos.

      Pero cuando atravesamos la barrera, cuando los descubrimientos y métodos de la ciencia llegan hasta nosotros, cuando entendemos y ponemos en uso este conocimiento, muchos de nosotros sentimos una satisfacción profunda. A todo el mundo le ocurre eso, pero especialmente a los niños, que nacen con afán de conocimiento, conscientes de que deben vivir en un futuro moldeado por la ciencia, pero a menudo convencidos en su adolescencia de que la ciencia no es para ellos. Sé por experiencia, tanto por habérmela explicado a mí como por mis intentos de explicarla a otros, lo gratificante que es cuando conseguimos entenderla, cuando los términos oscuros adquieren significado de golpe, cuando captamos de qué va todo, cuando se nos revelan profundas maravillas.

      En su encuentro con la naturaleza, la ciencia provoca invariablemente reverencia y admiración. El mero hecho de entender algo es una celebración de la unión, la mezcla, aunque sea a escala muy modesta, con la magnificencia del cosmos. Y la construcción acumulativa de conocimiento en todo el mundo a lo largo del tiempo convierte a la ciencia en algo que no está muy lejos de un meta-pensamiento transnacional, transgeneracional.

      «Espíritu» viene de la palabra latina «respirar». Lo que respiramos es aire, que es realmente materia, por sutil que sea. A pesar del uso en sentido contrario, la palabra «espiritual» no implica necesariamente que hablemos de algo distinto de la materia (incluyendo la materia de la que está hecho el cerebro), o de algo ajeno al reino de la ciencia. En ocasiones usaré la palabra con toda libertad. La ciencia no sólo es compatible con la espiritualidad sino que es una fuente de espiritualidad profunda. Cuando reconocemos nuestro lugar en una inmensidad de años luz y en el paso de las eras, cuando captamos la complicación, belleza y sutileza de la vida, la elevación de este sentimiento, la sensación combinada de regocijo y humildad, es sin duda espiritual. Así son nuestras emociones en presencia del gran arte, la música o la literatura, o ante los actos de altruismo y valentía ejemplar como los de Mohadma Gandhi o Martín Luther King, Jr. La idea de que la ciencia y la espiritualidad se excluyen mutuamente de algún modo presta un flaco servicio a ambas.

Carl Sagan, El mundo y sus demonios, capítulo segundo.

*asintótico, ca.(De asíntota).1. adj. Geom. Dicho de una curva: Que se acerca de continuo a una recta o a otra curva sin llegar nunca a encontrarla. (DRAE)

Yo también pienso que la persona racional sin una idea mágica de la existencia puede ser perfectamente espiritual, a falta de otro término para designar a quienes son sensibles y buscan crecer o perfeccionarse como seres humanos.

      Añadiría a las razones de Sagan mi opinión de que una persona con una idea racional de la existencia, si medita por sí misma los valores con los que se conduce por la vida, me parece mucho más profunda y de mérito que aquellos que sencillamente adoptan los de una doctrina, por piadosa que resulte su pose. Posiblemente, los valores adquiridos de esta manera son, además, mucho más sólidos que los de un aprendizaje de dogmas sin reflexión propia.

      Es, por ejemplo, una idea generalizada que quienes aceptan una explicación científica del amor no son sensibles y lo viven más superficialmente que los románticos. Desde mi punto de vista, parece incluso absurdo tener que desmentir afirmaciones de este tipo: la etiqueta de personas frías y vacías que se adjudica a quienes aceptan explicaciones racionales sobre la vida no es más que una caricatura producto de la incomprensión y la ignorancia, o parte de esa presunción de tantos esnobs tópicos "de letras" de tener la exclusiva de las personalidades profundas. Poseer una idea científica del ser humano y de la existencia no solo no puede afectar a la propia humanidad, sino que contribuye a un autoconocimiento y una sabiduría más reales que los del misticismo.

Etiquetas: , , ,

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


17 comentario/s (feed de esta discusión):
Blogger Gerardo escribió:

Esto es para compensar la chapuza de la entrada anterior.

Saludos

1/18/2008 06:50:00 p. m.  
Blogger Andrés Diplotti escribió:

Ésa parece ser ciertamente una táctica común entre los creyentes: atribuirle algo (llamémosle X) a una entidad imaginaria y luego afirmar que quien no cree en esa entidad imaginaria tampoco cree en X. Estamos llenos de ejemplos: "¿Cómo puedes tener moral si no crees en Dios?", "¿Cómo puedes hablar de vida extraterrestre si no crees en el fenómeno ovni?", o, en este caso, "¿Cómo es que hablas de cosas espirituales si no crees en el alma?". Con el mismo argumento podrían decir que el que no cree en las Musas no puede apreciar el arte. "Tú crees que las personas son simples trozos de materia", dicen. Primero, señores, de "simples" nada, que bien complejos somos; y segundo, son ustedes y no yo quienes han decretado que la materia no puede pensar ni sentir.

1/18/2008 08:57:00 p. m.  
Blogger Gerardo escribió:

No siempre es una actitud maquinada; pero desde luego sí es una absoluta incapacidad para ponerse en el lugar de otro, para intentar imaginar una manera de entender el mundo distinta a la suya, y muchas veces pura soberbia.

1/18/2008 09:01:00 p. m.  
Anonymous Anónimo escribió:

Yo apostaria que la mayoria de las veces es soberbian en estado puro, y no incapacidad, sino autentica negacion a ponerse en el pellejo del otro por creerlo un pelele.

Me ha encantado la entrada y los comentarios :)

1/19/2008 11:53:00 a. m.  
Anonymous Anónimo escribió:

Te se hechaba de menos jerardo. Ma legro de que buelvas ascribir de nuevo en tu bloj ;-)

1/19/2008 11:54:00 a. m.  
Anonymous Anónimo escribió:

El orgullo de no aceptar la posibilidad de error propio es probablemente una causa subyacente. Por ejemplo, una racionalización habitual cristiana es creer que uno está siguiendo las leyes de Dios, incluyendo el "no matarás". Por tanto, los ateos son asesinos en potencia. La gente que así razona no tiene capacidad para considerar siquiera que puedan existir causas que muevan a los ateos a rechazar el asesinato.

El ejemplo quizá sea un poco exagerado, porque en el caso de provocar la muerte tal vez sí que haya un cierto consenso subconsciente en que eso está grabado en el espíritu humano, aunque a algunos les falle (estoy usando "espíritu" aludiendo en esta ocasión al instinto). En otros casos, como el del amor citado en la entrada, sí que es aplicable. El amor procede del alma; por tanto, quienes creen que el alma no existe no pueden experimentar amor. Y quien diga que el amor no procede del alma, se equivoca, porque es lo que creo y no voy a cambiar de opinión, pensaría alguien así.

Hay otra posibilidad, no necesariamente excluyente. Otra idea subconsciente popular es que al averiguar las causas de algo, ese algo "pierde la gracia"; de ahí, supongo, la famosa frase de Benítez de que "los enigmas no deben ser desvelados". Cuando comprendemos que el osito de peluche está relleno de tela y construido industrialmente, deja de ser un alguien para ser un algo. Ahora es fácil dar el paso siguiente: para quien comprende el amor, el amor pierde la gracia. O para quien comprende que las caras de Bélmez son obra humana, éstas pierden todo interés.

Lo difícil, por el esfuerzo mental que requiere, es poner cada cosa en su sitio. Comprender las causas del amor no impide sentir amor en ninguna medida. Comprender que el osito de peluche es tela y nada más no tiene por qué impedirnos proyectar una figura paterna, materna o filial en él, y por tanto abrazarlo y quererlo, aun siendo conscientes de que nos dejamos llevar por esa idea. Lo de las caras de Bélmez es distinto, pues mantener el interés tras descubrir el pastel, siendo que ese interés procede únicamente de pensar que esas caras proceden de espíritus, es una postura que rayaría en lo paranoico. Pero a veces hay formas de mantener otro tipo de interés; por ejemplo, un estudio histórico de cómo se ha llegado a convertir en tal fenómeno social (tanto el libro de Martín Serrano como el de Máñez y Cavanilles son apasionantes para quien quiera profundizar en esa vía).

Perdón, no pretendo aburrir a nadie, sólo dar materia de reflexión a quienes piensan así.

-- Pedro Gimeno

1/19/2008 01:25:00 p. m.  
Blogger Gerardo escribió:

Iván: [Yo apostaria que la mayoria de las veces es soberbian en estado puro, y no incapacidad, sino autentica negacion a ponerse en el pellejo del otro por creerlo un pelele. Me ha encantado la entrada y los comentarios :)]

No digo que no haya de eso, Iván. Y gracias.

Ricardo Campo: [Te se hechaba de menos jerardo. Ma legro de que buelvas ascribir de nuevo en tu bloj ;-)]

Grasias, richal :) Estoy procurando no dejarlo morir. Estoy con algunas entradas que voy trabajando con el portátil, con la idea de sacar de vez en cuando algo de cierta calidad, mejor que actualizar frecuentemente.

Pedro, aparte del orgullo, yo pienso que esta postura es muchas veces (quizás la mayoría de ellas) debida a la imposibilidad de imaginar el mundo a través de la ideología de otro. Mi experiencia, por gente que conozco personalmente, fuera de sospecha de soberbia, es que no son capaces de imaginar cómo se puede pensar y vivir sin la idea de dios (con minúscula). Es algo tan arraigado en su modo de vivir que creen que lo nuestro es imposible, un espejismo del que nos convencemos ya que, en el fondo, creemos sin confesárnoslo a nosotros mismos hasta el lecho de muerte. Hay gente que no puede imaginarse a otra. Es la dificultad, lo habrás leído en el libro de Sociología de milagro, de “ponerse en el lugar de salvaje”.

Estoy totalmente de acuerdo en lo que dices de esa “idea subconsciente popular de que al averiguar las causas de algo, ese algo pierde la gracia”. Precisamente con el tema del amor, intenté una vez introducir a una amiga, que tenía un ligero… llamémoslo “desorden romántico del comportamiento”, en algunos datos científicos sobre el amor. Respondió negándose a escuchar, como si saber algo así pudiera ser una especie de vacuna para el amor. Creía de verdad que averiguar la causa de una emoción puede destruir esa emoción.

Para mí Bélmez y los misterios también son un ejemplo distinto que no incluyo en estas observaciones mías. Aunque se pueda parecer en que alguna gente piensa que investigarlos los destruye, entran en otra categoría. Las cuestiones de las que hablamos, como el amor, la vida, la conciencia, la existencia, siguen existiendo sean cuales sean las explicaciones que les demos, ya que son realidades. Las teleplastias y otros falsos misterios solo son leyendas.

Y no aburres a nadie, pero ofender, seguramente. Siempre hay gente que piensa que es una ofensa una opinión distinta a la suya.

1/21/2008 11:38:00 a. m.  
Anonymous Anónimo escribió:

La reflexión final me iba pareciendo acertada hasta que entró el tema de la gente "de letras". Esnobs los hay en ciencias, letras, artes plásticas y en la ignorancia e incompetencia. Es el esnob el que usa su campo, sea cual sea, para hacerse notar como superior, no el campo el que fabrica al esnob.Yo mismo conozco esnobs "de ciencias" de los que se abochornaría uno con sólo escucharles dos minutos. Soy consciente de que dices "algunos" y no "absolutizas" a todos los de letras, lo sé, pero al final parece demasiado un epíteto.

1/21/2008 07:46:00 p. m.  
Blogger Gerardo escribió:

Hola, Primo Ralsa.

Gracias por leerme, no se te ve mucho por aquí. Estoy de acuerdo en lo que dices, y aunque pueda haberte dado esa impresión, no estoy calificando de snobs a todos los “de letras”. Usas la palabra “epíteto”, y precisamente, estuve atento a ser preciso en esa frase y a huir del epíteto. Sería, entre otras cosas, tirar piedras a mi tejado, ya que yo soy, y además me considero sinceramente, por vocación, “de letras” y amante del arte; aunque sea evidente mi interés por la ciencia. Pero es cierto que existe esa delimitación, en mi opinión prejuiciosa y basada en la ignorancia, de “cultura de letras” y “de ciencias”, en la que solo las humanidades se valoran como la cultura auténtica. Hay un artículo de Carlos Chordá muy interesante precisamente sobre esto en El Escéptico Digital de este mes: “Las dos culturas”.

Aparte de lo que dice Chordá, con el que coincido plenamente, lo que yo veo es esa pose tan extendida (no solamente popular) con la que, si alguien quiere cultivar una imagen de persona bohemia, compleja, torturada, o cualquier otra cosa con la que pretenda llamar la atención del sexo opuesto, es rarísimo que exhiba interés por la ciencia: escoje el arte. Me refiero a los que incluso exhiben su ignorancia científica y tecnológica como una pose que creen interesante. A esa gente me refiero, nada más. No a todos los “de letras”, sino a los que las exhiben por pose y snobismo. (Tengo pendiente hablar de las falsas vocaciones artísticas, sobre la idea de que si no existiese este prestigio del arte, esta sobrevaloración y el estatus social que proporciona, ¿cuántos que son artistas habrían escogido esa profesión?, ¿cuántos que buscan ser artistas lo buscarían si un escritor tuviera el prestigio social de, por ejemplo, un programador informático genial?, ¿cuántos que creen o pretenden ser apasionados del arte lo son en realidad de mostrar una afición socialmente rentable que proyecta su egocéntrica idea de sí mismos como personas fascinantes? Y ya paro de desbarrar.)

Y de verdad, no “absolutizo”. Sería generalizar facilonamente sobre un grupo de personas, y eso, por mucho que lo razonase, solo sería un prejuicio.

Hasta dentro de unos días.

1/21/2008 09:50:00 p. m.  
Blogger Andrés Diplotti escribió:

Primo Ralsa, es comprensible que en este tema específico Gerardo se meta con los esnobs "de letras" y no con los "de ciencias". Después de todo, sería muy raro que un esnob de ciencias tenga la actitud que la entrada critica, a menos que esté interesado en sabotear su propio campo. El esnobismo de ésos pasará por otros lados.

1/22/2008 06:53:00 p. m.  
Blogger Nora escribió:

Gerardo:
Muy lindo el fragmento de Carl Sagan. Yo también tengo alguna frase de Einstein en relación a la validez de ambas (creo haberla publicado).
No sòlo coincido con este pensamiento sino que ademas me parece vital que comulguen. La ciencia no hace más que explicar las leyes del Infinito.
Pero la soberbia humana se confunde y cree que cuando logra explicar algo implica que no hay Fuente.

Fijate que la Medicina cree que las causas son las que conoce y algún día sabrá que es la misma persona.
Saludos cordiales!
Pasión
Cuantos hombres en el blog!!! Se permiten muejres??!! Ja!

1/26/2008 12:10:00 p. m.  
Blogger Leónidas Kowalski de Arimatea escribió:

Pasión, yo soy algo cortito, ¿me puedes explicar mejor esta frase: "Pero la soberbia humana se confunde y cree que cuando logra explicar algo implica que no hay Fuente"? ¿Esa "Fuente" con mayúscula se refiere a un dios?

1/26/2008 01:24:00 p. m.  
Blogger Nora escribió:

Hola Leònidas.
Yo le llamo Dios. Otros creen en algo superior pero no se atreven a ponerle ese nombre. Si tu le llamas Dios es eso, hablamos de lo mismo.
Saludos!
Pasión

1/26/2008 02:00:00 p. m.  
Blogger Gerardo escribió:

Pasión, creo que no has entendido el fragmento de Sagan correctamente. Sagan era ateo, y lo mismo Einstein, del que conviene conocer estas frases (sacadas de la Wikipedia):

Por supuesto es una mentira lo que se ha leído acerca de mis convicciones religiosas; una mentira que es repetida sistemáticamente. No creo en un Dios personal y no lo he negado nunca sino que lo he expresado claramente.

Si hay algo en mí que pueda ser llamado religioso es la ilimitada admiración por la estructura del mundo, hasta donde nuestra ciencia puede revelarla. [...] No creo en la inmortalidad del individuo, y considero que la ética es de interés exclusivamente humano, sin ninguna autoridad sobrehumana sobre él.


No quiero decir que no haya científicos que creen en Dios; pero estos dos, no lo hacían. En cuanto a mí, estoy pendiente de mi Online God Detector antes de dar una opinión.

1/26/2008 03:42:00 p. m.  
Blogger Nora escribió:

Transcribo el fragmento del libro de Einstein que tengo sobre mis rodillas:

"Mi idea de Dios consta de un gran sentimiento relacionado con la convicción de que hay una razón expresándose en la Naturaleza. Según el modo como se exprese, podría llamársela fantástica."

En algún punto pense que lo que habias puesto tu al pie de Sagan no coincidía exactamente con él pero pensé que podía ser un error en el tipeo de tu pensamiento(me pasa) No tenìa sentido que publicaras un texto y mencionaras a continuación una serie de argumentos que parecían contradecirlo.

No obstante, no importa, como verás lo interpretamos de maneras diferentes. (no será mucho decir que no lo entendí?).

De todas maneras este intercambio está llegando a su fin. No me interesa convencer a nadie de lo que creo. Solo trato de encontrar a aquellos que pudieron ver más allá de su matriz.

Este escala sí pudo ser un error, (o no)
Saludos!
Pasión

1/26/2008 06:18:00 p. m.  
Blogger Gerardo escribió:

Y yo, mejor, pondré en su contexto ese fragmento del libro que tienes sobre tus rodillas:

[…] Las creencias supersticiosas pueden disminuir gracias a la acción del pensamiento causal o investigación científica. Todo trabajo científico correcto tiene una base religiosa, vinculada con convicciones de la razón. Por ejemplo: la comprensibilidad del mundo.

Mi idea de Dios consta de un gran sentimiento relacionado con la convicción de que hay una razón expresándose en la Naturaleza. Según el modo como se exprese, podría llamársela fantástica.

Solo puedo considerar la tradición religiosa desde el aspecto histórico y psicológico. Me es imposible establecer otro tipo de relación.


Einstein habla de un punto de partida necesario para hacer ciencia, que es el de pensar que el universo puede ser comprendido por la razón. Si no partes de la hipótesis primera de la comprensibilidad del universo, no puedes emprender su análisis racional, y por tanto científico. Aunque es comprensible mediante nuestra razón (al menos por ahora), no sabemos si tendría por qué serlo, podría ser absurdo para nuestra mente, impidiéndonos cualquier avance en su conocimiento. A Einstein le parecía asombroso y digno de admiración el que podamos acceder a comprender el universo con nuestra razón, lo que, si lo consideró una misteriosa expresión de esta razón en el universo habría sido, por cierto, una forma de antropocentrismo).

Cuando Einstein habla de Dios, está usando una manera accesible de expresar algo similar a lo que dice Sagan: que la comprensión del universo mediante la razón le provoca reverencia, un sentimiento "espiritual". La contemplación de la existencia a través de la razón y la ciencia es lo que considera fuente de la verdadera espiritualidad, frente a las religiones mitológicas y espiritualistas, que desprecia abiertamente. En este fragmento suyo, que se dilata algo más que el que aportas, está más claro:

[…] El conocimiento de que existe algo impenetrable para nosotros, de que hay manifestaciones de la razón, de la conciencia más honda y de la belleza más deslumbrante, accesibles a nuestra conciencia sólo en sus formas más primitivas; todo este saber, conocer y sentir, da origen a la verdadera religiosidad; en este sentido, y sólo en él, pertenezco a los hombres profundamentes religiosos. Pero no alcanzo a imaginar a un Dios que premia o castiga a sus criaturas, o que, en general, posee una voluntad semejante a la que observamos y sentimos en nosotros mismos. Tampoco me es posible concebir que un individuo sobreviva a su muerte corporal; esta clase de pensamientos sólo pueden servir de alimento para las almas débiles, temerosas, o ridículamente egoístas.

A mí me basta con el misterio de la eternidad de la vida, con el conocimiento y el sentir de la admirable estructura de la existencia, con lo presente, así como con la abnegada tendencia hacia la comprensión y el logro aunque sea de la mínima parte de la razón que se manifiesta en la Naturaleza.


Dices: [No tenía sentido que publicaras un texto y mencionaras a continuación una serie de argumentos que parecían contradecirlo.]

Y no lo contradigo. Es que tú no lo entiendes.

[No obstante, no importa, como verás lo interpretamos de maneras diferentes. (no será mucho decir que no lo entendí?).]

No, no es mucho decir que no lo entiendes. Es que, sencillamente, no lo entiendes. Sagan no solo no creía en Dios, sino que fue un escéptico militante. Era miembro del CSICOP (los escépticos organizados norteamericanos), una asociación que trabaja desde la ciencia y la racionalidad para contrarrestar la superstición, ya sea en forma de pseudociencia, religión (tradicional o de la nueva era) o de creencia en lo paranormal. Lo dice claramente varias veces en el libro del que extraigo la cita. Y no hay lugar para diferentes interpretaciones. Un par de fragmentos más de este libro:

En lugar de reconocer que somos ignorantes en muchas áreas, hemos tendido a decir cosas como que el universo está impregnado de lo inefable. Se asigna la responsabilidad de lo que todavía no entendemos a un Dios de lo ignorado. A medida que fue avanzando el conocimiento de la medicina a partir del siglo IV, cada vez era más lo que entendíamos y menos lo que teníamos que atribuir a la intervención divina.

[…] Se dice que las Escrituras son de inspiración divina, una frase con muchos significados. Pero ¿y si han sido fabricadas simplemente por humanos falibles? Se da testimonio de milagros, pero ¿y si en lugar de eso son una mezcla de charlatanería, estados de conciencia poco familiares, malas interpretaciones de fenómenos naturales y enfermedades mentales? No me parece que ninguna religión contemporánea y ninguna creencia de la «Nueva Era» tenga en cuenta suficientemente la grandeza, magnificencia, sutileza y complicación del universo revelado por la ciencia. El hecho de que en las Escrituras se hallen prefigurados tan pocos descubrimientos de la ciencia moderna aporta mayores dudas a mi mente sobre la inspiración divina.

[…] He conocido muchas personas que se sienten ofendidas por la evolución, que preferirían apasionadamente ser la obra artística personal de Dios que haber surgido del fango por fuerzas físicas y químicas ciegas desarrolladas durante eones. También suelen ser reacios a exponerse asiduamente a las pruebas. La evidencia tiene muy poco que ver con ellos: creen lo que desean que sea verdad. Sólo el nueve por ciento de los norteamericanos acepta el descubrimiento central de la biología moderna de que los seres humanos (y todas las demás especies) han evolucionado lentamente por procesos naturales de una serie de seres más antiguos sin que fuera necesaria la intervención divina en el camino.


Y aquí tenemos una cita en la que explica lo que he intentado decir yo de Einstein, en una entrevista de 1996, en Talk of the Nation. Sagan dijo cuando le preguntaron sobre sus creencias religiosas:

¿Dónde está la evidencia? Ahora, la palabra "Dios" se usa para referirse a una amplia variedad de ideas muy diferentes, quizás desde la idea de un enorme hombre pálido con larga barba blanca que está sentado en un trono en el cielo y lleva el recuento de la muerte de cada gorrión –del que no hay pruebas en absoluto– a la visión de Einstein, de Spinoza, que es esencialmente que Dios es la suma total de las leyes de la naturaleza. Y ya que existen leyes de la naturaleza... si eso es lo que entiendes por Dios, entonces por supuesto que hay un Dios. Todo depende de la definición de Dios".

Dedicado a quienes ven más allá de su matriz y de su ombligo.

1/28/2008 02:11:00 p. m.  
Anonymous Anónimo escribió:

La verdad es que yo no entiendo esa visión que dice que el hecho de desvelar las causas de algo hace que pierda la gracia. Más bien debería ser al contrario, ¿No? Que nuestra mente sea capaz de comprender cómo funciona el Mundo es maravilloso y excitante. El desconocimiento de algo debería constituir una motivación para aprender, y no una fuente de superstición. No creo que los defensores de los misterios dejen de emocionarse ante una obra de arte sólo porque conocen su origen y saben quién la creó. De la misma manera no creo que un determinado fenómeno sea menos emocionante porque se conozca su causa.

Además, en la ciencia cada avance, cada respuesta, genera nuevos y más complejos interrogantes. La emoción no se pierde nunca, siempre se puede avanzar más. Siempre habrá cosas que no sabemos, y descubrirlas no sólo no les hace perder la gracia, sino que las dota de cierto encanto. Al menos esa es mi visión.

Por otra parte, respecto a los científicos y la religión, en los casos concretos que comentas ya ha respondido clara y ampliamente Gerardo. Y en el caso de muchos científicos que sí son religiosos a la manera tradicional de entenderlo... pues bueno, claro que los hay. Pero no debes confundir a los científicos con la ciencia, porque son cosas diferentes. También hay científicos que les gusta el fútbol o la paella, y la ciencia no trata de fútbol o gastronomía.

Que haya científicos religiosos no justifica que la religión -o su religión, en cada caso- sea verdadera. Los científicos son personas, y aparte de desarrollar sus labores profesionales tienen un bagage de creencias y valores que puede tener poco que ver con su profesión. Un científico, como persona, puede ser religioso, machista, antisemita o judeomasónico, y eso no justifica ninguna de esas actitudes ni mucho menos que la ciencia las apoye.

Seguramente a buena parte de los científicos religiosos les surjan no pocas dificultades para cuadrar ciertas ideas, pero si sus creencias están bien arraigadas, pues a fuerza de darles vueltas lo conseguirán. Y es que la cultura tiene muchas veces un peso más importante que la razón y la lógica. Sobre todo cuando hablamos de personas.

Un besito,
Miri

1/28/2008 08:29:00 p. m.  

Publicar un comentario

<< Portada

~~~~~~~~~~~~~oOo~~~~~~~~~~~~~

11 diciembre, 2007

La pseudociencia es distinta de la ciencia errónea (citando autoridades)

La ciencia avanza con los errores y los va eliminando uno a uno. Se llega continuamente a conclusiones falsas, pero se formulan hipotéticamente. Se plantean hipótesis de modo que puedan refutarse. Se confronta una sucesión de hipótesis alternativas mediante experimento y observación. La ciencia anda a tientas y titubeando hacia una mayor comprensión. Desde luego, cuando se descarta una hipótesis científica se ven afectados los sentimientos de propiedad, pero se reconoce que este tipo de refutación es el elemento central de la empresa científica.

      La pseudociencia es justo lo contrario. Las hipótesis suelen formularse precisamente de modo que sean invulnerables a cualquier experimento que ofrezca una posibilidad de refutación, por lo que en principio no pueden ser invalidadas. Los practicantes se muestran cautos y a la defensiva. Se oponen al escrutinio escéptico. Cuando la hipótesis de los pseudocientíficos no consigue cuajar entre los científicos se alegan conspiraciones para suprimirla.

Carl Sagan, El mundo y sus demonios, capítulo primero.


Etiquetas: , ,

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


7 comentario/s (feed de esta discusión):
Blogger Pedro Terán escribió:

"La pseudociencia es distinta de la ciencia errónea"

Ahora sólo falta que oficies una ceremonia de rehabilitación de un pequeño conjunto de científicos a los que "pusiste en su sitio" hace unos meses, y ya nos dejarán volver a entrar en nuestros centros de trabajo.

En fin, nunca está de más lo de reconocer los errores.

12/11/2007 05:55:00 p. m.  
Blogger Gerardo escribió:

Eminente Dr. Terán:

Perdona, pero debo decirte que en aquella discusión precisamente yo defendí mil veces que el error en la ciencia es perfectamente normal, como por ejemplo en estas líneas de un comentario:

Que haya teorías [científicas] que se quedan por el camino es perfectamente normal. Las teorías se han de poner a prueba, surgen muchas, y cuando la realidad las desmiente, caen. Es normal.

El que los enunciados puedan desmentirse por la realidad es precisamente la cualidad que se llama falsabilidad, algo de lo que carecen los enunciados pseudocientíficos. Esta diferencia básica entre ciencia (incluso errónea) y pseudociencia, implícita en mi comentario, es lo que viene a explicar Sagan en la cita. He tratado el tema en otras entradas, y pormenorizadamente en Cuatro tópicos científicos sobre la ciencia.

Si escucharas y leyeras lo que dice realmente la gente, en vez de atribuirles posturas que te inventas por esos prejuicios que te impiden ver la realidad (qué poco científico es eso, Dr.) no hubieses hecho el ridículo en aquella discusión, en la que en ningún momento hablaste con tus interlocutores, sino que te cegaste (como ahora) por los prejuicios, inventándote una caricatura falsa y plana de los escépticos a la que atacar más fácilmente que al oponente real. Recordemos todos aquellos topicazos sacados de la manga, dignos de rivales dialécticos tan toscos como un simple Íker Jiménez (corre a su programa, estará encantado de recibirte), como que los escépticos somos “idólatras de la ciencia” o que creemos que “todo el conocimiento está establecido”. Tampoco hubieras hecho el ridículo ahora con este comentario absurdo en esta entrada, que denota que no la comprendes en absoluto: precisamente, he usado la cita como guiño a los que asistieron a aquella discusión, ya que nos da la razón a mí y los interlocutores que compartían mi postura. Que tú hayas visto lo contrario es lamentable y prefiero pensar que lo tuyo es porque no das para más y no te enteras de nada, algo que te disculparía si no fueras además un personaje presuntuoso y antipático.

Amigos lectores: se ruega no responder a las provocaciones del troll Terán, cuyos comentarios serán totalmente ignorados en este blog de ahora en adelante.

12/11/2007 07:13:00 p. m.  
Blogger Leónidas Kowalski de Arimatea escribió:

Pues por lo pelos, macho. Estaba escribiendo un comentario para pedirle al Sr. Terán que fuera más explícito y terminara de hablar claro, pero ya no va a ser necesario. Es que no sabía por dónde iba.

Respecto a las palabras de Sagan, ¿qué añadir? "Gozo" de un compañero que ante cualquier debate sobre seudociencias o religión acaba acusándome de seguir "el dogmatismo científico". De nada sirve intentar explicarle que "dogmatismo científico" es una antítesis, por las razones que Sagan expone. Ya ves tú, un católico fervoroso, de misa dominical y respeto a la cuaresma, acusando a un ateo de ser dogmático. Tiene cojones la cosa...

12/11/2007 07:28:00 p. m.  
Blogger Javi escribió:

La verdad, Leo, es que últimamente vengo observando mucho este hecho. Supongo que se debe a que cada vez soy más escéptico (sin duda, leer buenos libros como "el mundo y sus demonios" es uno de los principales motivos)pero me parece cada vez más un contrasentido que quienes apoyan las religiones y/o las pseudociencias, se emperren en no entender la notable diferencia entre "dogmático" y "realista".

Bueno, eso Gerardo, que gracias por recomendarmelo. Fue una excelente compra y una mejor lectura.

12/12/2007 05:46:00 p. m.  
Blogger Pedro Terán escribió:

Amigo "ex interlocutor" Gerardo:

Como la ciencia descansa finalmente sobre los datos empíricos, le sugiero el siguiente experimento:

1. Vaya a mi blog,
http://pedroteran.blogspot.com

2. Ponga "íker" (así, con tilde) en el buscador, y déle al botón.

3. Lea, lea, que no es tan malo como dicen.


¿Quién inventa posturas de quién? Porque me parece que el que me ha llamado "magufo de libro" y ha dicho que Íker estaría encantado de recibirme en su programa y, bueno, otras cosas en las que se le fue bastante la pinza, fue usted.

---
Aquí le pongo el fragmento al que me refería, ya que usted no lo encuentra solo. Le contestaba a Miri (que sí que se merece un premio por la paciencia que tiene):

[Y lo que no lo está tan rigurosamente, que pasa mucho, ya ni te cuento...]

Eso no es ciencia, es pseudociencia, sigues metiéndolas falazmente en el mismo saco.

[Lo que te quiero decir con esto es que el método científico, todo y que es bastante rígido, no lo es tanto como nos pensamos, y da mucho margen para interpretar una u otra cosa con los posibles resultados.]

El método científico es válido. Si se emplea mal, que es lo que te estás empeñando en criticar, no es ciencia. Es un error, mala praxis, pseudociencia y hasta charlatanería. Incluso si un error dura 100 años, cuando cae, la ciencia ha funcionado.


Me dice que esto no se contradice con la cita que encabeza mi comentario: "La pseudociencia es distinta de la ciencia errónea". Claro, claro.

Si ya me parecía a mí raro...

12/13/2007 04:25:00 p. m.  
Blogger Andrés Diplotti escribió:

Vamos, Gerardo, deja de una vez de hacer una religión de la ciencia y reconoce que los únicos autorizados a hablar de ella son los que han pasado por el ritual adecuado de investidura.

12/13/2007 06:59:00 p. m.  
Anonymous Anónimo escribió:

Dice Terán, citando a Gerardo:

«El método científico es válido. Si se emplea mal, que es lo que te estás empeñando en criticar, no es ciencia. Es un error, mala praxis, pseudociencia y hasta charlatanería. Incluso si un error dura 100 años, cuando cae, la ciencia ha funcionado.»

Me dice que esto no se contradice con la cita que encabeza mi comentario: "La pseudociencia es distinta de la ciencia errónea". Claro, claro.


Yo no veo la contradicción. La ciencia errónea es una cosa, la mala praxis es otra peor, la pseudociencia es otra aún peor y la charlatanería otra distinta y hasta execrable. Eso es lo que interpreto de lo que dice Gerardo, que está usando una gradación como figura retórica, por lo cual obviamente no se contradice con la frase que citas.

Si ya me parecía a mí raro...

Con razón.

-- Pedro Gimeno

12/14/2007 02:17:00 a. m.  

Publicar un comentario

<< Portada

~~~~~~~~~~~~~oOo~~~~~~~~~~~~~

17 septiembre, 2007

Los sueños por Emilia Pardo Bazán

Emilia Pardo BazánTardó bastante el capellán en dormirse. Recapacitaba en sus terrores y concedía su ridiculez; prometíase vencer aquella pusilanimidad suya; pero duraba aún el desasosiego, la impulsión estaba comunicada y almacenada en sinuosidades cerebrales muy hondas. Apenas le otorgó sus favores el sueño, vino con él una legión de pesadillas a cual más negra y opresora. Empezó a soñar con los Pazos, con el gran caserón; mas por extraña anomalía propia del estado, cuyo fundamento son siempre nociones de lo real, pero barajadas, desquiciadas y revueltas merced al anárquico influjo de la imaginación, no veía la huronera tal cual la había visto siempre, con su vasta mole cuadrilonga, sus espaciosos salones, su ancho portalón inofensivo, su aspecto amazacotado, conventual, de construcción del siglo XVIII; sino que sin dejar de ser la misma, había mudado de forma: el huerto con bojes y estanque era ahora ancho y profundo foso, las macizas murallas se poblaban de saeteras, se coronaban de almenas; el portalón se volvía puente levadizo, con cadenas rechinantes; en suma, era un castillote feudal, hecho y derecho, sin que le faltase ni el romántico aditamento del pendón de los Moscosos flotando en la torre del homenaje: indudablemente Julián había visto alguna pintura o leído alguna medrosa descripción de esos espantajos del pasado que nuestro siglo restaura con tanto cariño. Lo único que en el castillo recordaba los Pazos actuales era el majestuoso escudo de armas: pero aun en este mismo existía diferencia notable, pues Julián distinguía claramente que se habían animado los emblemas de piedra, y el pino era un árbol verde en cuya copa gemía el viento, y los dos lobos rampantes movían las cabezas exhalando aullidos lúgubres. Miraba Julián fascinado hacia lo alto de la torre, cuando vio en ella alarmante figurón: un caballero con visera calada, todo cubierto de hierro: y aunque ni un dedo de la mano se le descubría, con el don adivinatorio que se adquiere soñando, Julián percibía al través de la celada la cara de don Pedro. Furioso, amenazador, enarbolaba don Pedro un arma extraña, una bota de acero, que se disponía a dejar caer sobre la cabeza del capellán. Éste no hacía movimiento alguno para desviarse, y la bota tampoco acababa de caer; era una angustia intolerable, una agonía sin término; de repente sintió que se le posaba en el hombro una lechuza feísima, con greñas blancas. Quiso gritar: en sueños el grito se queda siempre helado en la garganta. La lechuza reía silenciosamente. Para huir de ella, saltaba el foso; mas éste ya no era foso, sino la represa del molino: el castillo feudal también mudaba de hechura sin saberse cómo: ahora se parecía a la clásica torre que tienen en las manos las imágenes de Santa Bárbara: una construcción de cartón pintado, hecha de sillares muy cuadraditos, y a cuya ventana asomaba un rostro de mujer pálido, descompuesto... Aquella mujer sacó un pie, luego otro... fue descolgándose por la ventana abajo... ¡Qué asombro! ¡Era la sota de bastos, la mismísima sota de bastos, muy sucia, muy pringosa! Al pie del muro la esperaba el caballo de espadas, una rara alimaña azul, con la cola rayada de negro. Mas a poco Julián reconoció su error: ¡qué caballo de espadas! No era sino San Jorge en persona, el valeroso caballero andante de las celestiales milicias, con su dragón debajo, un dragón que parecía araña, en cuya tenazuda boca hundía la lanza con denuedo... Brillante y aguda, la lanza descendía, se hincaba, se hincaba... Lo sorprendente es que el lanzazo lo sentía Julián en su propio costado... Lloraba muy bajito, queriendo hablar y pedir misericordia: nadie acudía en su auxilio, y la lanza le tenía ya atravesado de parte a parte... Despertó repentinamente, resintiéndose de una punzada dolorosa en la mano derecha, sobre la cual había gravitado el peso del cuerpo todo al acostarse del lado izquierdo, posición favorable a las pesadillas.

Emilia Pardo Bazán, Los Pazos de Ulloa, final del capítulo decimonoveno.

Etiquetas:

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


0 comentario/s (feed de esta discusión):

Publicar un comentario

<< Portada

~~~~~~~~~~~~~oOo~~~~~~~~~~~~~

28 mayo, 2007

The end of the World - Skeeter Davis




Why does the sun go on shining?
Why does the sea rush to shore?
Don't they know it's the end of the world
cause you don't love me any more?

Why do the birds go on singing?
Why do the stars glow above?
Don't they know it's the end of the world?
It ended when I lost your love.

I wake up in the morning and I wonder
why everything's the same as it was.
I can't understand. No, I can't understand
how life goes on the way it does.

Why does my heart go on beating?
Why do these eyes of mine cry?
Don't they know it's the end of the world?
It ended when you said goodbye.
¿Por qué sigue brillando el sol?
¿Por qué baña el mar las orillas?
¿Es que no saben que es el fin del mundo
porque ya no estás enamorado de mí?

¿Por qué siguen cantando los pájaros?
¿Por qué brillan en lo alto las estrellas?
¿No saben que es el fin del mundo?
Se acabó cuando perdí tu amor.

Por la mañana me despierto y me pregunto,
por qué todo es igual que siempre.
No puedo entenderlo. No, no puedo entender,
como la vida sigue así.

¿Por qué sigue latiendo mi corazón?
¿Por qué mis ojos lloran?
¿Es que no saben que es el fin del mundo?
Acabó cuando me dijiste adiós.


Etiquetas: ,

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


16 comentario/s (feed de esta discusión):
Blogger Leónidas Kowalski de Arimatea escribió:

Suena bien. Tristona, pero grata al oído.

En esta canción, según la Leopedia, se eliminó la última estrofa de la composición original, que decía así:

"Por qué todo el mundo permanece igual / a pesar de sentirme yo tan mal? / ¿Acaso además de patética / seré algo egocéntrica?

5/28/2007 08:58:00 p. m.  
Blogger Gerardo escribió:

A lo mejor la Leopedia es un poquito misógina, je... La letra en inglés no especifica el sexo del sufridor, eso ha sido una licencia mía al traducir. De hecho, la pueden cantar hombres, me suena que Bobby Darin es uno.

Saludos

5/28/2007 09:20:00 p. m.  
Blogger skizo escribió:

¡¡¡Preciosa cancion!!!

Ahora mismo me la bajo.


Saludos!

5/29/2007 01:17:00 a. m.  
Anonymous Anónimo escribió:

¡Oh, FSM! Pero Gerardo, ¿qué te ha pasado? ¿Ahora eres de ese tipo de personas que pone letras de canciones en las entradas de su bitácora? ¿Qué será lo próximo, hablar de la blogosfera, enlazar La cosa húmeda, lanzar memes?

5/29/2007 01:51:00 p. m.  
Blogger Gerardo escribió:

Lo siento, Psico, es que me gusta mucho la canción. Hace poco me topé con esta versión, solo la conocía por una moderna de los Straitjackets. Si fuese una pieza conocida, no la habría puesto aquí; pero al ser casi una desconocida, me pareció buena idea difundir este golden oldie. Pero no te preocupes, mientras no cuelgue mis colonoscopias en Youtube, todavía no estoy perdido.

5/29/2007 03:42:00 p. m.  
Blogger Leónidas Kowalski de Arimatea escribió:

Mwajajaja... Muy bueno, Psicopanadero. Yo también me asusté un poco al encontrarme aquí la canción.En un primer momento pensé que me había equivocado de blog. Debe de ser el blog de una quinceañera que sueña con operarse las tetas y con salir en Factor X, me dije.

Emmm... Gerardo, ¿piensas operarte las tetas y salir en Factor X?

5/29/2007 03:53:00 p. m.  
Blogger Gerardo escribió:

Malditos cabrones... Desde luego, donde hay confianza, da asco.

5/29/2007 04:50:00 p. m.  
Blogger Leónidas Kowalski de Arimatea escribió:

Ay, pichurrín mío, si es que te lo buscas, tontín.

5/29/2007 09:34:00 p. m.  
Blogger Bereni-C escribió:

Mientras no se las opere mediante noesiterapia...

Por cierto, qué letra más triste, ya pensé que te había pasado algo, ain.

5/30/2007 12:36:00 a. m.  
Blogger Gerardo escribió:

No me pasa nada, Bereni-C, aunque gracias por el interés. Que haya puesto esta canción no obedece a ningún exhibicionismo de un estado de ánimo. Es sencillamente que, en la letra, esa negativa del ambiente a responder a la angustia del enamorado me parece una manera original de abordar el tema, va contra el tópico, es una especie de romanticismo realista. Creo que es esa originalidad dentro de su ingenuidad y sencillez lo que la hace triste. Me gusta, solo quería compartirla. Seguro que nadie la conocía por aquí.

5/30/2007 06:57:00 p. m.  
Blogger Leónidas Kowalski de Arimatea escribió:

¿Ves como te lo buscas, Gerardo? ¡Déjame hacer exhibicionismo anímico sin ridiculizarme, jolines! Luego no te quejes si me cachondeo por tus publicaciones melómanas.

5/30/2007 09:43:00 p. m.  
Anonymous Anónimo escribió:

¿Pero no era en el 2012?

5/31/2007 04:50:00 p. m.  
Blogger innes escribió:

Lamento comunicar que la cola más larga en la Feria del Libro de Madrid es la de Iker...

6/04/2007 08:14:00 p. m.  
Blogger Lola escribió:

Gracias, innes, por recordarnos a todos ese sabio refrán que empieza diciendo "50 millones de moscas no pueden estar equivocadas...".

En otras palabras: ¿y?

Lola.

6/04/2007 08:46:00 p. m.  
Blogger Psicopanadero escribió:

Lola, me parece que has malinterpretado lo que el amigo innes quiso decir. Se está refiriendo al patrón universal de medida del ego masculino en categorías infantil, juvenil y juvenil con granos.
Gerardo, te agradezco muy sinceramente que no publiques tus colonoscopias. Todavía no estoy preparado para conocer a una persona tan profundamente. Es más, creo que nunca lo estaré.

6/05/2007 08:57:00 a. m.  
Anonymous Anónimo escribió:

Hola a todos ,he llegado aquí por casualidad buscando la letra de sta canción y solo queria deciros que John Mellencamp hace una version Extraordinaria de esta.100% recomendada.a10

6/21/2007 05:15:00 p. m.  

Publicar un comentario

<< Portada

~~~~~~~~~~~~~oOo~~~~~~~~~~~~~

14 mayo, 2007

Español correcto: indefinido y perfecto

En las españoladas se suele imitar el habla de gallegos o asturianos exagerando el uso del pretérito indefinido en los diálogos del paleto de turno. Un ejemplo inventado:
MAJO ANTIPÁTICO DE LA CAPITAL―. (Le cala hasta las cejas la boina a su interlocutor). ¡Carballeira, moderniza el envoltorio, hombre! ¡Con estas pintas de cateto las chavalas te pasan de largo!
CATETO―. (Con exagerado acento de Lugo). ¡Quieto, hombre, ya me despeinaste! Además, yo ya tengo novia en mi pueblo, ¡una chica decente!

(Entra en la escena, en un seiscientos, la novia del cateto, vestida con la indumentaria que consideraban moderna los productores de cine del franquismo).

GRUPO DE MAJOS DE LA CAPITAL―. ¡Vaya gallega!
CATETO―. (A gritos en plena Gran Vía, estrujando su boina). ¡Carmiña!, ¿pero cuándo viniste a Madrid? ¡Y adónde vas así vestida! (Mirando al cielo desesperado). Ave María Purísima... ¡que se me volvió yeyé!

(El público sufre un ataque de lucidez, quema la sala en un tumulto y huye al extranjero).
      Lo que se suele ignorar es que, aunque por el norte (y en Hispanoamérica) abusemos del indefinido, en el resto de España, y más en Madrid, se abusa del pretérito perfecto. Pero ambos tiempos del indicativo no son siempre intercambiables.

      El pretérito indefinido (también llamado perfecto o ~ perfecto simple: amé) implica que la acción transcurrió y terminó en una franja de tiempo limitada al pasado, sin vinculación con el momento en que se habla. El pretérito perfecto (también llamado antepresente: he amado) implica que la unidad de tiempo en la que comenzó la acción está abierta, continúa en el momento en el que hablamos, o que la acción produce consecuencias en el presente.

      Simplificando, para hablar del ayer, debemos usar el indefinido: Ayer comí cocido gallego, no *Ayer he comido cocido madrileño; para hablar del momento actual, debemos usar el perfecto: Hoy he desayunado chocolate con churros, pero no *Hoy desayuné tarta de Santiago. La misma realidad puede designarse de distinta manera dependiendo de la perspectiva que adopta el hablante: El lunes y el miércoles corrí diez kilómetros, frente a Esta semana he corrido ya veinte kilómetros. Podemos preguntarle a nuestro mecánico ¿Ha llegado ya la pieza que encargué? porque el tiempo de la acción está abierto; pero él puede contestar Llegó el día cuatro por la mañana, una vez que se limita la acción.

      Como sucede con otras reglas, la distinción es subjetiva algunas veces y el uso de estos tiempos se solapa. Incluso en construcciones idénticas, dependiendo de las implicaciones en el presente de la acción pasada, los tiempos pueden cambiar: Luis estuvo en Londres es correcto; pero también Luis ha estado en Londres, pregúntale a él cómo se dice eso en inglés, porque la acción tiene conexión con algo presente. Podemos permitir construcciones como Por la mañana he desayunado café con leche, aunque haya terminado la mañana, debido a que el hablante percibe que está incluida en el día que todavía transcurre; también Hoy desayuné cereales, porque el hablante perciba el hecho en una franja acabada del día en el que se ubica. También se pueden aceptar usos estilísticos como Hace cuatro años que ha muerto mi padre, debido a que el suceso puede enunciarse así como algo que se siente reciente, o Pepa, lo nuestro terminó en cuando te he visto en brazos de ese chulopiscinas, para dar impresión de hecho consumado. El uso del indefinido es correcto también para acciones que tienen lugar en un tiempo tan inmediatamente anterior a aquel en que se habla que es casi presente, y con verbos de pensamiento, como creer o pensar (¡Le di!, Creí que no te molestaría esta pregunta). Sin embargo, hay casos claros de incorrección: ni *Ayer he ido al cine, ni *En mi vida, jamás mentí (a no ser que te comuniques a través de un médium).

      La enorme importancia de distinguir entre los tiempos la podemos ver en este fragmento de La vuelta de Martín Fierro:

A la voluntá de Dios
ni con la intención resisto,
él nos salvó, pero... ¡ah, Cristo!
muchas veces he deseado
no nos hubiera salvado
ni jamás haberlo visto.

José Hernández, estrofa 790 de La Vuelta de Martín Fierro.

      Martín Fierro habla de alguien que los ayudó cuando fueron prisioneros de los indios. Ese he deseado, además de lograr la rima, significa con el perfecto que el gaucho ha preferido, muchas veces a lo largo de su vida, la muerte a su continua desgracia. Si cambiamos el tiempo por un indefinido (muchas veces deseé), la franja de tiempo en que trascurre ese deseo queda limitada al pasado, por lo que se refiere a los momentos en que estuvo cautivo y ya no engloba trágicamente su vida entera. Muchas veces en mi vida he deseado morir frente a Muchas veces en aquel cautiverio deseé morir.

Etiquetas: ,

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


14 comentario/s (feed de esta discusión):
Anonymous Anónimo escribió:

Espanol correcto?, yo no se a que llamarle espanol correcto, sobre todo por que, aqui en America, nadie, absolutamente NADIE utiliza ni conjuga los verbos como alla, en la madre patria, me refiero especificamente a la segunda persona del plural, osea "vosotros=ustedes" para nosotros el decir, por ejemplo: "Vosotros cantais" suena totalmente retrogrado, antiquisimo, obsoleto casi de la epoca medieval, nosotros (y cuando digo nosotros me refiero a tooooda latinoamerica) utilizamos "ustedes" la que es conjugada exactamente igual a la tercera persona del plural, simple, facil y bonito. En cuanto a los tiempos verbales eso cambia totalmente de acuerdo a cada pais, en Chile utilisamos y abusamos del preterito indefinido, en cambio en Peru usan prioritariamente el preterito perfecto, tanto como para describir un tiempo muy muy pasado o reciente, cosa que para mi suena bastante extrano.
Pero a pesar de todas las diferencias, matices y acentos... me quedo con el acento espanol, siempre me gusto, supongo por ser unico en nuestro tipo, me encanta.

Saludos desde el polo norte!

PD:Te dejo un vale canjeable por todos los acentos y "egnes" que adeudo. Aun no logro encontrarlos en este teclado.

5/14/2007 11:42:00 p. m.  
Blogger Gerardo escribió:

Uff... si entramos en matices sobre español correcto, supongo que se podría discutir hasta el infinito sin llegar a gran cosa.

En el caso que ocupa esta entrada, por ejemplo, hablamos de variedades dialectales del español en el uso de estos tiempos, más que de un "español incorrecto", aunque el título de la entrada lo sugiera por contraste. Hay que conocer la norma, pero distinguir entre incorrección y variedades del idioma, que hay que tener cuidado con más de un ignorante que censura usos sin razón.

Me alegro de que te guste el acento español, la verdad es que siempre oí lo contrario. Supongo que es el contraste, a mí me gustan los de ustedes.

5/15/2007 12:10:00 a. m.  
Anonymous Anónimo escribió:

No, no, aunque podemos usarlos con valores estilísticos, el uso del indefinido y del perfecto es, en general, sencillo. Con ya, todavía (no), este mes / año, esta semana / mañana, una vez, dos veces, siempre, nunca, jamás o cuando se sabe que la acción ha ocurrido en el pasado pero no existe ningún indicio del momento –o no se especifica– usamos el perfecto. En el resto de casos, el indefinido o el imperfecto, que tienen más enjundia. Evidentemente he resumido mucho. Cuando me toca explicar en clase el contraste entre indefinido y perfecto prefiero hacer una lista de señales que indiquen el uso de tal o cual forma, no uso la explicación que tú has dado en el post y conste que no quiero decir que no tenga valor o que esté en desacuerdo, ni muchísimo menos, simplemente, por mi experiencia, resulta más cómodo explicarlo de la otra manera, por lo menos en los cursos de principiantes.

Respecto al ejemplo:

Hace cuatro años que ha muerto mi padre.

Supongo que por haberme pasado ocho años dando explicaciones sobre el asunto me parece que es incorrecta, no digo que lo sea, simplemente la corregiría inmediatamente si estuviera en una clase de español.

En:

Ayer hemos comido cocido.

Incorrecta del todo. Ayer, igual que cualquier combinación con pasado / pasada son incompatibles con el indefinido.

En:

Esta semana he corrido ya veinte kilómetros.

Tenemos dos señales de perfecto: esta y ya.

Acabo de sacar mi vena profesoril del todo.

Saludos.

5/15/2007 12:36:00 a. m.  
Blogger Gerardo escribió:

Hola, Óscar. ¡Eso quiero yo, que me discutan un poco, coñe!

El uso es sencillo, efectivamente. Una vez que se ha entendido y asimilado, yo creo que no tiene ningún problema. He querido poner todas las excepciones que conozco y quizá puede haber quedado algo lioso, así, todo de golpe.

En realidad yo creo que decimos lo mismo. El método que tú propones parece un truco para simplificar la enseñanza sin entrar en las razones gramaticales que expongo. Aunque tu método parece por eso demasiado restrictivo cuando en realidad no estemos ante una incorrección, como en el ejempo de Hace cuatro años que ha muerto mi padre, (ese ejemplo lo he sacado exacto de la gramática de Gili Gaya) o en los ejemplos de Luis estuvo en Londres, que son una variación mía sobre lo leído –creo– a Alarcos. Yo creo que es mejor llegar a un nivel de comprensión que ejemplifico en esa mejor interpretación de los versos del Martín Fierro.

5/15/2007 01:34:00 a. m.  
Anonymous Anónimo escribió:

En el norte de España y en parte de Hispanoamérica se abusa del pretérito indefinido, pero en el resto se suele abusar del pretérito perfecto.

5/15/2007 03:16:00 a. m.  
Blogger Leónidas Kowalski de Arimatea escribió:

Me encantan estas entradas tan ilustrativas, pero... JUAS, JUAS, más me ha gustado la posdata en el comentario de Paloma: "Te dejo un vale canjeable por todos los acentos y "egnes" que adeudo. Aun no logro encontrarlos en este teclado." Mwajajajaja...

Me ha recordado a una anécdota leída hace poco no sé dónde (es lo que tiene leer etílicamente intoxicado), y lo pintaban como hecho verídico: Un multimillonario excéntrico, (como suelen ser los tipos adinerados pues la excentricidad es un lujo que no todos nos podemos permitir), y al tipo le da por escribir y pagarse la publicación de una novela. No puso un solo signo de puntuación, pero reservó tres páginas al final llenas de puntos, comas, dos puntos, puntos suspensivos, etc., con la sugerencia de que el lector los repartiera como creyera conveniente.

Lo del millonario no tiene mérito. Cuando se va sobrado de pasta estos disparates no suponen heroísmo, pero lo de Paloma, a la que no creo multimillonaria, ha tenido su gracia.

(Y este cabeza de chorlito, como casi siempre, centrándose en anécdotas secundarias sin entrar en la entrada, valga la rebuznancia).

5/15/2007 06:48:00 p. m.  
Anonymous Anónimo escribió:

No, no, no digo que el ejemplo esté mal, sino que en clase de ELE, si es un curso de principiantes, lo corregiría para que el uso quedara bien claro, que no hay peor situación que encontrarte un ejemplo en el libro de texto que rompe la regla que anteriormente has expuesto. Así que corrijo salomónicamente y el que les dé clases de nivel B2, que se apañe (que en ocasiones he sido yo mismo). La regla que yo ofrezco es para simplificar el uso, no quiero amargarles la existencia a los estudiantes.
El orden en el que se suele avanzar en el estudio de las formas verbales es:
1. Perfecto.
2. Indefinido.
3. Contraste perfecto – indefinido.
4. Imperfecto.
5. Contraste imperfecto - indefinido (el tema pesadilla).
6. Contraste perfecto - indefinido - imperfecto.
7. Pluscuamperfecto y contraste con los anteriores.
8. Imperativo positivo, negativo y con pronombres (horror de los horrores).
9. Subjuntivo (formas del presente).
Y luego pasas al imperfecto de subjuntivo y a las condicionales, que son un trauma, palabrita, porque eso de tener que explicar que el condicional es el futuro del pasado, que el imperfecto de subjuntivo da cuenta de un hecho que no ha ocurrido pero para el que objetivamente se daban todas las condiciones y que el futuro perfecto expresa una hipótesis anterior al presente, también tiene su miga. Pero al llegar a ese punto los estudiantes disponen de vocabulario suficiente como para poder explicar todos los matices y muchos de ellos están motivados como para tragarse cualquier explicación de este tipo. Sin embargo, cuando un alemán estudia español y acaba de aprender el perfecto, el indefinido ya le parece complicado como para andar rompiendo reglas de uso. Así que con el tiempo he llegado a la conclusión de que es mejor ofrecer una regla simple aunque inexacta.

Los ámbitos de aplicación de nuestras reglas es diferente, simplemente.

Perdón por el rollo que he soltado y por haberme desviado del tema.

PD: Leónidas, anda, dime el nombre del millonario.

5/17/2007 01:30:00 p. m.  
Anonymous Anónimo escribió:

Anoche vi tu blog (este blog) en televisión, Gerardo. Creo que deberías escribir otro artículo de opinión, como con la mención en la PC Today, para afianciar tu estatus :)

5/17/2007 02:42:00 p. m.  
Blogger Leónidas Kowalski de Arimatea escribió:

Hola.

Aquí tienes, Omanero: Lord Timothy Dexter. (Me ha costado lo mío encontrar el nombre, pero gracias a San Google ya sé que lo leí en el blog Fogonazos y que no fueron tres, sino página y media las que dejó llenas de signos de puntuación).

Psicopanadero, ¿Bajo el Volcán en televisión? Caray, qué nivel. Poneos guapos, muchachos. Al final se nos van a cargar la incorruptible humildad de don Gerardo. Ya estoy viendo los titulares de prensa: "Un blog notable entre la mediocridad de la Red" (El Mundo), "Bajo el Volcán apesta" (revista de divulgación científica Más Allá), "Gerardo García-Trío salta a la fama, da tres volteretas en el aire y cae de pie" (La Voz del Mudo), "Gerardo García-Trío se casa con Pamela Anderson" (Diez Minutos), Gerardo García-Trío se divorcia de la Anderson y se casa con la Pfeiffer (Semana), "Con las dos de antes Gerardo García-Trío se monta un trío (Aquí hay Tomate)...

5/17/2007 03:30:00 p. m.  
Blogger Gerardo escribió:

Sí, Óscar, ya suponía que te referías a las clases de español que impartes. Ya leí en tu blog sobre algún alumno alemán cabecicubo y contestatario...

Efectivamente, Psicopanadero y Léonidas, este blog salió en Fenómenos, concretamente, el Kit de Teleplastias ACME, y después hicieron unas teleplastias con el método Máñez, con sus plaquitas de hormigón y todo. Me lo grabó mi madre, que es la que me saca las castañas del fuego con estas cosas y... (perdón, estoy equivocando el tono que debe adoptar todo un referente mundial) Quería decir que mi representante me grabó el programa; pero para desilusión de mis miles de fans y alegría de mis cientos de envidiosos justificados, no tengo manera de digitalizarlo de la fuente VHS para ponerlo en el blog. Si consigo una copia, lo pondré aquí usando you tube o google. Y bueno, amigos, tengo que dejaros, me reclaman mis exaltadas grouppies...

PD: No estoy pasando mucho tiempo en casa y no puedo atender mis obligaciones interneteras como suelo. Siento la tardanza en contestar.

5/18/2007 09:53:00 p. m.  
Anonymous Anónimo escribió:

Si consigues un DVD grabador (y con esto no quiero decir que vayas a una Tien 21, asfixies (una forma angustiosa de morir/matar, pero limpia al fin y al cabo) al dependiente, le quites las llaves para cerrar la puerta de la tienda, te lleves su cuerpo al almacén, lo descuartizes en nueve (9) partes, con cuidado de colocar antes del proceso plásticos por todas las zonas que potencialmente podrían mancharse y cambiarte de ropa para ponerte un más formal y aséptico mono, guantes de plástico y algo para cubrirte la cara de las salpicaduras, enrolles cada trozo con plástico para que no chorreen y después con papel para que no se vean, disemines el cadáver por diferentes partes de la ciudad, vuelvas a la tienda y robes un DVD grabador), se podría hacer una copia de VHS a DVD del mismo modo en como se hacían antes con dos videos... ejem... copias de seguridad para uso privado de las cintas del videoclub :)

5/20/2007 11:02:00 a. m.  
Blogger Gerardo escribió:

Si puedo, lo haré, aunque no sé por qué se ha grabado en blanco y negro cuando otras grabaciones salieron bien (?). (Por cierto, lo malo de publicar tu modus operandi es que si algún día das rienda suelta a tu vena artística te pillan en un pispás con una búsqueda en google.)

5/21/2007 12:21:00 a. m.  
Anonymous Anónimo escribió:

Pues a mí me encanta escuchar el pretérito perfecto. Un ejemplo claro en el famoso video de Edgar: Edgar se cae al río y se oye al otro chaval diciendo "ah, te bañaste..."; o cuando ayudas a alguien en un foro y te dicen "gracias, te pasaste!"

5/27/2007 01:06:00 a. m.  
Anonymous Anónimo escribió:

O este ejemplo de Mauricio José del blog Charlatanes:

"Querido diario: el mundo se fue al carajo ayer, pero hoy regresó y la verdad no quisimos ni preguntarle qué pasó por no ponerlo de malas..."

Mucho mejor que los aburridos "ha regresado" y "no hemos querido". :-)

5/27/2007 01:09:00 a. m.  

Publicar un comentario

<< Portada

~~~~~~~~~~~~~oOo~~~~~~~~~~~~~

04 mayo, 2007

Los caras de Bélmez

Javier Cavanilles y Francisco Máñez presentan hoy en Valencia (qué lejos, maldita sea) su libro Los caras de Bélmez, editado por RiE. Para quienes no los conozcan, diré solamente que Francisco es el descubridor del famoso método Máñez que se usó para falsificar las nuevas caras de Bélmez, como Javier Cavanilles, el otro autor, denunció en su día en el periódico El Mundo. De aquellos polvos, y tras dos años de investigación y trabajo sobre caras nuevas, viejas y también algunas muy duras, vienen estos lodos.

      Sin haberlo leído todavía, puedo adelantar, por lo que conozco a los dos y el trabajo que han venido haciendo, que será el libro más completo y serio que se haya escrito sobre las caras de Bélmez. Y digo serio por su rigor fuera de duda, porque ―también por lo que conozco a los dos y el trabajo que han venido haciendo― estoy también seguro de que la lectura de Los caras de Bélmez me hará saltar las lágrimas de la risa más de una vez.

      Para prever esto último, no hay más que ver la portada y el anuncio del libro que han hecho. Insuperable, necesito este libro.
LOS CARAS DE BÉLMEZ

¿Fue un fraude el mayor fenómeno paranormal de la Historia de España?

TronchanteSobre los autores de Los Caras de Bélmez la crítica ha dicho:

“(…) Probablemente porque hacen de payasos listos tan metidos en la piel del personaje, que se creen listos de verdad en lugar de payasos”. Prof. Jiménez del Oso

“Un poco de sentido crítico. No todo es casual. Hay que ver quién escribe las cosas, a que asociación puede pertenece, y qué motivación hay en todo esto, que es desprestigiar. No porque aparezca en Internet va a ser cierto. Habitualmente los libros tienen mucho más valor”. Iker Jiménez (Periodista)

“Hay mucho tonto en este mundo porque piensan que cualquier cosa se puede hacer con un simple dedo o un pincel, y por supuesto digo tonto sin carácter despectivo ni en tono de insulto, simplemente como matiz”. Pedro Amorós (Presidente de la SEIP)

“El pleno municipal [de Bélmez de la Moraleda] aprobó ayer por unanimidad de todas las fuerzas políticas emprender acciones legales”. Europa Press

“[Contra ellos] se puede ir por la vía penal (ya hablo de memoria, creo que es un año de prisión y un millón de pesetas) y por lo civil (que fácil puede subir de los cinco)”. Bruno Cardeñosa (Ufólogo)

“En la actualidad podemos verles (quien tenga ese gusto) en los foros, chats, etc... intentando que sus nombres no queden donde están: en la basura”. Pedro J. Fernández (Investigador)

Etiquetas: , ,

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


4 comentario/s (feed de esta discusión):
Blogger skizo escribió:

¡¡Yo tambien lo necesito!!

EN cuanto me acabe el Espejismo de Dios de Dawkins y un par de novelas que tengo pendientes, voy a por el :)


Saludos desde Girona :)


Skizo

5/05/2007 01:14:00 p. m.  
Anonymous Anónimo escribió:

La crónica de la presentacion del libro, con algunas fotos, la he visto en http://ojo-critico.blogspot.com y promete. Felicidades.

5/07/2007 01:43:00 a. m.  
Anonymous Anónimo escribió:

Entrevista con los autores en:
www.adimensional.info

5/09/2007 08:41:00 p. m.  
Anonymous Anónimo escribió:

Agradezco la publicidad, pero para que no hayan dudas, yo si me identifico.
Felicidades a los autores y animar que escuchen el programa donde se les entrevisto el jueves 03/08/07
Saludos
Paco Calahorro

5/09/2007 10:28:00 p. m.  

Publicar un comentario

<< Portada

~~~~~~~~~~~~~oOo~~~~~~~~~~~~~

18 abril, 2007

El asesino múltiple americano

[...] En cierto momento de su vida, el futuro asesino experimenta una especie de crisis social interna al darse cuenta de que no puede ser lo que desea ser, de que no puede vivir su versión particular del sueño americano. Cuando los asesinos alcanzan ese punto crítico existencial, ya está plantada la semilla para una explosión de venganza asesina. A veces sus motivos son enteramente conscientes (como en los casos de los francotiradores de Washington, o de Essex, Bundy y Panzram), mientras que, en otros casos (como Berkowitz y DeSalvo), son apenas vagamente percibidos. En cualquier caso, es la ambición irrealizable la que los mueve a emprender una especie de asalto subpolítico y personal contra la sociedad, apuntando siempre a la clase o grupo que según ellos los oprime o excluye. Algunos necesitan una justificación mínima para sus actos, obtienen un alivio temporal para su rabia con las matanzas y luego «olvidan» o compartimentan sus recuerdos, como cuando DeSalvo decía: «Yo estaba allí, la cosa pasaba, y, sin embargo, si hablaba conmigo una hora después, o media hora después, aquello no significaba nada». Por su parte, otros construyen elaboradas racionalizaciones intelectuales (Panzram) o espirituales (los demonios de Berkowitz) para explicar y justificar sus homicidios. Sólo unos pocos (como, por ejemplo, Joseph Kallinger y Herbert Mullin, de California, que asesinaba para «impedir terremotos») se despegan tanto de la realidad convencional que construyen sus propios universos, entrando así en ese estado que los psiquiatras denominan locura.

      Sin embargo, lo que todos ellos organizan es una especie de nivelación social, en la que reescriben el universo para incorporarse a sí mismos. Nadie expresó esto más claramente que Starkweather cuando dijo: «Los muertos están todos al mismo nivel». Todos parecen comprometidos en el mismo proceso de afirmar su «masculinidad» castigando a inocentes; en ese sentido, recrean el sistema industrial deshumanizado de una forma que les otorga una posición de primer orden. Cien ojos por ojo. No es ni mucho menos la primera vez en la historia humana que los que se vengan exceden con mucho el grado de agravio original. Tampoco dan forma los asesinos a su misión en una especie de vacío particular y carente de asesoramiento, pues la cultura más amplia les infunde, cual mensaje cifrado, respeto por el alarde violento –una constante especialmente importante en los mensajes de los medios de comunicación a la clase trabajadora–, toda vez que la rápida disponibilidad de materiales estimulantes en libros, revistas, películas, cintas de vídeo e Internet les enseña a relacionar su lujuria con la violencia. Si nos cargaran con la responsabilidad de diseñar una sociedad en la que todos los mecanismos estructurales y culturales propiciaran la creación de asesinos de desconocidos, no podríamos hacer nada mejor que presentar al cliente el molde de los Estados Unidos de hoy.

Elliot Leyton, Cazadores de humanos, el auge del asesino múltiple moderno (un clásico de la criminología).

Etiquetas: , ,

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


3 comentario/s (feed de esta discusión):
Blogger Gerardo escribió:

Para puntillosos y otros policías del idioma: la RAE acepta americano como sinónimo de estadounidense, escogí este adjetivo por ser más cercano a las expresiones que pretendía evocar: sueño americano, estilo de vida americano, etc. Es que hay que explicaros todo, jolín.

4/18/2007 12:42:00 p. m.  
Anonymous Anónimo escribió:

hoy día se banaliza mucho la violencia, vivimos en la sociedad del pánico y se cultiva el egocentrismo y el individualismo. Como consecuencia, se nos enseña a dormir la natural empatía del ser humano cuando sea necesario conseguir algo para lo que ésta nos estorbe. El problema es que a algunos se les duerme para siempre, y poner un arma en este tipo de manos sólo puede traer las consecuencias que observamos de vez en cuando en las noticias.
Una puntualización: violencia ha habido siempre. El ser humano es violento, y casi todas las civilizaciones se han visto tarde o temprano envueltas en sangrientas guerras. La diferencia es que, mientras que antiguamente la violencia perseguía unos fines, actualemente asistimos a un auge de la violencia gratuita. La violencia por la violencia, que no obedece a ninguna causa.
Saludos,
Miri

4/23/2007 08:18:00 p. m.  
Blogger Gerardo escribió:

De nuevo volvemos a la educación. Los expertos (algunos estadounidenses como Jonathan Pincus) informan de que para evitar que se formen sin parar personalidades como la de este asesino es eficaz y económica una política de prevención con ayudas sociales, mejora de la educación, protección del menor y monitorización de las familias en grupos de riesgo (todo esto está muy estudiado); pero se prefiere seguir con la desprotección social, la política de castigo tras el crímen (que está claro que no disuade a un psicópata) y la cultura de violencia que, precisamente, es el caldo de cultivo de estos actos entre otras cosas.

4/24/2007 10:17:00 a. m.  

Publicar un comentario

<< Portada

~~~~~~~~~~~~~oOo~~~~~~~~~~~~~

15 abril, 2007

Cuentos de espantos III, relatos escépticos de Manuel José Othón

Y aquí, por fin, la última historia de nuestro escéptico Othón. Sobre el nahual, una especie de hombre lobo prehispánico.

EL NAHUAL

I


El coyote somos todosDesde muchas horas antes de amanecer andaba en el monte, guiado por un mocetón fuerte, nervioso y esbelto que conocía la sierra con todas sus entradas, salidas y vericuetos. Eran aproximadamente las once de la mañana. El sol se derretía en chorros de fuego, y el cansancio y el hambre habíanme agobiado de modo tal, que determiné no continuar más en pos de los venados, único objeto con que saliera del rancho, no muy cercano de nosotros a esa hora, pues ocho largas hacía desde que empezó nuestra cinegética expedición.
      Como se me asegurara desde la noche anterior que, a poco de correr y de trasmontar las primeras colinas donde empezaban a elevarse los enormes estribos de la sierra, habríamos de encontrar dos partidas de venado que campeaban en unos sembradíos de cebada, a la orilla de las ya pizcadas labores de maíz que desde las casas divisábamos, me conformé, al levantarme, con un jarro de café negro, buen trago de aguardiente y unos cuantos bocados de pan. Así es que, después de tantas horas de ejercicio, me hallaba completamente desfallecido. Y lo peor del caso era que mi tenacidad y mi empeño no obtuvieron compensación ni recompensa alguna, porque de las codiciadas reses no encontramos sino las huellas, y no frescas por cierto, pues las más recientes acusaban el paso de la partida con una antigüedad de varios días.
      Aunque del rancho había salido a caballo, tuve que dejarlo atado a un tronco donde la senda que teníamos que remontar era tan empinada y abrupta, que no dejaba paso a la cabalgadura. Mi conductor iba a pie; pero ahí se las dieran todas, pues no parecía sino que se paseaba por ameno prado y que la roca viva sobre que se abría el sendero era una suave rampa de mullidísima alfombra tapizada.
      Rendido, pues, de tanto andar sin provecho ni esperanza de alcanzarle, ya que a las horas del sol todos los animales montaraces van a sestear sombreándose en los sitios más apartados y ocultos, determiné, como he dicho, poner fin a mi tarea y regresar al rancho, donde, después de confortar el estómago y dar descanso al cuerpo, enderezaríamos hacia otro rumbo nuestra expedición, pues yo soy tenacísimo e infatigable cuando de montería se trata, y no le doy punto hasta que logro derribar siquiera una pieza de las que me propongo perseguir.
      Bajamos de la montaña, y aunque el descanso era penoso por lo empinado y áspero de la cuesta, hicímoslo con rapidez suma, hasta llegar al sitio donde el caballo esperaba despuntando pacientemente las pocas hierbas que estaban a su alcance. Mientras nos ocupábamos en enfrenarle y apretar el cincho de la montura, acertó a pasar cerca de nosotros un arriero que sobre menguado macho rucio recorría gran extensión de la sierra vigilando, según me dijo, diversas pastorías que bajo su cuidado estaban. Enterele del objeto que por aquellas asperezas nos traía y nos manifestó, con grande contentamiento mío que me hizo palpitar el corazón y hasta olvidar en un instante las pesadas fatigas, que no lejos del lugar donde nos encontrábamos acababa de ver, hacía una hora escasa, las dos partidas de venados que iban a refocilarse con la cebada de los vecinos sembradíos; que seguramente habríamos de dar con ellos cuando la tarde empezase a declinar; y por último, se ofreció el buen rabadán a conducirme él mismo al sitio donde todos los días sin faltar uno, y al salir o ponerse el sol, los deseados antílopes se dejaban ver sin recelo alguno, pues mucho tiempo hacía que nadie les daba caza. Ante tan halagadora perspectiva, me resolví, sin vacilar, a quedarme en el punto donde me encontraba, que un bosque de encino y palo blanco cubría del sol, desparramando en torno plácida frescura.
      Ordené a mi guía ir al rancho y traerme lo que más pronto y a la mano encontrase de comer y, aunque le ofrecí con insistencia el caballo para mayor rapidez y comodidad, no lo consintió en manera alguna e hízome ver, probándolo hasta la evidencia, que más pronto y mejor llegaría en el caballo de San Francisco, pues cualquiera otro le incomodaba y servíale de estorbo solamente. Dejele hacer. Le vi bajar la última colina, echar por un atajo y perderse después a lo largo de los barbechos en los abandonados laboríos. Quedé solo con el baciero informándome de todo lo que a la caza por aquellas montañas se refería, y siendo satisfactorias por demás sus informaciones, supliquele con el más grande encarecimiento no dejase de volver para acompañarme a la ronda de las tan decantadas partidas. Me lo prometió de la mejor voluntad, asegurándome regresar a poco, pues sólo tenía que ir a "echar un vistazo" al hato más próximo, que se encontraba distante una pequeña legua.
      Dos escasas me separaban del rancho; así es que, dada la destreza y actividad de mi guía, antes de dos horas esperaba su regreso, y entretanto me aparejé a descabezar un sueño sobre el reseco zacatal del monte. Como busqué la mejor posición, la que tomé al echarme permitíame abarcar con la mirada inmensa extensión de la llanura que se perdía al pie de la tendida falda donde reposaba, la cabeza en alto y el cuerpo descendiendo, según la suave ondulación de la pendiente que me servía de lecho. Estaba ya completamente solo: el caballo atado muy cerca y mi carabina Winchester apoyada en un encino al alcance de la mano.
      El sol del mediodía clavaba sobre la tierra gris sus estiletes de lumbre, que, al atravesar la atmósfera candente, vibraban cual moléculas de oro fundidas en el inmenso crisol del espacio.

II

      Regalado bienestar inundome al sentir en mis miembros el contacto fresco de la sombreada tierra. Entorné los ojos para librarlos de la lejana reverberación del campo. Pero a poco empezó a relievarse el dilatado panorama, profundo y vario al propio tiempo en su monotonía misma, pues un detalle, un accidente baladí que surgiera de pronto en cualquier punto del paisaje, imprimíanle admirable diversidad, perceptible claramente al ojo experto en semejantes contemplaciones.
      La planada se extendía tersa y bruñida por la pesada y aplastante onda abrasadora del sol, haciéndola brillar en la lejanía con un espejismo áureo y trémulo que inmensas lagunas y refrigerantes corrientes semejaba. Los surcos del abandonado barbecho aparecían como cintas donde el oro del sol se decoloraba en cobres profundos y apagados, y las duras glebas, lo mismo que las cepas de los rastrojos, reverberantes y policromas, figurábanseme enormes gemas de una caprichosa y nunca imaginada pedrería.
      Hasta donde la vista alcanzaba se tendía la llanura, recortándose, allá muy lejos, por la inmensa mancha verde y cenicienta del mezquital, en cuyo medio se asentaban las rancherías. Más cerca y en el centro de algún campo labrantío, desnudo ya de su pompa, surgían enhiestas y rígidas las secas cañas, de donde la mazorca fue arrancada, como rojas espadas centelleantes, y aquí y allá se amontonaban gigantescas hacinas de rastrojo, fulgurantes al sol cual monumentales edificios de oro puro. Por otro lado, y rompiendo la monotonía gris de la planicie, sola y aislada, a grandísimas distancias, surgía de la tierra la nota verde clara de copudo mezquite, como un enorme broche de esmeralda; y más acá, ya muy cerca de mí, a derecha e izquierda corría en interminable sucesión la no interrumpida cadena de colinas y laderas festoneadas de vegetación que se levantaban gradualmente sobre el terreno, hasta empinarse en las titánicas moles de la cordillera que atrás había dejado. Y arriba, muy arriba, altos, altos, manchando el esmalte azul del espacio, negrísimos y profundos, revoloteaban los cuervos solitarios, con vuelo sosegado y solemne, como trágicos gérmenes de tiniebla que buscaran un sitio para clavarse en la esplendorosa inmensidad, del éter incendiado.
      Recogiendo la vista, fijela en un punto de la llanura y descubrí, en medio de manchones de maleza, los jacales de una estancia, cercados por apretada hilera de magueyes y tardones: podía distinguir apenas las tapias de adobe con sus tejados de palma. No había señal de movimiento y vida en aquella mansión, y una tristeza, vaga y honda al mismo tiempo, la rodeaba por todas partes.
      Ya he dicho en otra vez que el campo es triste, siempre triste, inmensamente triste; y hay la singularidad de que la penetrante impresión de melancolía que produce es tan augusta en la mediación del sol como en el peso de la noche. Siempre existe cierta lobreguez en la majestad de esas dos horas; sólo que no hay en la del mediodía el horror que por la noche tanto perturba el ánimo y lo amedrenta. Pero el que se encuentra en la soledad de los montes cuando el sol toca en el cenit, siéntese sobrecogido perpetuamente por el infinito y perdurable misterio de la Naturaleza. Y si el paisaje que se desarrolla ante los ojos es dilatado, monótono y salvaje, entonces el alma va a ampararse en la sagrada tristeza, como los picos más encumbrados de las montañas se empapan en la suprema frialdad de las eternas nieves.
      Aunque lo procuré con todo empeño, no pude dormir. El campo, cuando no hay un objeto que divierta mi espíritu de las cosas comunes de la vida, prodúceme a menudo cierta embriaguez estática, o más bien dicho, una borrachera en que me sumerjo plácidamente hasta llegar, a fuerza de abstraerme en la meditación contemplativa, a ese punto muy semejante al Nirvana, que el inolvidable poeta describió en un verso de penetrante intensidad al preguntarse:

      "¿En qué pensamos cuando no pensamos?"...

      Estaba, pues, llegando a ese estado espiritual, cuando un accidente súbito me despertó de mi marasmo. En la estancia que juzgué solitaria y que se aparecía como a un cuarto de legua, vi revolotear, tras el cercado de magueyes, muchas aves de corral que en confuso desorden y apresuradamente pugnaban por eludir un peligro. Al mismo tiempo aparecieron en el boquete que servía de puerta al solar, dos mujeres que agitaban los brazos con ademanes y aspavientes desesperados; y tales gritos lanzaban, que llegaron perceptiblemente hasta mis oídos. Y en aquel propio instante, un animal que pude distinguir a la distancia y acababa de saltar el cercado perdiéndose entre los matorrales del montecillo, apareció de pronto en plena llanura, corriendo rápida y derechamente hacia el sitio donde yo me encontraba. Dos perros ladrones furiosos le seguían, pero sin lograr alcanzarle, y, desalentados y rendidos, fueron quedándose atrás uno de otro, ya sin intento de continuar la persecución. Todo esto duró algunos minutos. Yo me había incorporado sobre el brazo derecho y al través del ramaje observaba atenta y cautelosamente. El animal perseguido que con su ligereza lograra burlar la furia de sus enemigos, era un coyote grande y peludo, y en el hocico traía una gallina negra que agitaba las alas cacareando lastimosamente. A cada instante se acercaba más a mi puesto, y calculando yo que no tardaría en estar a tiro, eché mano a la carabina y me apercibí a aguardar en acecho aquella a quien ya consideraba por segurísima presa. Mas cuando el animal iba a ponerse a mi alcance, con la singular astucia de que está dotado, adivinó sin duda mi presencia, por los movimientos que hice necesariamente al tender el arma para encañonarle y disparar en el momento que le tuviese bien enfilado.
      Y repentinamente el coyote torció el rumbo hacia mi derecha y a todo escape se lanzó atravesando los barbechos con dirección al cerro. Y con la misma rapidez me puse en pie; y desamarrar el caballo y ponerme de un salto sobre la silla, obra fue de un solo instante. Y desatentado bajé por la colina como si a despeñarme fuera, enderezando la carrera en pos de la escapada bestia, a quien traté desde luego de atajar, cortándole el camino que hacia la montaña proseguía. Mucho alcanzó a aventajarme en tan cortos momentos; pero mi caballo era ligerísimo, estaba descansado y el coyote no podía correr mucho por la planicie sin que presto le diera alcance. Varias ocasiones había emprendido con éxito persecuciones semejantes; así es que abrigaba la seguridad de cansar al malvado y ladrón raposo a quien juré hacer pagar con la muerte todos sus merodeos.

III

      Alcanzaba, por fin, a cortarle terreno. La distancia iba menguando. El coyote había tomado por un atajo que hacía larguísima cerca, de piedra encaminaba. Tal cerca no fue descubierta por mí sino en aquel momento. Dividía las llanuras labrantías de los cerros, formando dos potreros. Era bastante elevada y corría en línea recta, subiendo y bajando sobre la falda, según las ondulaciones del terreno. Al pie del lienzo y paralelo a él, hundíase un vallado poco profundo y cegado en partes por las corrientes de la sierra. Por allí seguía desaforado el coyote, y yo tras él no cejaba un punto. Pero evidentemente que si el fugitivo alcanzaba a saltar cerca y vallado, se remontaría por los cerros, ocultándose entre los mogotes que, salteados aquí y allá, en el declive de la falda, iba espesándose más y más, a medida que la montaña se empinaba. A evitarlo a todo trance corría yo desalado y lograrlo creía antes de mucho, pues por dos ocasiones el bermejo canino se detuvo fatigado, sentándose sobre los cuartos traseros y dirigiendo hacia mí sus orejas rígidas y el agudísimo hocico que constantemente atenaceaba sin piedad a la pobre gallina, ya casi exánime, a juzgar por las ligerísimas convulsiones en que se agitaba. Y en esas dos ocasiones intenté disparar haciendo blanco al detener de súbito el caballo; mas el astuto animal emprendía de nuevo e instantáneamente la rápida carrera obligándome a seguirle siempre a todo lo largo de la cerca.
      Y a cada momento me acercaba. Unos cuantos más, y tenía la seguridad de fusilarle a mansalva, pues el coyote iba debilitándose según se echaba de ver en lo flojo de la carrera y por la desesperada ansiedad con que buscaba la salida por cualquier parte. Yo estaba ya jadeante y trémulo por el ardor de la persecución que de frenético estímulo me servía Un instante, un solo instante, y la presa era segura. Veíale el rojizo pelambre enmarañado e hirsuto y la esponjada cola casi barriendo el suelo y medio escondida entre las ancas...
      Y de repente, en un solo punto y de un solo golpe, el animal saltó por oculto brincadero de la cerca, donde sin duda los leñadores o los cuatreros habían rodado las piedras para abrirse se paso y comunicación entre las dos dehesas.
      Quien se haya encontrado en lance parecido, podrá figurarse la desazón y descorazonamiento que sentí de súbito. La cólera y el despecho invadiéronme de tal manera que me propuse disparar todos los tiros de mi carabina sobre la solapada bestia que así me había burlado, apenas la divisara a la otra parte del lienzo, pues pensar en seguirla era pensar en lo excusado, y poco menos que imposible hacer brincar el caballo por aquel portillo, practicable sólo para los peones y animales monteses; e intentar la persecución a pie era casi una locura, por lo duro, sinuoso y empinado de la vertiente. Así es que paré de pronto el caballo y me apercibí a hacer fuego en el instante en que el coyote apareciera al otro lado de brincadero, lo cual tenía que suceder forzosamente, y en un momento, sin que lograra esconderse entre los mogotes, que en aquel sitio eran ralos y dejaban claros suficientes para poder dar caza a una pieza mucho más pequeña que la que se me había escapado.
      Desde el punto en que me encontraba, a menos de cincuenta pasos del brincadero, descubríase buena extensión de terreno por ambos lados de la cerca, que precisamente a corta distancia y por la parte interna se torcía en ángulo obtuso siguiendo la irregular pendiente de la montaña, lo que me permitía ver cualquier objeto que se moviera al pie mismo de la provisional muralla. Y es el caso que transcurrieron segundos, minutos, sin que el decantado animal apareciera. Desde el caballo dominaba yo todos los lugares por donde podía surgir de pronto, aun a largo trecho, y aunque contra las piedras de la cerca se deslizara intentando incrustarse en ellas, a verle alcanzaría siguiéndole con la vista por todas las veredas. Confundido hallábame y "mistificado" casi con aquella desaparición repentina.
      La bóveda, antes azul, del cielo estaba roja y el sol se desbarataba en cataratas de lumbre sobre la extensión bravía. Allí el monte era yermo: abajo la inmensa sabana de tierra candente; arriba las estribaciones de la cordillera, manchadas a veces por el chaparral ceniciento, cubiertas a trechos por los peñascos calizos que rodaron los siglos desde la montaña, como enormes osamentos de una raza monstruosa; y entre aquellas dos arideces, el cercado de piedras calcáreas de abrasadora blancura y que en sinuosísima curva iba siguiendo los accidentes de las laderas desoladas. Eché pie a tierra, desaté el cabestro, y llevando de él a mi cabalgadura, dirigime al punto mismo del brincadero donde la cerca aparecía como una gigantesca mandíbula, monda y desdentada.
      Por ese lugar precisamente había saltado el coyote y desaparecido, sin que a verle volviera en todo aquel espacio. Trepé por las piedras rodadas del brincadero, siempre llevando del ronzal a mi caballo, y cuando estuve en la medianía del boquete, me asomé al lado opuesto del potrero buscando en el suelo las huellas que el animal hubiera dejado... Y en este punto, protesto y juro que el pasmo y la admiración dejáronme de un golpe y de una sola pieza, parado, confuso y aturdido. Al pie del muro de cantos sueltos de que la cerca estaba compuesta, acurrucado, hecho un ovillo, en informe montón que se encogía sobre sí mismo, un viejecillo desmedrado, sucio hasta la repugnancia, apareció a mis atónitos ojos, que todo esperaba encontrar, menos semejante engendro de asquerosidad a quien apenas podía considerarse como un ser humano. Las rodillas finas y puntiagudas, ceñidas por los brazos en apretado nudo, como por dos cobrizas serpientes, escuálidas y viscosas. El descubierto cráneo, coronado por hirsuto greñal de mechas grises, descansaba sobre aquel infame nido que los codos y las choquezuelas formaban, y todo el conjunto aparecía cubierto por inverosímil envoltura de andrajos nauseabundos. Los desnudos brazos y las piernas, tan canijos y descarnados como los de una momia, tenían el color grasoso y oscuro del café tostado; y en tal apariencia y postura, el vejete semejaba un fakir indio sumergido en la estúpida somnolencia de su contemplación. A su lado descansaba en el suelo, boca abajo, un viejísimo sombrero de palma, alto de copa, agudo y abollado. Y la inmovilidad de toda aquella maza vil, cuasi informe, infundiome de pronto estupor tal, que no acerté a tomar por largos momentos resolución alguna. Por fin, repuesto de mi sorpresa, alcé la voz para despertar al viejo a quien juzgué dormido o amodorrado bajo la inmensa ola ardiente del sol, que más que inundarle, le quemaba; mas ningún movimiento respondió a mi llamado. Repetí las voces hasta llegar al diapasón del grito; y sólo en el último que acompañé con un empujón dado sobre su espalda con la culata de mi carabina (pues sentía viva repugnancia de tocarle), alzó pesadamente la temblorosa cabeza que dirigió hacia mí, mostrándome una faz tan en consonancia con el cuerpo, que comencé a sentir inexplicable inquietud. Unos cuantos pelos ásperos y rígidos manchaban de blanco y gris aquel inmundo semblante, donde los ojos, como dos gotas de agua sucia, escondíanse vacilantes y contraídos entre dos círculos rojos hasta la sangre, encendidos hasta el fuego y despoblados de cejas y pestañas, de los cuales pugnaba por desprenderse y resbalar un humor asqueroso sobre los pellejos negros y cochinos de aquellos pómulos, partidos por arrugas tan profundas, que semejaban cuchilladas.
      Fijó en mí la mirada, sin verme al parecer: tanta vaguedad había en ella. Trató de incorporarse, pero el temblor de los remos se lo impidió y dejose caer de nuevo sobre la piedra que le servía de asiento. Como no contestara a mis preguntas ni hiciese caso de las palabras que le dirigía, mostreme duro y amenazador, hasta lograr infundirle cierta timidez que le obligó a hablarme, advirtiéndome desde luego que era sordo. Entonces a gritos le interrogué.
      —¿Dónde está el coyote que brincó por aquí?
      —No he visto, padrecito —me respondió enseñándome los dos colmillos únicos, verdes y negruzcos de que sus encías estaban guarnecidas.
      —Eso no es verdad. En este mismo lugar ha caído y por fuerza tuvo que tropezar contigo y despertarte, por muy dormido que estuvieras.
      —No ha brincado nada, padre santo —Y su voz era tan quejumbrosa y entrecortada, como si mortal dolencia le aquejara—. Yo no he visto —continuó—, estoy muy malo y aquí me quedé a descansar, pos ya no puedo ni llegar a mi casa.
      —¿En dónde vives?
      —Allá —me dijo, señalando con un vago movimiento del enjuto brazo un punto indeterminado que estuviese a la vuelta de los cercanos cerros—. Vengo de pedir limosna por algunos ranchos donde hay almas caritativas que me socorren. Pero estoy muy malo y ya no puedo caminar.
      En la voz y los ademanes del viejo se advertía, efectivamente, que estaba muy enfermo, lo que empezó a inspirarme hondísima compasión. Expliquele el caso del coyote y la imposibilidad de que hubiera desaparecido sin ser visto. Juró y perjuró el viejo que no había sentido la carrera ni el brinco. Me incliné buscando en la tierra las huellas del animal, pero el terreno era pedregoso y yo no podía observarlas. Al bajarme un poco para examinar mejor el suelo hice rodar algunas piedras de la cerca que cayeron casi sobre el sombrero del mendigo. Y en aquel instante... ¡horror de los horrores!, el sombrero empezó a moverse vertiginosamente como si oculta fuerza le impeliera. No pude darme cuenta de mi asombro, porque en el momento mismo voló el tal sombrero volcado por una gallina prieta que, escapándose de debajo echó a correr aleteando, aturdida y asustada, hasta los mogotes más cercanos, donde se escondió súbitamente, dejando oír sólo su alharaquienta gritería.
      Imposible dar cuenta de mi estupefacción y de mi asombro. Por un primer impulso quise arrojarme sobre el mendigo y molerle a golpes o descerrajarle un tiro. Mezcla increíble de furor y espanto se apoderó de mí, y ciego, desatentado y frenético, sin tener conciencia de mis actos iba ya a consumar horrendo crimen, cuando el viejo, en el colmo del terror y como por enérgica fuerza impelido, púsose de rodillas y con las lágrimas en los ojos y alzando hacia mí los brazos, implorantes, gritome, con grito tan desesperado, que nunca olvidaré:
      —¡Perdóname, padrecito de mi alma, no me mates, nada te hago! Esa gallinita me la dieron de caridad; no me la he robado. Soy un pobre, soy un pobrecito viejo y estoy enfermo. ¡No te vaya a castigar Dios!
      Una ola de sangre fría hízome volver el buen sentido, tan repentinamente como me había abandonado. Pero mi retorno al cabal juicio vino de estupor tal acompañado, que tardé buen espacio en darme razón exacta de aquel evento. Cuando alcancé a reponerme, me envolvía cierto ambiente de misterio y pavor, que me impulsó a trastumbarme del montón de piedras donde hasta entonces había permanecido, y poco a poco fui enrollando el cabestro; amarrelo a los tientos de la silla y monté de nuevo, ordenando al viejo con voz que el mismo estado de mi ánimo hacía imperiosa y amenazante, esperar en aquel punto hasta mi regreso.

IV

      A carrera tendida por entre los barbechos me dirigí a la estancia de donde el coyote había robado la gallina. Llegué en unos minutos. Llamé en seguida con las palabras sacramentales.
      —¡Ave María!
      —En gracia concebida —me contestaron desde adentro dos mujeres que a poco aparecieron en el umbral de los jacales.
      —¿No se ha llevado el coyote alguna gallina? —les pregunté precipitadamente.
      —Sí, siñor; y todos los días se lleva una o, con perdón de su mercé, un puerquito, de modo que ya no tenemos vida. Ni los perros, ni balazos que le avientan los hombres, pueden espantarlo, pos siempre le jierran y los perros se cansan y le tienen miedo.
      —¿Hay aquí algún hombre que venga conmigo a seguir al coyote que está del otro lado de la cerca?
      A mi pregunta, presentose un muchacho que acababa de llegar del trabajo, según me dijo; le invité a acompañarme, a lo que prestose de muy buen grado; y ambos, entre las bendiciones y los votos de las mujeres, enderezamos el rumbo hacia el lugar de mi aventura que, como era natural, no quise referir a aquellas buenas gentes.
      Cuando nos acercábamos al portillo del brincadero, divisamos al rabadán y al guía que ya estaban de regreso y se dirigían a nosotros, pues no habiéndome encontrado en el punto donde me dejaron, vinieron en mi busca, dando conmigo en poco tiempo. También les puse al tanto del objeto que me había apartado del bosquecillo de los encinos, y todos cuatro llegamos en un momento al lugar donde el coyote se me escapara dejándome burlado y donde el viejo mendigo debía aguardarme.
      Pero éste también había desaparecido; y aunque pensaba que yo no podía estar muy lejos según era enfermizo y débil su aspecto, no quise decir una palabra sobre el hallazgo del viejo a mis compañeros, para que fuesen a buscarle.
      Los tres eran peritísimos en eso de seguir pistas y encontrar huellas. Púseles sobre el terreno mismo, y con todo y que sólo de piedra dura se componía, pudieron adivinar el paso, pero no de un animal, sino de un hombre. Advertirlo y quedarse parados de una sola pieza, viéndome con atónita mirada, fue una sola cosa.
      —¡Alabao sea el Santísimo Sacramento del Altar! —exclamó el baciero y todos tres se persignaron—: ésta es la "fuella" del nahual.
      —¿Qué nahual? —les pregunté con una sonrisa incrédula, que yo mismo no estaba muy seguro de que fuese natural.
      —Pos, siñor —dijo el muchacho a quien fui a traer de la vecina estancia—, es un viejo muy malo que se aparece por todos estos montes y naiden sabe de dónde viene ni dónde vive.
      —Sí, amo — repuso el baciero—; y dicen que se güelve coyote o cualquier otro animal ansina de esos del monte, porque izque tiene pauto con el enemigo malo.
      —Yo nunquita le vide —dijo mi guía que hasta entonces había estado mudo y estupefacto—; pero he oído hablar mucho de ese viejo, que dicen que tiene la casa en una cueva del cerro.
      —Eso no es verdad —les dije—, no hay nahuales; y si algún viejo o mozo ha pasado por aquí hace poco, vamos a buscarle y por fuerza tenemos que dar con él.
      Y nos pusimos en obra, pero todo fue inútil. Agotamos el vigor y la paciencia. El "fuellerío" desaparecía sobre las rocas donde no era posible percibirlo, o entre los matorrales que se espesaban haciéndose bravíos y obstruyéndonos el paso completamente. Quise que nos internáramos en las cañadas de la sierra, pero mis tres acompañantes, a una, se opusieron obstinadamente y no logré arrancarles, con todos mis esfuerzos, aquella superstición de la cabeza.
      Desalentado al fin, volvime, no sin proponerme descubrir por cualquier medio y a todo trance aquel hasta entonces para mí inexplicable misterio; y no cejé un punto hasta que, transcurrido más de un año, pude lograr al cabo dar con el secreto, cuando el viejecillo fue encontrado muerto en una covacha oculta entre lo más salvaje y escarpado de la montaña.
      El hallazgo del cadáver fue debido a una circunstancia bien singular por cierto. Ocupábanse unos leñadores en sus habituales faenas, cuando escucharon los aullidos agudos y prolongados de un coyote, y tan insistentes eran que determinaron ir en busca del animal para matarle. Topáronle a la entrada de una cueva poco profunda donde se ocultó al sospechar que le perseguían. Los leñadores se aventuraron dentro de la cueva, y ¡cuál sería su asombro! al encontrar al viejo muerto y junto a él como si fuese un perro, al coyote echado y lamiéndole con tan grandes muestras de cariño y de dolor, que los hombres se enternecieron, y a pesar de la superstición que abrigaban sobre las brujerías del viejo, le sacaron de allí, llevándole a enterrar al cementerio más cercano.
      El viejo, cuyas dolencias y falta de fuerzas eran más aparentes que reales, explotaba la credulidad de los sencillos montañeses para hacerse temer y robar a mansalva, con la ayuda del leal y bien amaestrado coyote, que le proveía de aves del corral y cuadrúpedos, con cuya venta satisfacía las menguadas necesidades de su miserable existencia...
      Y ahora, al entrar la noche, el fiel canino marchaba en pos del rústico funeral por entre las lóbregas asperezas de la serranía, lanzando el doloroso clamor de la despedida a aquella miseria y abyección que le abandonaban para siempre y que le habían amparado con amor y abrigo en la soledad de los campos, en cuya infinita tristeza iba a perderse el lastimero grito, como el toque lúgubre de salvaje clarín que, para contemplar en tanta pequeñez la augusta grandeza de la muerte, convocara a todos los espectros de la montaña.

Etiquetas: ,

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


4 comentario/s (feed de esta discusión):
Blogger Leónidas Kowalski de Arimatea escribió:

Ey, hasta la mitad más o menos me ha parecido un coñazo de cuento, la verdad. Sin embargo me ha sorprendido muy gratamente el final. Ni por asomo me esperaba esa explicación del misterio. Bonita historia, sí señor.

Saludos.

4/21/2007 01:49:00 p. m.  
Blogger Gerardo escribió:

Ya me habías dicho de otro de sus relatos que te parecía un tostón, y estoy de acuerdo contigo en que no son precisamente cuentos amenos. Igual que el Quijote, por mucho que diga todo el mundo que le vuelve loco, hay que reconocer que son truños para un lector actual, hecho a su literatura contemporánea. Es lógico. Aunque a mí me gustan, la verdad.

Lo que quiero es difundir la idea de Othón, a ver si algún plumífero se anima a escribir relatos escépticos actuales.

4/21/2007 02:05:00 p. m.  
Blogger Leónidas Kowalski de Arimatea escribió:

Y digo yo... ¿Por qué no lo intentas tú? Sería un lujazo para el lector de Bajo el Volcán encontrarse un día un relato del propio Gerardo García-Trío. Si aún no lo has hecho tus razones tendrás, pero no sería mala aportación a la causa escéptica. Piénsatelo, hombre.

4/21/2007 02:32:00 p. m.  
Blogger Gerardo escribió:

Pues gracias por la confianza que implica la petición, Javi. No es una proposición descabellada; pero entre lo vago que soy y mi autocrítica enfermiza, no sé, no sé...

4/22/2007 05:19:00 p. m.  

Publicar un comentario

<< Portada

~~~~~~~~~~~~~oOo~~~~~~~~~~~~~