17 junio, 2005

El Quijote y el pensamiento precientífico

Se le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio
En esto de gigantes —respondió don Quijote—, hay diferentes opiniones, si los ha habido o no en el mundo: pero la Santa Escritura, que no puede faltar un átomo en la verdad, nos muestra que los hubo, contándonos la historia de aquel filisteazo de Golías, que tenía siete codos y medio de altura, que es una desmesurada grandeza. También en la isla de Sicilia se han hallado canillas y espaldas tan grandes, que su grandeza manifiesta que fueron gigantes sus dueños, y tan grandes, como grandes torres, que la geometría saca esta verdad de duda.

Segunda parte del Ingenioso Caballero don Quijote de la Mancha, Cap. I.
Este fragmento de la segunda parte del Quijote refleja la coexistencia en la época del autor de dos formas de acceder a la verdad que han resultado ser incompatibles: por un lado, la autoridad, el mito y la verdad revelada, y por otro, la experiencia y la inducción científica. En el siglo XVII la mezcla de ambas corrientes de pensamiento era aún habitual, aunque una parte de la intelectualidad reaccionaba ya contra la tradición de pensamiento medieval que imposibilitaba el acercamiento al verdadero conocimiento. Es muy probable que, como hace otras veces en su libro, Cervantes esté ridiculizando a quienes no saben distinguir las dos posturas poniendo tales argumentos en boca de su loco.

      Lo curioso y quizás deprimente es que una polémica del siglo XVII esté en el siglo XXI de total actualidad. Esta forma medieval de pensamiento precientífico sigue existiendo en la sociedad occidental aparentemente más avanzada. Mil ejemplos se pueden poner, pero creo que el párrafo citado, con su mezcla absurda de fósiles y Biblia, dirige con nueva ironía nuestros pensamientos hacia la polémica creacionista.

Darwin fish      El creacionismo (esa fanática doctrina religiosa de los que han logrado introducir en los temarios científicos escolares sus pseudoteorías antievolucionistas al lado de las de Darwin) ha cobrado muchísima fuerza en los EE.UU. Quizás al observador europeo le suceda en un principio como a mí y, confiado en los cuatro siglos de historia que nos separan del párrafo de Cervantes, se crea protegido y a distancia de este avance americano del oscurantismo. Pues no se equivoque, amigo, que ya los tenemos en Holanda y en la patria de Charles Darwin.

      Estos creacionistas son unos locos (de los peligrosos, además) y mezclan churras con merinas, confunden el culo con las témporas y el tocino con la velocidad.

      —¡Confesad, gente descomunal y soberbia, que es verdad lo que yo aquí he publicado; si no, conmigo sois en batalla!

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1 comentario/s (feed de esta discusión):
Anonymous Gerardo escribió:

COMENTARIOS TRANSPORTADOS DESDE LA UBICACIÓN ANTERIOR DEL BLOG, EN BLOGALIA:

1
De: Gerardo Fecha: 2005-06-17 15:53

La frase "¡Confesad, gente descomunal y soberbia, que es verdad lo que yo aquí he publicado; si no, conmigo sois en batalla!" no es cita literal.


2
De: plumed Fecha: 2005-06-20 19:04

Cuidado con la referencia a churras y merinas, una concejala (IU) de Sevilla ante semejante cita en un pleno, reprendió al concejal del PP reconviniéndolo por su lenguaje impropio.
Creo que sobre las churras no hubo conflicto aunque no consta su idea de merinas.


3
De: Gerardo Fecha: 2005-06-21 13:17

Pues si eso es lenguaje impropio, qué serán todos los palabros y ultrajes al idioma a los que nos tienen acostumbrados nuestra inmerecida clase política.

Un saludo

Moliner: Mezclar [o confundir] churras con merinas (inf.). Mezclar cosas muy diferentes entre sí.


4
De: Pedro Gimeno Fecha: 2005-06-23 14:49

churro2, rra.
1. adj. Dicho de un carnero o de una oveja: Que tiene las patas y la cabeza cubiertas de pelo grueso, corto y rígido, y cuya lana es basta y larga. U. t. c. s.

merino, na.
1. adj. Dicho de un carnero o de una oveja: Que tiene el hocico grueso y ancho, la nariz con arrugas transversas, y la cabeza y las extremidades cubiertas, como todo el cuerpo, de lana muy fina, corta y rizada. U. t. c. s.

Parece obvio que el objeto de alusión del refrán son las ovejas churras y las merinas, por las diferencias de su lana.

7/21/2005 12:58:00 a. m.  

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