12 mayo, 2008

La falta de civismo endémica

Se ha puesto de moda en España usar en público los teléfonos móviles como reproductores de música portátiles, con la molestísima particularidad de emplearlos sin auriculares y a todo volumen, más la agravante del sonido estridente de mala calidad de sus altavoces telefónicos. Los que actúan así, aparte de adolescentes provocando, siempre parecen orgullosos de exhibir sus gustos musicales, que suelen ser horribles, como es de esperar de gente con tan poca educación. Son los mismos que abren las ventanas de sus casas para imponer su música a los vecinos, o también desde su coche, a todo trapo y con las ventanillas bajadas.

      Hace poco hice un viaje en autobús en el que los pasajeros tuvimos que soportar que una gamberra de unos veinticinco años, a la que no le importó que ya hubiera hilo musical, nos molestase así con su móvil. En cuanto hizo sonar ese excremento cultural que dice, a ritmo de reggaetón, a ella le gusta la gasolina..., superé mis pocas ganas de discutir durante unas vacaciones y le pedí amablemente –lo juro– que parase la música. Lo hizo, aunque tras ofrecerme, como era de esperar, un gesto de desprecio por mi actitud intolerable de carca. La dejé enzarzándose con otro pasajero, cosa que yo evité, creo que inteligentemente, porque ya había obtenido lo que quería. No siempre lo consigo, pero procuro no permitir que los maleducados me pongan de mal humor. Te los encuentras casi todos los días, es tan absurdo como enfadarse por la lluvia o los atascos. En España, sería sentenciarse a vivir con úlcera. Y no digamos en Vigo, la ciudad de la cortesía.

      El caso con esta chica solo es uno de los ejemplos casi infinitos de mala educación. Se me ocurren muchos más: la prioridad peatonal forzosa e ilimitada de las señoras con carritos de bebé (aparta, que viene una madre); usar el claxon continuamente y hasta de noche, para protestar, para celebrar, para llamar a alguien; colgar la ropa a secar goteando y destiñendo la del vecino de abajo; obstruir la acera parándose a conversar, o no dejar paso al caminar, incluso si se forma parte de un grupo que la ocupa totalmente; estacionar el coche sin dejar espacio para maniobrar a los vehículos contiguos, y dejarlo en doble fila cuando hay sitio libre a pocos metros (para bajar en la puerta del bar); cortar continuamente a los demás en las conversaciones; invadir sin necesidad el espacio personal ajeno; decir impertinencias en los comentarios de un blog; permitir que los niños propios molesten a los desconocidos; hablar por el móvil a gritos en lugares públicos, y hasta en el cine; interrumpir a quien lee...

      Hay varios con el paraguas, una de las herramientas preferidas del maleducado. La más egoísta consiste en no apartarse cuando se lleva uno, impidiendo la protección de los edificios a quienes van descubiertos bajo la lluvia. Se hace muchas veces en combinación con esa de clavarle las varillas en la cara a la víctima como no se aparte ella. El paraguas también es muy efectivo, cuando está plegado y mojado, para gotear y golpear con él a los demás al pasar, da muy buenos resultados por el pasillo de un autobús repleto.

      Todos estos ejemplos vienen del mismo problema: la falta de civismo crónica. En España, parte de la población se conduce en el día a día con una ausencia total de los demás en el pensamiento, ignorantes del sencillo mandamiento no molestes. Ya muchos de nuestros insufribles niños están sumidos en un mundo de egoísmo casi anormal, y parece que llegan a adultos sin adquirir la rutina mental de pensar que conviven con gente. Aquí es fácil que los niños se interpongan repentinamente en tu camino, algo, hasta peligroso, que incluso los perros pueden aprender a evitar. No es que te vean y no les importe, que también los hay que incordian a su gusto, sino que ni siquiera miran, aunque saben que están entre más personas. Esto no ocurre tanto con otros europeos que conozco. Los niños nórdicos, por ejemplo, revoltosos como todos y también mimados muchos, no se comportan tanto como si fueran los únicos en el mundo y estuvieran cegados por anteojeras. Ya saben que lo que hacen tiene consecuencias en los que los rodean. Hasta es normal que los haya tímidos y silenciosos, un descubrimiento que casi me arranca las lágrimas.

      Claro que hay que distinguir al incívico del gilipollas, que es una especie de persona molesta distinta y casi siempre sin remedio, salvo quizás el agresivo. El incívico se diferencia del gilipollas en que suele mostrar signos de empatía y hasta arrepentimiento cuando le haces saber que te molesta. Camilo José Cela, defensor de los tacos para realzar la expresividad de la lengua, tenía predilección por el insulto gilipollas, que decía que denominaba a un tipo de personas a las que antes no sabía qué adjetivo poner. El diccionario de María Moliner da la mejor definición: Se aplica como insulto a la persona que enfada o molesta con lo que hace o dice.

      También están los que consideran la buena educación una actitud clasista y retrógrada que distancia a las personas. Aunque para mí la buena educación no es elitismo, sino la única manera de vivir sin conflictos entre desconocidos, comparto algo su opinión porque creo que debe partir del respeto a los semejantes, algo que puede comprender hasta el más inculto y simple, y no ser un protocolo vacío que puedan exhibir hasta las personas odiosas. Alguien que mastique con la boca abierta puede molestarme; pero no juzgo cómo y en qué lado del plato coloca los cubiertos, que al final solo son supersticiones. En este grupo hay personas de trato exquisito que, sencillamente, odian los modales hipócritas; pero también muchos que solo racionalizan su mala educación, transformándola a sus ojos en una actitud muy democrática y moderna, señal de seguridad y de ser “auténtico”. El resultado es que se creen justificados para molestar a los demás. Más gilipollas.

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10 comentario/s (feed de esta discusión):
Anonymous Pedro Gimeno escribió:

Los gilipollas al volante no están restringidos a los que ponen su música a todo volumen. También es una pose que se deja sentir en la forma de manejar el vehículo. Gente que se te echa encima porque quería girar a la derecha yendo por el carril de tu izquierda, por ejemplo.

Lo gracioso del caso es que cuando veo un Honda Civic, hay una probabilidad mucho más alta de que sea uno de estos incívicos.

-- Pedro Gimeno

5/12/2008 11:16:00 a. m.  
Blogger Gerardo escribió:

La lista de actos molestos puede alargarse muchísimo, supongo que todos tenemos cosas que nos mortifican especialmente. Curioso lo del Civic.

5/12/2008 12:24:00 p. m.  
Blogger Leónidas Kowalski de Arimatea escribió:

Me ha gustado mucho esta entrada. Lo de las conversaciones telefónicas en lugares públicos es algo que me atormenta, pero debo reconocer que en algún viaje de autobús en el que me quedé sin lectura por imprevisión (o porque me robaron los libros, que también me ha pasado) me amenizaron el trayecto con varios chismes familiares. Fue incluso mejor que leer un folletín. En cambio, eso que comentas de los teléfonos con altavoces... ¡oh, diabólico invento!

Por cierto, lo de dejar comentarios improcedentes en blogs es muy mío. Mea culpa, ego confeso, etcétera.

5/12/2008 04:50:00 p. m.  
Blogger Gerardo escribió:

Mientras no hablaras a gritos, no pasa nada. Lo de los blogs no tiene disculpa. ¡Ninguna!

5/13/2008 10:21:00 a. m.  
Blogger Leónidas Kowalski de Arimatea escribió:

¡Oh, dios! Me expresé mal y se me ha entendido justo al revés: lo que quise decir es que a mí me amenizaron el trayecto quienes hablaban por teléfono -sin pudor ninguno- de sus asuntos personales, para diversión mía. Por eso digo que fue mejor que leer un folletín. Yo, en cambio, soy muy tímido para usar el teléfono en público, incluso es habitual que lo lleve en modo silencio para que ni siquiera el tono de llamada moleste a nadie.

5/13/2008 06:04:00 p. m.  
Blogger Gerardo escribió:

¡Ah! Entendido, perdón. :)

5/13/2008 07:25:00 p. m.  
Blogger Bereni-C escribió:

Envidio ese nirvana al que has llegado para no enfadarte con los maleducados: yo no puedo, es que me supera. Y más rabia me da que se me amargue la mañana o el día por uno de ellos pero uff es que me arde la sangre. Y Madrid es el sitio donde más he visto EN MI VIDA. Un compañero de trabajo decía que lo que aquí había era egoísmo puro y duro: yo hago lo que me da la gana y me importa un bledo si te molesto con ello. Lo más curioso es que no son los madrileños, sino que parece que todo el que vive aquí se contagia. Eso de entrar a una tienda y que te contesten mal cuando vas con toda la educación, de que las cajeras no te miren a la cara cuando les preguntas algo y ni te contesten, que no te dejen salir del metro porque entran a empujones... Para acabarlo de arreglar, vivo en un barrio de mayoría de población inmigrante que debe de venir del país de VOCILANDIA. Gritos a todas horas porque hablan a todo volumen, gritos de borrachos por las noches, reggeton a todo trapo, niños jugando en al calle al balón a las 12 de la noche en verano... Qué asco de Madrid. ¿¿Pero qué le pasa a la mayoría de la gente aquí que vive amargada y amargando a los demás?? Esas contestaciones que te dan en toda la cara, esa voluntad de no ayudar en NADA, ya te vean que te caes en plena calle. (Que sí, que no todos son así, pero joder, que he vivido en varias ciudades fuera y dentro de España y la cantidad de incívicos por metro cuadrado aquí es de récord). Anda que si pudiera largarme de aquí...

5/15/2008 10:56:00 p. m.  
Blogger Gerardo escribió:

Peste de reggaetón... El artículo terminaba con un párrafo más pesimista, que decidí suprimir para decir solo lo que pienso "en frío". Decía algo así como claro que hay problemas más graves en España; pero me resultan más abstractos y lejanos que la grosería general, que sí te afecta realmente y a diario hasta el punto de hacerte fantasear de vez en cuando con emigrar a países más amables.

Con esto quiero decir que te comprendo perfectamente. La grosería y falta de civismo no son problemas subjetivos e intangibles, afectan claramente a la calidad de vida. Si estás asediada de esa manera, son motivo suficiente para una mudanza o emigrar.

PD: ¿Y las scooters con tubarro trucado? ¿Por qué no los detiene la policía, ya que ese nivel de ruido está claro que va contra la ley? ¿Están esperando a que finalmente me compre el bazooka y los haga volar desde mi ventana cuando vienen atronando por la avenida? (Hermosa fantasía... ¡Kaboooom!)

(Comentario reescrito, ya que el anterior se perdió en el limbo. Si aparece más tarde duplicado, ya borraré uno de los dos.)

5/16/2008 11:58:00 a. m.  
Blogger Leónidas Kowalski de Arimatea escribió:

Creo que lo que dices del bazooka es ilegal, o al menos poco cívico. Lo digo por el ruido que hace, que molestaría a los vecinos.

(He aquí la prueba de lo que dije antes sobre mi costumbre de dejar comentarios improcedentes. Me voy a la entrada de arriba para hacer un comentario algo más serio. Hasta ahora).

5/16/2008 02:44:00 p. m.  
Blogger Gerardo escribió:

Tienes toda la razón, la ira me cegó. Usaré el más civilizado método de tensar un cable de una acera a otra de la calle. Así los niños también pueden jugar al balompié.

5/16/2008 02:53:00 p. m.  

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