27 septiembre, 2007

Misticismos peregrinos

Voy a volver a hacer el Camino de Santiago dentro de poco. En bicicleta, y solo desde Pontevedra. Es una buena excursión y se puede hacer aprovechando el fin de semana, tranquilo y parando para ver el paisaje, comer o tomarte una cervecita con quien te acompaña. Lo recomiendo.

      Aunque ya no está de moda ser católico, el Camino está algo contaminado por eso de lo new age y hay muchos tópicos espiritualoides sobre él. Desde lo de que lo mejor del Camino es la gente al número uno indiscutible de las cursiladas peregrinas con eso de que tú no haces el Camino, sino que el Camino te hace a ti (pausa para regoldar, peerse o cualquier otra manifestación de íntima conmoción).

      En realidad, en el Camino de Santiago te encuentras gilipollas y maleducados como en todos los sitios, y hasta cabrones y chorizos, aunque es cierto que la gente suele ser simpática y amistosa; pero no más que cualquier caminante que te cruzas en una excursión (no sé por qué en el monte nos saludamos educadamente los que en la ciudad casi nos rajamos la cara con una botella). Además acabas harto del dichoso saludo ¡buen camino! y todo ese buen rollo tantas veces posado. El paisaje del Camino es hermoso, el ejercicio y el aire libre sientan de maravilla y si vas en buena compañía te diviertes mucho y hasta puedes profundizar en una amistad; pero no de una manera más trascendental que en una ruta en, por ejemplo, los Picos de Europa. Decir otra cosa es ñoñear o... síntoma de estar como una regadera. Qué ganas tenía de soltarlo. Misticismos a mí...
UN ESTUDIO PSIQUIÁTRICO DESCRIBE EL SÍNDROME DEL CAMINO DE SANTIAGO

Los afectados sufren episodios psicóticos, angustia o desórdenes del comportamiento tras realizar la ruta.

El trastorno es semejante a otros como los de Stendhal, Jerusalén, el del judío errante o el de Ulises.


El psiquiatra burgalés Jesús de la GándaraJoel Gómez 27/9/2007-. El psiquiatra burgalés Jesús de la Gándara describió por vez primera en el congreso español de la especialidad que se celebra en Compostela el síndrome del Camino de Santiago, que sufren algunos de los peregrinos que lo recorren. De la Gándara ha estudiado 38 casos en los últimos siete años; y todos comparten tres características: manifestarse afectados por un fuerte sentimiento de misticismo, padecer la fatiga de haber caminado mucho y tener antecedentes de patologías de salud mental.

      El 70% de los afectados eran varones, y la edad media, 40 años. Los síntomas más frecuentes que presentaban eran «episodios psicóticos agudos, con desórdenes de comportamiento, alucinaciones, delirios, trastornos emocionales intensos de tipo maníaco y sensación paranoide. Menos habituales eran los síntomas depresivos o derivados del uso de sustancias», explicó el especialista.

      Los enfermos tratados permanecieron diez días ingresados en la unidad de psiquiatría del Hospital de Burgos. Tras recibir el alta, solo cuatro continuaron el Camino, mientras que los restantes regresaron a su domicilio. Tres de ellos repitieron la experiencia más adelante. Aunque el 40% del total de peregrinos son extranjeros, el 90% de los afectados por este síndrome procedían de diversas comunidades españolas.

      De la Gándara admitió que no ha inventado una nueva enfermedad, sino «una alteración del comportamiento que podría ser diagnosticada como cualquier otra; un trastorno que es peculiar de un tipo de personas en unas condiciones de vida que tienen que ver con el caminar; eso es lo específico».

      Este síndrome, precisó, es semejante a otros como el de Stendhal, que describió por vez primera una especialista de Florencia, caracterizado por breves afecciones angustiosas y psicóticas de personas que se sienten saturadas de arte, lo que les provoca crisis de angustia; el síndrome de Jerusalén, que experimentan los peregrinos que viajan a esa ciudad, que sufren cambios notables en su personalidad; el del judío errante, o el de Ulises.

      El psiquiatra burgalés afirmó que las personas afectadas tienen «propensión» a padecer este problema de salud, que se desencadena por cuestiones de tipo religioso o místico al recorrer la ruta jacobea, sobre todo si se plantea su realización «como un reto para buscar soluciones a sus problemas o sanaciones un tanto peculiares».

      De la Gándara describió ayer dos de los casos tratados: una médica burgalesa, que hizo el Camino con otros colegas y al llegar a Burgos presentaba un comportamiento muy raro, por lo que sus compañeros de ruta pidieron ayuda y fue preciso su ingreso en psiquiatría; y un «adicto a caminar» que había recorrido 100.000 kilómetros por diversos países y sufrió el síndrome también a la altura de Burgos. Varios hospitaleros de albergues han dado aviso de casos que provocaron desórdenes y requirieron incluso la intervención de la policía, aunque no se han dado agresiones ni peligrosidad social, señaló.
UN RECORRIDO CON TRADICIÓN SANADORA Y CONSIDERADO COMO «GRAN MANICOMIO AMBULANTE»

Jesús de la Gándara manifestó que el Camino de Santiago tiene «gran tradición sanadora y hospitalaria»; solo en Burgos, en el siglo XVI están documentados 35 hospitales para peregrinos, uno de los cuales llegó a asistir a 60.000 pacientes.

      Sin embargo, hasta ahora no se había descrito el síndrome del Camino de Santiago. Cuando este psiquiatra contactó con expertos en la ruta para hablarles del estudio, varios de ellos mostraron su satisfacción y se refirieron al Camino como «un gran manicomio ambulante».

      Este primer trabajo muestra «la punta del iceberg» de la situación. Los datos obtenidos hacen plantearse hipótesis como que entre quienes realizan el recorrido jacobeo hay «más gente extraña, enferma mental, que entre la población general».

      Está previsto continuar la investigación iniciada en torno al problema y el equipo ya ha contactado con dos albergues dispuestos a colaborar en ella. Las conclusiones pueden tener «más interés descriptivo, cultural y humanístico que científico», pero De la Gándara y su grupo juzgan que vale la pena. Antes habían estudiado la salud mental de los vagabundos ingresados en su hospital, y entre ellos hallaron varios peregrinos. Pero ahora descartan «los vagabundos profesionales» que, con «esquizofrenia peripatética, buscan cama, comida y ropa limpia».
Fuente: La voz de Galicia

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4 comentario/s (feed de esta discusión):
Anonymous Miriam escribió:

Pues en algunas cosas estoy de acuerdo y en otras discrepo.

Yo hice el Camino de Santiago el año pasado y considero que fue una de las experiencias más especiales de mi vida, y mira que no será porque nunca haya hecho otros viajes y rutas.

Sin necesidad de misticismos, pasar tanto tiempo solo da mucho tiempo a reflexionar. Alejarte durante una temporada de tus problemas te ayuda a relativizarlos. Y además, tener una motivación por la que levantarte cada día y observar que con tu esfuerzo avanzas hacia el destino que te has propuesto, levanta mucho la moral. A lo mejor para ti no, pero para muchas personas esa motivación, aunque efímera, es la única que han tenido en mucho tiempo.

Respecto a lo de la gente, yo creo que el Camino no está lleno de chalados. Haberlos haylos, pero no creo que en más proporción que en la vida real. Pienso que la gente que hace el Camino es la más corriente del mundo. Pero así y todo, hay una peculiaridad: en esa situación está mucho más abierta a los demás de lo que podría estarlo en su vida diaria. Tú dices que en general, en el campo, la gente está más simpática que en la ciudad. Eso es cierto. Sin embargo, en el Camino, aparte de eso, buena parte de la gente está más dispuesta a compartir experiencias, a escucharse mutuamente. No sé si será la ausencia de preocupaciones, la sensación de estar viviendo una experiencia común o el hecho de no estar comprometido a volver a ver a las personas que te encuentras, pero sucede así. Y yo creo que eso es lo que lo diferencia el Camino y otras cuantas rutas del resto: Paz, tranquilidad, motivación y reflexión son cosas que puedes encontrar en cualquier ruta más o menos larga. Pero en muchos años de senderismo, nunca me he encontrado en Pirineos a un desconocido dispuesto a contarme sus preocupaciones y a escuchar las mías de buenas a primera. Y a veces sólo necesitamos eso... que nos escuchen en un ambiente propicio a la reflexión, en un momento de calma, y nos hagan unas cuantas preguntas que nos ayuden a darnos cuenta de que tenemos las cosas más claras de lo que creíamos.

No tiene nada de místico, pero el hecho de que reúna todas estas condiciones puede hacer sentirte de tal manera que la gente propicia a creer en misticismos así lo vea. Es muy común entre los peregrinos atribuir al camino cualidades esotéricas, místicas y religiosas propias más de un mito que de lo que realmente es: una ruta y la actitud que toma el conjunto de los caminantes respecto a esa experiencia.

De todas formas la cuestión no es ya el Camino en sí. Yo creo que si alguna persona experimenta sensaciones místicas a raíz de hacer el Camino, es porque ya era propensa a sentirlas. Me extrañaría mucho que un escéptico recalcitrante se vuelva místico allí de repente.

Respecto al miniartículo que pones en la entrada, me llama la atención el párrafo: "...pero De la Gándara y su grupo juzgan que vale la pena. Antes habían estudiado la salud mental de los vagabundos ingresados en su hospital, y entre ellos hallaron varios peregrinos." A ver, eso para mí no tiene nada de concluyente: estudian la salud mental de los vagabundos de un hospital y varios de ellos habían sido peregrinos. ¿Y qué? ¿Qué se supone que demuestra eso? Si estudiaran la salud mental de los universitarios de Barcelona, también habría algunos que hayan sido peregrinos. Y también sucedería si estudiaran el caso de los trabajadores de Alcampo, o el de los guardias civiles. Y eso no quiere decir que la gente que hace el Camino tenga tendencia a ser universitario, a trabajar en Alcampo o a ejercer de Guardia Civil, no sé si me explico. Si de verdad quieren encontrar la proporción de gente con problemas psicológicos, vagabundos o lo que sea que hacen el Camino, tendrían que plantearlo al revés: coger una muestra considerable de peregrinos al azar y de esa muestra aleatoria analizar cuáles presentan estas características. Porque si preguntas a cualquier conjunto de gente -sean vagabundos, estudiantes o militares- siempre encontrarás dentro a varios que hayan hecho el Camino, y eso no debería llevarte a pensar que el conjunto al que has preguntado abunda más que el resto.

No me gusta el planteamiento que hacen en la noticia. Contando las cosas de esa manera a mí me da la impresión de que buscan más sensacionalismo que rigor.

Y bueno, pues dicho esto... ¡Que disfrutes del viaje!

Miriam

9/28/2007 12:12:00 a. m.  
Blogger Bereni-C escribió:

Si cuando yo digo que el ejercicio físico es malo... tsk... Por cierto, que hay algo que me ha llamado la atención: a esos enfermos les dió un ataque al hacer el Camino de Santiago o al pasar por Burgos???? A ver si va a ser Burgos la que provoque los ataques. JAJAJA.

Buen camino, buen rollito y toas esas cosas guais que se dicen. ;-) La verdad es que me encantaría hacer el camino, a ver si adelgazo, encuentro con quién dejar a la niña, me pillo unas vacaciones... en fin, que me da que por ahora ni de coña.

9/28/2007 09:54:00 p. m.  
Anonymous Psicopanadero escribió:

Supongo que según dónde les pilles parecerán más raros de lo que son en realidad. Por aquí por Valladolid suelen estar ya con la mirada perdida, los hombros echados hacia delante cediendo terreno al mochilón y caminando como si anduviesen sobre brasas. Algún día tengo que ir a Santiago, aunque sólo sea para verlos llegar :D

9/29/2007 12:08:00 p. m.  
Blogger Leónidas Kowalski de Arimatea escribió:

Jo, pues qué mal rollo da esto de los paseos bucólicos.

Tú ten cuidado, Gerardo, no te nos vayas a desgraciar y te dé por escribir entradas magufas. Llévate algo de lectura escéptica en el botiquín, por si las moscas.

Saludos.

9/29/2007 04:33:00 p. m.  

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