18 septiembre, 2006

El impostor y la falacia

El impostor y la falacia han sido descritos mil veces en la literatura escéptica, pero creo que nunca se ha intentado mostrarlos desde dentro. Estos fragmentos en estilo indirecto libre de los capítulos XI y XII de la novela En la sangre, del argentino Eugenio Cambaceres, resultan más ilustrativos que muchas definiciones. Que disfrutes vislumbrando el interior del mezquino Genaro.
Y, solo porque dotado de la astucia felina de su raza, su único bagaje intelectual, poseía el don de sustraerse a las miradas ajenas, de disfrazar, envuelto en el oropel de una verbosidad insustancial y hueca, todo el árido vacío de su cabeza, no faltaba quien dijera de él que también tenía talento... talento él... ¡Oh, si lo viesen, si los que tal creían lo sorprendiesen, frente a frente, cara a cara con sí mismo... imbéciles, el único talento que tenía él era el de engañar a los otros haciendo creer que lo tenía!... [...]
      Llamado a hacer la exposición del tema, obligado a tomar parte en el debate, comprometido a pesar suyo en una réplica, habíase visto, habíase sentido poco a poco vacilar, enredarse, perder pie en la discusión, dominado por un creciente aturdimiento, el espíritu suspenso en un extraño e inexplicable torpor, como reatado y preso, como aferrado en su vuelo por una mano brutal.
      El fuego de la vergüenza había subido entonces a su rostro, una nube roja lo había envuelto, los latidos de su corazón, con un ruido de redoble de tambor, martillábanle la sien, y al través del zumbido turbulento de sus orejas, y entre el revuelto torbellino de sus ideas, como empujadas por un vértigo de ronda, habíase abierto camino la voz de su adversario, clara, sonora, cruel, implacable, en su lógica de fierro, semejante al golpe seco de una maza que sobre él se descargara, que lo ultimase, que lo hundiese en una zozobra desesperada de ahogado. [...]
      Esa última esperanza le quedaba, una palabra, una interrupción lanzada a tiempo, un oportuno momento de silencio, un gesto afectado de impaciencia, una sonrisa de fingido menosprecio, una repentina inspiración, un rasgo, en fin, de su esencial astucia, ajeno al juego de la inteligencia, involuntario, impensado, hasta inconsciente en él, había operado tal vez el milagro de salvarlo, le había dado así escapar por la tangente, salir airoso del difícil paso, eludiendo la cuestión, rozando apenas la dificultad sin tropezar con ella, como guiada por la aguja costea el escollo la mole ciega de una embarcación.


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4 comentario/s (feed de esta discusión):
Blogger Un perro madrileño escribió:

Si la calidad de un escritor (o de cualquier creador) viene dada por introducir al lector en la situación narrada, o por hacerle sentir emociones cercanas a las que viviría en la realidad... Eugenio Cambaceres es un fenómeno...
Hay pocas situaciones que me causen más cabreo que cruzar palabras con uno de estos "tipos". Esas personas que, cuando se quedan sin argumentos, utilizan frases como: "si es que no vamos a ponernos nunca de acuerdo" o directamente, y ante cualquier idea diferente a la suya: "yo sobre ésto no quiero hablar, porque no me gusta discutir".

Afortunadamente, con la "vejez", he dejado de cabrearme tanto. Y eso que me encanta debatir... con quien quiere hacerlo...

9/18/2006 10:48:00 p. m.  
Anonymous No creo Gerardo escribió:

Quizá por ser egocéntrico, quizá por que como ajos, me siento identificado con el texto, más con el mezquino Genaro que con quién le aguanta.

Es posible que eso se dé por mezquindad, aunque me gusta pensar que todos somos o hemos sido mezquinos en alguna ocasión y que, lo que pasa en el fondo, es que tiendo a recordar más esos momentos engorrosos en que me puede más el orgullo que las neuronas.

En cualquier caso, un gran comentario, no solo por lo realista y capaz de transmitir las sensaciones, también por lo oportuno.

Un saludo Gerardo, espero que pronto se solucionen todos tus problemas informáticos, se hacen muy amenas las mañanas leyéndote.

9/19/2006 10:32:00 a. m.  
Blogger Mina escribió:

Pues a mi han sido los grandes mezquinos que han pasado por mi vida los que con sus afirmaciones me han hecho sentir como en el segundo y tercer párrafos.

9/19/2006 11:33:00 a. m.  
Blogger Gerardo escribió:

Eso es porque es un fragmento, si leyerais el libro entero creo ya no os identificaríais con el protagonista.

9/19/2006 12:07:00 p. m.  

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