15 marzo, 2006

Más allá del mal gusto

Buscando información sobre la "Mataviejitas", la extraña asesina en serie recientemente capturada en México, encontré un test que promete hacerse popular: The serial killer quiz. Según este juego de dudoso gusto, si yo fuera un asesino serial sería Jack 'el Destripador', el más famoso. El test incluye el típico código para pegar y publicar el resultado en tu web, pero no lo pongo porque me parece una memez y, sobre todo, porque exhibe una foto de una víctima destrozada, Catharine Eddowes.

      La admiración de los ciudadanos responsables hacia los que se atreven a saltárselo todo es normal. Muchos hemos considerado héroes a algunos delincuentes reales y supongo que todos fantaseamos alguna vez con ser delincuentes de película, como los astutos solitarios que no usan la violencia en robos perfectos de guante blanco (un papel que pocas estrellas rechazan). Comparto la fascinación que despierta el asesino en serie como monstruo o perturbado (he leído muchos libros sobre el tema, por ejemplo todos los de Ressler), puedo comprender a quien siente por ellos curiosidad morbosa, gusto por horrorizarse, y hasta comprendo el humor negro, que tan negro puedo llegar a tener. Lo que no comprendo es el encumbramiento descerebrado de los asesinos seriales a ídolos pop, ni siquiera teniendo en cuenta el efecto de su idealización en el cine y la literatura, donde se divulga un fantasioso prototipo de psicópata (aunque no todos los asesinos en serie son psicópatas) sofisticado y genial que no tiene nada que ver con la realidad mediocre, vulgar y brutal que indican las estadísticas de este tipo de crímenes. Las cifras dicen justamente lo contrario: suelen ser personas de inteligencia normal o inferior a la media, con pocos estudios, inadaptación social e historial delictivo.

texto      Un ejemplo de esta estúpida trivialización del asesino en serie es este muñeco de Ted Bundy para coleccionistas. También los vi de Jeffrey Dahmer, Charles Manson o John Wayne Gacy, todos asesinos famosos. Precisamente la fotografía que adorna la caja es la de unos ojos que reconozco y que me llevan a un caso extremo de lo que estoy hablando. Son los ojos de Richard Ramírez, "the Night Stalker" ("el Merodeador Nocturno"), un sádico violador y asesino condenado a muerte en Texas en 1989 por 47 cargos que incluían 13 asesinatos. Había mujeres que acudían como público a su juicio para tontear con él como fans de una estrella de rock. Recuerdo a un alguacil contar asombrado que tuvo que ver cosas como a una mujer abrir las piernas en la sala para mostrar al asesino sus genitales desnudos bajo la falda. En 1996, Ramírez llegó a casarse en San Quintín con una de sus groupies, cuya salud mental está en duda.

      El mito del asesino en serie genial surge probablemente del asombro ante las dificultades policiales para identificarlos y su aparente habilidad para manipular a sus víctimas. Sin embargo, los problemas para capturarlos con rapidez no son debidos a su gran inteligencia o astucia, sino a la naturaleza de sus crímenes, ya que no se les puede relacionar con unas víctimas que no son escogidas de entre sus círculos sociales. Su capacidad para embaucar a sus víctimas tampoco tiene nada de genial, simplemente es similar a la del charlatán habitual: engañan con mentiras y tretas en las que tienen experiencia a personas que seleccionan por su ingenuidad y desvalimiento.

      Un asesino en serie psicópata es básicamente un agresor sexual, un violador (así comienzan muchos su carrera), pero con una sexualidad más sádica y violenta. Nadie admira a los violadores, ¿tiene sentido crearles un club de fans cuando además de violar torturan y matan?

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2 comentario/s (feed de esta discusión):
Anonymous Leónidas Kowalski de Arimatea escribió:

Comparto totalmente su opinión.

¿Recuerda el caso del asesino de la katana? Supongo que no es un asesino en serie, pero mató en una noche a sus padres y a su hermana. Algo después en San Fernando (Cádiz), dos niñas adolescentes mataron a una compañera degollándola. Pues bien, supe por la prensa que le habían escrito antes emocionadas cartas de admiración al de la katana.

En verdad considero que este fenómeno de admiración por gentuza lo vemos más frecuentemente de lo que creemos. ¿Acaso no se admira a políticos corruptos o a participantes en programas como Gran Hermano? Pues lo otro es lo mismo llevado al extremo.

No sé a qué se debe, pero sí sé que me da mucho, pero que mucho asco.

6/18/2006 02:52:00 a. m.  
Blogger Gerardo escribió:

El "asesino de la katana" es más bien lo que se llama un asesino de masas. Por lo que leí sobre el caso, el chaval era un psicópata bastante claro.

Lo de las chicas es probablemente debido a un desorden mental previo, que probablemente es la rexplicación de semejante admiración hacia el asesino de su familia. Hay que arrastrar una patología mental para llegar a esos extremos, muchos admiran descerebradamente a los asesinos, pero para llegar a imitarlos hace falta algo más que eso.

6/19/2006 01:34:00 p. m.  

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